viernes, 13 de diciembre de 2019

Gene Wolfe (1931-2019) (In Memoriam)


Gene Wolfe murió este año, el 14 de Abril. 



Este artículo-homenaje trata sobre su obra "The Fifth Head of Cerberus" y en menor medida de su recopilación de relatos "Endangered Species". 

"Cerberus" se puede decir que es la primera novela reconocida como excelente de Wolfe, y no está mal la cosa, porque solamente es su segunda (1972).

Hasta 1990, estas son las mejores obras de fantasía, según la fiable (aunque muy anglo-encuesta de Locus (recomendaciones para los insignes Premios Nebula y Hugo que se producen desde 1971): 


1998 Locus All-Time Poll


FANTASY NOVEL (BEFORE 1990)

1) The Lord of the RingsJ. R. R. Tolkien (1955)
2) The HobbitJ. R. R. Tolkien (1937)
3) The Book of the New SunGene Wolfe (1980)
4) "Earthsea" series, Ursula K. Le Guin (1968)
5) Alice's Adventures in WonderlandLewis Carroll (1865)
6) "Gormenghast" series, Mervyn Peake (1950)
7) The Once and Future KingT. H. White (1958)
8) Little, BigJohn Crowley (1981)
9) Nine Princes in AmberRoger Zelazny (1970)
10) "The First Chronicles of Thomas Covenant", Stephen R. Donaldson (1977)
11) DragonflightAnne McCaffrey (1968)
12) "The Belgariad", David Eddings (1983)
13) The Chronicles of NarniaC. S. Lewis (1950)
14) The Anubis GatesTim Powers (1983)
15) "The Dying Earth" series, Jack Vance (1950)
16) The Wonderful Wizard of OzL. Frank Baum (1900)
17) DraculaBram Stoker (1897)
18*) The Last UnicornPeter S. Beagle (1968)
18*) The Mists of AvalonMarion Zimmer Bradley (1983)
20) The StandStephen King (1978)
21) Watership DownRichard Adams (1972)
22) The Riddle-Master of HedPatricia A. McKillip (1976)
23) The Worm OuroborosE. R. Eddison (1922)
24) Glory RoadRobert A. Heinlein (1963)
25) Mythago WoodRobert Holdstock (1984)
26) "Alvin Maker" series, Orson Scott Card (1987)
27) A Wrinkle in TimeMadeleine L'Engle (1962)
28) Witch WorldAndre Norton (1963)
29) "The Fionavar Tapestry", Guy Gavriel Kay (1986)
30) Deryni RisingKatherine Kurtz (1970)
31) "Discworld" series, Terry Pratchett (1983)
32*) "Elric" series, Michael Moorcock (1972)
32*) ReplayKen Grimwood (1987)
32*) Something Wicked This Way ComesRay Bradbury (1962)
35*) "Fafhrd & Gray Mouser" series, Fritz Leiber (1970)
35*) The Incomplete EnchanterFletcher Pratt & L. Sprague de Camp (1941)

Más abajo, incluyo la lista de mejores novelas de ciencia ficción, que la encuentro personalmente mucho más atractiva, pero hoy escribo sobre Gene Wolfe, y este es el nombre que está solo por debajo de Tolkien… Me temo que Wolfe es más bien poco leído en este país en comparación con Tolkien, y no digamos con George R. Martin, quien debería estar de los primeros de esa lista, aunque solo fuera por popularidad… De la lista he leído cinco trabajos concretos, que no está tan mal, y otras obras de algún autor presente en la lista, como es el caso de Wolfe.

Tengo compradas y a buen recaudo las cuatro partes de “The Book of the New Sun”, esperando a que puedan ser atacadas en algún momento (cosa que veo complicada ahora). “The Urth of the New Sun” sería la quinta y última parte del Nuevo Sol, pero se me antoja tan críptica que ni siquiera me planteo comprarla por ahora.

“The Fifth Head of Cerberus” es, como ya he indicado, la segunda novela de Wolfe. La he leído en la edición de “SF Masterworks”, algo que indica su importancia.


Sinceramente, es un “rara avis” de trabajo literario, aún para 1972; época cúspide para la ciencia ficción (y para tantas otras actividades artísticas en general que ya no volverían a recuperar su estado de forma).

Wolfe tiene fama de escritor difícil, demandante, y hablo de la fama que tiene en el mundo anglosajón. Si comparamos su prosa con la de Philip K. Dick, podríamos decir que escribe como si fuera el maestro Yoda (exagerando, claro está). Pero es un poco así, hace un uso del inglés que a veces desconcierta, cambia el orden habitual de la sintaxis, y para los que sabemos algo de euskera, a veces uno no sabe realmente lo que quiere decir hasta que acabamos la frase (cuando lo normal en inglés, -como en castellano-, es que muchas veces con sujeto y verbo nos baste para pillar muy rápidamente el complemento que toque). Esto a un nivel sintáctico.

A un nivel semántico, (y no digamos ya cognitivo), Wolfe es como un huraño personaje de Dickens. No suelta prenda, el lector se las tiene que arreglar con muy poca y/o confusa información… si es que se quiere entender todo. O casi todo.

A un lector de Wolfe con el inglés como segunda lengua (más o menos controlada) le puede surgir la duda: ¿no acabo de entender la historia porque está en inglés y no lo pillo bien? Bueno, algo puede haber de esto, dependiendo del nivel y del tiempo que uno dedique a Wolfe, pero no hay que preocuparse demasiado, ¡he leído tantas veces en la Red de lectores cuya lengua materna es el inglés que no hacen más que decir que la relectura de Wolfe es necesaria para enterarse mejor!

Lo que hace falta es tiempo, como ya he sugerido. Tiempo para jugar con el volumen del libro, ir hacia atrás, hacia delante, disfrutar de alguna manera del jeroglífico. Coger una novela de Wolfe para un viaje de unas horas en un tren puede ser un grave error, si tenemos la intención de disfrutar del respetable deporte de pasar páginas con calma, mientras a la vez se mira el móvil, el paisaje, y se saluda a los pasajeros. Para esto están los thrillers, digo yo… Tampoco es buena idea leerlo en e-book… puff, la de pulsaciones a botoncitos que nos esperan.

En resumen, la clave (en mi humilde opinión) es sentarse en algún sitio con la única intención de leer a Gene Wolfe, salvo quizás el añadido de una música ambiental que proceda (¿Ian Boddy? ¿Alpha Wave Movement?).

Aún así, “La Quinta Cabeza de Cerberus” es un libro raro. Ni siquiera es novela, aunque lo parezca. Son tres relatos, el homónimo, y dos más. El primero es el mejor, y más potente, incluida una biblioteca particular alucinante. El segundo es una rallada ininteligible, y lo digo tal cual, no tengo reparos. Fantasía pura, purísima, como una mala droga si se me permite el símil. Por supuesto, luego hay gente por ahí que dice que el segundo y tercer relato dan claves para entender el primero. ¿? Bueno, puede ser. Pudiera ser… La tercera parte es prosa bastante más digerible, con brotes de fantasía que me hacen dudar de si realmente Wolfe es mi tipo. Leyendo spoilers de la tercera parte, reconozco que comprendo mejor la primera. O me ayuda a que el holograma sea más luminoso…

“Cerberus” va sobre el colonialismo, la esclavitud y la crueldad que conllevan, las identidades del futuro, la clonación, la repetición de esquemas en los planetas que va conquistando la humanidad… Se pilla la idea general. ¡Claro! Pero recordemos que Wolfe tiene algo de poeta, o mucho, y de escritor con todas las letras. Diseña su obra en los niveles que le parecen necesarios, desde luego mucho más allá del mero entretenimiento, y también del disparo duro y certero que nos puedan proporcionar otros autores con sensibilidades más sociales. Nos hace pensar en lo que cuenta y en cómo lo cuenta. Y en su caso, el cómo es tan importante o más que el qué. Y tiene un estilo personal. Con solo leer el primer párrafo de “Cerberus” nos damos cuenta de que estamos ante algo diferente. Hay que leerlo tres o cuatro veces, para ponerse en posición. No vale con seguir y a ver si me entero…No. El narrador recuerda su infancia y dice que su padre era un “mercader de niños”… bueno, algo en sí bastante sorprendente, pero si le añadimos el estilo, parece todo como una fábula. Esto es quizás lo que menos me gusta de Wolfe, porque imaginación, recursos e ideas no le faltan. Con que escribiera igual de bien, pero en un tono menos fantasioso… aunque esto le quitaría parte de la gracia, supongo.

Como decía, la tercera parte sí que da claves para la primera historia… pero si no estoy mal informado, a Wolfe le pidieron que escribiera más material para alargar “Cerberus”, así que hay que darle un voto de confianza a Wolfe. Quizás el segundo relato sea una broma dirigida a los que le pidieron más. Y el tercero una especie de aclaración del embrollo. ¿Quién sabe? 





Hace ya unos meses tuve mi primer encuentro con Gene Wolfe, en este caso era un libro de relatos titulado “Endangered Species” (un best of de sus relatos, 1989). No llegué a leer todos (por resultar de primeras rematadamente pura fantasía) pero algunos me cautivaron. Relatos redondos que aún así, hay que revisar y volver a revisar, y entonces, damos con claves que nos allanan el camino hacia el pleno entendimiento y disfrute.



Wolfe escribe con su carga de clásico. Pensaba que hoy en día tipos como Homero o Shakespeare serían escritores de ciencia ficción, porque se ocupaban de temas universales, no de realismos concretos. En este sentido, es un escritor dado al universalismo, a la fantasía, a la fábula, afortunadamente con la preciosa influencia de Poe o de almas más mundanas pero más interesantes también. Es más Proust que Baudelaire, más Dunsany que Lovecraft, y sus capacidades están ahí, para ser descubiertas. Es cuestión de pillarle el punto. Huye de radicalismos, aunque por momentos lo que cuenta sugiera lo peor del alma humana, siguiendo la mejor tradición gótica, con sus maldades y traiciones, noches sin dormir y presuntos fantasmas.

En los 34 relatos que se incluyen hay de todo. Es interesante sugerir la idea de que para leer mejor a Wolfe sería bueno tener a su vez nuestra espalda cargada con ciertas lecturas clásicas. Ponerse a leer de jovencito estos relatos, tan diferentes entre sí, puede ser una experiencia algo traumática. O no. Quizás sea la mejor manera de descubrir un montón de corrientes literarias, y empezar a indagar en las que nos interesen.

Wolfe puede ser un buen punto de partida para saltar después bien a Tolkien, bien a Stoker, bien a Bradbury, bien a Poe o Dickens, pero esto es ya otra historia.

Yo destacaría los relatos:

A Cabin on the Coast
Kevin Malone
Our Neighbor by David Copperfield
The Detective of Dreams
Suzanne Delage

Tienen que ver más con la tradición victoriana del cuento de fantasmas, el cuento romántico, el cuento de detectives. Esto es lo que yo tengo básicamente en la mochila. Son realmente muy buenos. Pero hay más, y quizás mejor. ¿Ciencia ficción? Poca. Apenas.

Para terminar, podría decirse, que Gene Wolfe es un tipo que no entra en ningún canon específico, que cada libro suyo hay que afrontarlo con la mente lo más abierta posible, y tratarle con respeto. Mucho respeto. Aunque a veces nos enfade por momentos. En definitiva, son comprensibles sus escasas traducciones en castellano y su limitada difusión popular.

Si tuviera que compararle con un escritor local, lo haría con Juan Benet. Un tipo que iba por libre, con sus propias manías, y que con el paso del tiempo, logró escribir un corpus muy personal y de altísimas cotas literarias. En fin, cualquier oportunidad es buena para reivindicar a Benet como escritor en ocasiones más cercano a la fantasía con base realista que al realismo. “Herrumbrosas Lanzas” bien podría estar en la lista indicada más arriba, como ejemplo de fantasía histórica, mapa incluido.


***
 


Aquí van, lo prometido es deuda, las novelas de ciencia ficción mejor valoradas hasta 1990 por la gente de Locus, que en principio creo que es bastante de fiar, aunque sólo para el mundo anglosajón. El problema de los modernos lectores de ciencia ficción es saber navegar en la ciencia ficción que se ha publicado… desde 1990… cada vez más difícil de seguirle la pista, aunque uno tenga los libros delante de las narices (curiosa paradoja), porque falta mucha trabajo crítico sobre ellas. Te la intentan colar por todas partes. De todas maneras, lo profusión de Heinlein (¡seis títulos!) en esta lista me parece de juzgado de guardia…

1) DuneFrank Herbert (1965)
2) The Moon is a Harsh MistressRobert A. Heinlein (1966)
3) The Left Hand of DarknessUrsula K. Le Guin (1969)
4) The Foundation TrilogyIsaac Asimov (1953)
5) Stranger in a Strange LandRobert A. Heinlein (1961)
6) The Stars My DestinationAlfred Bester (1956)
7) A Canticle for LeibowitzWalter M., Miller Jr (1959)
8) Childhood's EndArthur C. Clarke (1953)
9) Ender's GameOrson Scott Card (1985)
10) HyperionDan Simmons (1989)
11) GatewayFrederik Pohl (1977)
12) The Forever WarJoe Haldeman (1974)
13) More Than HumanTheodore Sturgeon (1953)
14) Lord of LightRoger Zelazny (1967)
15) NeuromancerWilliam Gibson (1984)
16) Startide RisingDavid Brin (1983)
17) The Time MachineH. G. Wells (1895)
18) The Man in the High CastlePhilip K. Dick (1962)
19) The DispossessedUrsula K. Le Guin (1974)
20) Stand on ZanzibarJohn Brunner (1968)
21) Nineteen Eighty-FourGeorge Orwell (1949)
22) The Demolished ManAlfred Bester (1952)
23) The Martian ChroniclesRay Bradbury (1950)
24) Starship TroopersRobert A. Heinlein (1959)
25*) Downbelow StationC. J. Cherryh (1981)
25*) RingworldLarry Niven (1970)
27) 2001: A Space OdysseyArthur C. Clarke (1968)
28) The War of the WorldsH. G. Wells (1898)
29) Fahrenheit 451Ray Bradbury (1953)
30) The Mote in God's EyeLarry Niven & Jerry Pournelle (1974)
31) Way StationClifford D. Simak (1963)
32) Star MakerOlaf Stapledon (1937)
33) Dying InsideRobert Silverberg (1972)
34) The City and the StarsArthur C. Clarke (1956)
35) DhalgrenSamuel R. Delany (1975)
36) Rendezvous with RamaArthur C. Clarke (1973)
37) Mission of GravityHal Clement (1954)
38*) CityClifford D. Simak (1952)
38*) CyteenC. J. Cherryh (1988)
40) Flowers for AlgernonDaniel Keyes (1966)
41*) Double StarRobert A. Heinlein (1956)
41*) Earth AbidesGeorge R. Stewart (1949)
43*) The Door Into SummerRobert A. Heinlein (1957)
43*) Last and First MenOlaf Stapledon (1930)
43*) UbikPhilip K. Dick (1969)
46*) NorstriliaCordwainer Smith (1975)
46*) The Witches of KarresJames H. Schmitz (1966)
48*) FrankensteinMary Shelley (1818)
48*) Have Space Suit -- Will TravelRobert A. Heinlein (1958)
48*) Time Enough for LoveRobert A. Heinlein (1973)
51) Do Androids Dream of Electric Sheep?Philip K. Dick (1968)
52*) The Gods ThemselvesIsaac Asimov (1972)
52*) "Riverworld" series, Philip José Farmer (1971)


domingo, 10 de noviembre de 2019

The City & The Stars (1956) - Arthur C. Clarke







Escrita entre Septiembre de 1954 y Marzo de 1955. La carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética todavía no había comenzado. Se puede resumir esta novela con la idea de que el hombre debe superar los obstáculos que sean necesarios para seguir su línea de desarrollo como especie.

Hacía bastantes años que no leía a Clarke. “2001”, “2010”, “2061”, “El fin de la infancia”, “El martillo de Dios” y ahora “La ciudad y las estrellas”.

No recuerdo haber leído “3001”… que tampoco creo que valga tanto la pena (no tengo ni idea), pero sí el relato “The Sentinel”, y alguno más…

Vamos, que es un autor que he atacado bastante, sobre todo en mis inicios como aficionado a la ciencia ficción.


... aquí, mi ejemplar, foto en malas condiciones...

Supongo que después de leer “The City & The Stars” me doy cuenta de por qué no le he leído desde hace tiempo.

Posee un estilo didáctico-juvenil que no me acaba de convencer como literatura, aunque como ciencia ficción, por supuesto que sí. Pero hay tantos autores esperando ahí fuera

Es uno de los tótems del género, sin duda, no es que me quiera meter con él y lo que consiguió con esta novela escrita en 1955 (editada en 1956) es estratosférico.

El planteamiento inicial es brillante, y el desarrollo, aunque tiene algo de saga pulp, aguanta el paso del tiempo muy bien. El final, en clave entre profecía y testamento, es lo que es, tan humanista y universal que tampoco puede salirse mucho del tiesto.

Cuenta la historia de dos ciudades, Diaspar y Lys, ambas muy diferentes, ignorantes de sí mismas durante milenios… El uso del tiempo en la novela hay que tomárselo con calma, es más bien metafórico. Se aluden a millones de años, milenios, eones, centurias… según el párrafo que toque leer, para que ocurran o no ciertas cosas, y a estas escalas es difícil hacerse una idea concreta en nuestra cabeza. Tampoco es que sea vital para entender la novela. Es un tiempo muy, muy, muy futuro. El tiempo es lo que se extiende exageradamente como concepto, y nuestra mente lógicamente no puede hacerse un mapa de la situación.

En este sentido, bien podría recomendar al lector una novela de Greg Egan “Diaspora” (1997), que tiene en común con “La Ciudad y las Estrellas” que llega a los extremos en este caso de la materia. Egan desciende en un viaje espectacular hasta lo más mínimamente pequeño, electrones, protones, neutrones y más allá, en busca de su odisea espacial. Adaptada a los tiempos, con una computerización acorde, y un estilo muy, muy hard. Una vez leído “Diaspora”, uno se puede enfrentar con casi todo.

Lo que explica Clarke con sus bancos de memoria, imágenes de hologramas, robots obedientes mediante órdenes mentales, el ordenador central de la ciudad de Diaspar, y todos los automatismos habidos y por haber es ya una más que suficiente excusa para recomendar esta novela. En esa época, Philip K. Dick añadía mucha más psicología, sentido del humor e imaginación a sus historias, y mucha menos verosimilitud, por supuesto. Clarke se pone más serio, realmente nos quiere enviar un mensaje claro. Aunque acude a lugares comunes de la época, ingredientes que no acaban de encajar del todo: guerras contra el Imperio, telepatía, personajes desdibujados, resolución de ciertos conflictos de guión bastante pobre…

Hay una especie de antiguo culto religioso… y se puede decir que los modernos videojuegos ya están aquí, jugando los habitantes de Diaspar a intentar escapar de la ciudad.

En resumen, novela clásica, autor clásico, que se puede leer fácilmente, con una prosa cuidada y ordenada, con muchas ideas que nos sorprenden aún hoy en día, pero con cierto didactismo que hoy puede molestar a algunos. ¡Lo que tuvo que ser leerla en 1956! Esto ya no se puede revivir, aunque a la escala temporal con la que está confeccionada la novela, en realidad no han pasado más que unos segundos desde que fue escrita. ¡Todavía podemos saborearla! ¡Pronto! ¡Antes de que los volúmenes en papel se hagan papilla! 

Aquí van unos cuantos: 







De las ediciones en castellano, poco puedo decir. Espero que sean buenas traducciones... 


martes, 29 de octubre de 2019

Dr. Bloodmoney / The Simulacra by Philip K. Dick (again)


DR. BLOODMONEY

Antes de ir con “The Simulacra”, hacer una pequeña reseña sobre “Dr. Bloodmoney, or How We Got Along After the Bomb”, escrita en 1963 como “A Terran Odissey”, en el mismo año que “The Simulacra”, aunque presumiblemente antes, según su bibliografía.

“A Terran Odissey” fue editado posteriormente con el título de Bloodmoney…,  en 1965, a partir del éxito de la famosa película de Stanley Kubrick, “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” de 1964.



 Este es mi ejemplar
 
Decir que no tiene nada que ver la novela con la película, salvo, claro, el tema común de lo nuclear y la paranoia de la Guerra Fría de aquella época.

“Dr. Bloodmoney” sufre demasiado precisamente por esa atmósfera de paranoia nuclear, podría haber sido mejor novela si Dick la hubiera ambientado en un tono menor, algo más íntimo, como hizo en “Confesiones de un Artista de Mierda”. Porque los personajes están muy bien creados, enlaza muy bien las escenas, y verdaderamente se palpa el drama humano en el post-apocalipsis nuclear.

Ya lo he escrito en otra ocasión, Stephen King ha bebido de Dick, y mucho. Estoy convencido de ello. Las ocurrencias, las dickiananas se suceden. Es el caso de criaturas que viven solo como entidades etéreas en el interior de una hermana en este caso. Que más tarde saltará al exterior, controlando el cuerpo y la mente de un ave nocturna que tendrá muchas implicaciones en la historia que se cuenta. Dick deja en manos de escenas totalmente rocambolescas el desenlace de una historia que podría haber ido por muchos derroteros.

Es una novela bastante loca, en el sentido de screwball comedy, todo pasa muy rápido. Y por momentos, da un poco de miedo pensar lo que puede ocurrir con personajes inocentes, cobardes en cierto modo, por culpa de criaturas tan raras como la que posee al ave, o el phocomelus, especie de mutante con mucha mala leche. El mismísimo Bloodmoney trata de causar con su psicokinesia un nuevo desastre nuclear en la bahía de San Francisco.

El final es positivo, y esperanzador. Los protagonistas quieren seguir viviendo su vida, ser de ayuda.

Dick decía en un postfacio a la novela que el personaje con quien más simpatizaba era Stuart McConchie, un tipo que siempre duda y duda sobre lo que debe hacer, para seguir defendiéndose en la vida, y que por fin, tras una calamidad nuclear es capaz de hacer frente a la situación porque piensa, actúa, y sale adelante, y se demuestra a sí mismo que partiendo de cero, sin las ventajas con las que cuentan algunos, es mucho más capaz que la mayoría. De hecho, al final consigue ser un comercial de primer orden.

La figura del comercial, tan de moda en la España de los años 80 y 90, gente con cierto perfil de sociabilidad, presencia física, y buencaer, está muy presente en esos San Franciscos de los 50 que recrea Dick, gente que se desloma por vender, o en general, por cumplir con su trabajo. Claro que en aquellos 50 había mucho por vender. No voy aquí a decir qué era del jovencito comercial en España, y qué fue de él.

Dado su contexto bastante comprensible, que no hay viajes en el tiempo ni al espacio,  “Dr. Bloodmoney” sí es una novela recomendable para quien se quiere iniciar en los mundos dickianos, y digamos que el horror existencial es más exterior que interior. 




...muy reveladora esta edición japonesa...

THE SIMULACRA

“The Simulacra”, con la que estoy ahora, creo que no es recomendable para el poco iniciado. El comienzo es como si en un concurso de fuegos artificiales la casa pirotécnica pensara que lo tiene que dar todo en los cinco primeros minutos. Y luego intentar seguir el ritmo, sin detenerse un minuto.





Mi ejemplar de "The Simulacra"

Verdaderamente, Dick mezcla sus conapts, gigantescos apartamentos donde la ley es la del chisme, el enchufe, y el más extremo conservadurismo, con el viaje en el tiempo para rescatar al nazi Goering (y proclamarse potencialmente como el nuevo Presidente), robots (simulacros) que dirigen el país, manifestaciones de neo-nazis, la población en general adepta a la televisión, y algunos en concreto, los verdaderos protagonistas de la novela, con serios problemas existenciales al pensar en la idea de quedarse sin mujer, sin trabajo, sin futuro. Y hay más, la salida, the ultimate solution, es el viaje a Marte, donde todo puede ser resuelto, conviviendo con otros simulacros que harán las veces de adorables vecinos. Eso si se llega allí.

Y tengo que ir más despacio, porque si no, es imposible aclararse. La sociedad está dividida en dos clases a su vez, los Be (Befehlsträger) y los Ge, siendo los segundos (Geheimnisträger) los que están capacitados para conocer los secretos que guardan las élites. Hay un músico, Kongrosian, que le sirve a Dick para describir una buena dosis de psicosis en una persona, músico que interpreta la música sin tocar los instrumentos, a través de sus poderes telekinésicos. Está el fabricante de naves espaciales que intenta engañar a sus clientes con los poderes telepáticos de un marciano, o el fabricante de simulacros, ¡que está próximo a la bancarrota! (En los mundos de Dick la habilidad técnica, las proezas de ingeniería, la inteligencia pura no sirven de mucho, siempre a las órdenes de los que mandan).

Lo realmente poderoso de “The Simulacra” es que Dick logra conglomerar todo esto (y mucho más, en forma de detalles) en alrededor de sesenta páginas. El comienzo puede ser un poco confuso, o más confuso que de costumbre, hasta que uno aterriza en Planeta Dick y se hace una idea de lo que ocurre, aparte de que hay tal cantidad de diferentes personajes en tan pocas páginas, que yo por lo menos, he tenido que volver atrás unas cuantas veces, repasar lo leído, sobre todo alguna conversación. Aún así el comienzo es bastante peculiar, algo que no se vuelve a mencionar en unas cuantas páginas, y aparentemente tampoco es la línea más importante: un tipo que trabaja para una casa de música electrónica lleva consigo una especie de criatura, procedente de Ganímedes, que le sirve como altavoz… 

 ...así comienza la novela...

Esto ya es personal, pero entre que no dispongo de grandes intervalos de tiempo para leer, y encima cuando lo hago, mi estado mental tampoco es el mejor, lo más recomendable es tomarse las cosas con paciencia al principio, y comprobar cómo se va hilando la historia. Realmente esto es lo más disfrutable, el hecho de que la cabriola que nos espera es todavía mayor que la anterior, y sigue el espectáculo. Y a la vez, sentimos lástima por esos personajes metidos en líos que van superando los obstáculos para bien o para mal.

Hasta aquí, la presentación. La primera dama es la que realmente gobierna los USEA (Estados Unidos de Europa y América), Nicole Thibodeux, artificial ella misma quien se casa de vez en cuando con cierto tipo (un simulacro, por otra parte, algo desconocido por las clases no apoderadas). La idea es que el próximo marido será Goering. Kongrosian debería actuar para Nicole en la Casablanca, pero se suspende la actuación. El fabricante de naves y un comercial de simulacros quieren que su número musical llegue a oídos de Nicole, pero antes deben tocar en el salón de actos de uno de los conapts, Todo esto no tiene ningún sentido, pero la gracia es que lo tiene mientras se lee la novela. La amalgama es casi total a estas alturas en la carrera de Dick.

Poco a poco Kongrosian va adquiriendo importancia como personaje, y en el momento en el que un anuncio volador (un “Theodorus Nitz”) aterriza sobre él, alertándole de lo mal que olemos a veces, se vuelve loco. Piensa que atufa, se vuelve invisible… o eso piensa. De repente, Dick sugiere que los poderes telekinésicos de Kongrosian incluso pueden alterar “the fabric of the future” nada menos, el tejido del futuro…

El personaje de la casa de música electrónica del comienzo, Nat Flieger, poco a poco va aunando protagonismo. Resulta que a pesar de no poder grabar la música de Kongrosian, en los aledaños de su vivienda, alejada de las grandes metrópolis, en el lluvioso estado de Washington, se encuentra con una serie de seres, los “chuppers”, una especie de Neandertales traídos a nuestro tiempo con una von Lessinger (así se denomina el equipamiento para viajar en el tiempo). Los chuppers sin duda me traen a la cabeza su novela de 1960, “The Man Whose Teeth Were All Exactly Alike”, que en mi opinión resulta superior a “The Simulacra” porque es mucho más sencilla, de sus pocas realistas, pero con un efecto final grandioso. Nat Flieger se decide a querer grabar los sonidos que producen esos seres…

Y es el final lo que falla con “The Simulacra”. La traca final no puede ser contundente. Ya hemos flirteado con el viaje en el tiempo, a Marte, con la psicosis extrema, la paranoia, los miedos cotidianos… y al final, todo depende de que la mayoría de los habitantes, los Be, se enteran de algo que tampoco tiene tanta importancia: su querido tótem televisivo Nicole Thibodeux no es más que un robot. Los Neandertales en alguna medida triunfan…

Años más tarde, en “¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?” (1966) Dick vuelve con la figura televisiva invasora de las vidas cotidianas de la mayoría de habitantes del planeta, con la figura de Mercer y el mercerismo, pero su papel es mucho menos importante. No quiere decir que no cumpla su función en la atmósfera de la novela, pero no es el quid.

En resumen, el nivel de malabarismo en “The Simulacra” es muy alto al principio, coge más ritmo todavía, pero al final, hay varias piezas que a Dick se le caen al suelo. No deja de ser una historia disfrutable. Tiene momentos de humor muy socarrón y de horror (el que produce hoy en día leer las profecías de Dick convertidas en realidad).

Mención aparte, la influencia de la cultura alemana sigue muy latente en Dick. La fulgurante música electrónica, el idioma, el reciente pasado nazi, etc…




viernes, 11 de octubre de 2019

Chain Reaction (1959) - Christopher Hodder-Wiliams


Christopher Hodder-Williams (1926-1995).

Su segunda novela, la primera de ciencia ficción (“fiction science”, según él mismo), “Chain Reaction” (1959) es la que me ocupa hoy. Tenía familiares editores, y eso supongo que le ayudó en su etapa de escritor. Como tantos otros ingleses que luego se dedicaron al arte, en la IIGM fue soldado, aunque también estuvo metido en teatro, aviación y música… No hay mucha información sobre él, y es uno de esos casos de heterodoxia cultural que pasa a la historia… ¡por sus novelas de ciencia ficción!

Seguramente, un tipo interesante, inglés de pura cepa, algo que transmite en la novela con contundencia.

Por analogía temporal, escrita en 1960, publicada en 1961, surge en mi recuerdo la reciente lectura de “Rogue Moon”, que comparte algunas estructuras con “Chain Reaction”.






Algo pasa, se trata de saber lo que es, y para ello se describe con detalle los altos estamentos burocráticos. En “Rogue Moon”, más empresariales; en “Chain Reaction”, científico-políticos. Algis Budrys justificaba a sus personajes más escandalosamente conservadores, o esa es la sensación que me dio, pero Hodder-Williams intenta humanizar la situación a la que se enfrentan algunos científicos ante un desastre nuclear. Incluso el Prime Minister sale bien parado, como un hombre sensible y razonable. Y al final hay dimisiones. Como tiene que ser.

Hay que tener en cuenta que el 10 de Octubre de 1957 ocurrió en Gran Bretaña (en Sellafield, antiguo Windscale) el mayor accidente nuclear en este país hasta el momento. Es de suponer que Hodder-Williams aprovecha la novedad, y la explicación progresiva del ficticio desastre de su novela es detallada y está conseguida.
 
Aparte, hay tramas secundarias (amores repentinos, celos profesionales, problemas con el alcohol, etc, etc…) satisfactorias y con un fondo humano que se agradece. Es evidente que el autor de “Chain reaction” utilizó con habilidad el método de escribir con fichas, ir alternándolas según su plan, ofreciendo al lector un trabajo fino y que ha soportado bastante pero que bastante bien el paso del tiempo.

Ahora, la novela en mi opinión tiene dos grandes virtudes. Una, que capta muy bien cierta Inglaterra de su época, y por otro lado, la trama principal es atractiva. En este sentido, es más una novela negra o thriller, el lector quiere saber quién es el responsable, o cuál es el origen de la contaminación radioactiva. Y el final es bastante decente, algo peliculesco, que puede recordar a las aventuras que rodaba ese otro inglés llamado Hitchcock.

La primera escena comienza con la llegada de un Rolls Royce a Whitehall, Londres, donde algo se cuece. Se menciona el Great Tom de Oxford, dando la hora, mientras algo grave empieza a suceder. Al principio todo se achaca al metal de las latas que se usan para fabricar conservas de baked-beans, y subproductos de dudoso gusto, como espaguetis con tomate. Es posible que las latas de baked beans Heinz de hoy en día, 60 años más tarde de haberse editado “Chain Reaction”, sepan aún peor que aquellas, pero aún así de acompañamiento a un brunch no están tan mal… ¡pero espaguetis en lata!, qué horror. Se nos explica con detalle el proceso de fabricación de las dichosas baked beans, y por momentos, parece ser que la culpa la tiene la salsa de tomate que las acompaña… Es posible que aquí haya cierta intención del autor por desacreditar esa salsa de tomate, que en realidad es lo más intragable del preparado… salsa a la que parece que se ha añadido un azúcar sospechoso de haberse contaminado… Pero surgen nuevos episodios de radioactividad, y el tema se va complicando. El carácter de los científicos que se reúnen en Whitehall se va perfilando, y Hodder-Williams nos ofrece amablemente un sketch de la sala de reuniones, mostrándonos dónde se sitúa cada personaje a lo largo de la mesa. Uno de ellos es el dueño de una fábrica de judías, un tipo algo turbio, y que no goza de las simpatías de su propio creador. Desfilarán más empresarios con pocos escrúpulos, pero finalmente el personaje más detestable es uno de los científicos que aspira al puesto de otro. 





Y un sketch de Seff, explicando cómo fueron las cosas en el reactor...




Hay otro personaje por ahí al que no se le describe, pues está siempre tras un ejemplar del The Times. Más horas del té, chicas guapas y educadas, lluvia, viajes, llamadas por teléfono que en 1959 mantenían en vilo a toda una sala de reuniones por si se cortaba la línea, aventuras, y sorpresas… aunque finalmente, lo digo sin ánimo de spoilers, el problema parece ser que proviene de Escocia… ¡ay! y esa rana de la cubierta de mi ejemplar... está justificada.

Cosy novel, como la califico yo, de la cuerda de John Wyndham o Charles Eric Maine... Un tipo de lectura sin mayores pretensiones, pero que nos alimenta que da gusto... but!...





miércoles, 28 de agosto de 2019

The Santaroga Barrier (1968) - Frank Herbert

Mi primera incursión en los mundos de Frank Herbert.

Tras leer "Dhalgren", si bien anclada en la ciudad de Bellona, novela global y universal, "The Santaroga Barrier" se adscribe a una parcela muy concreta temáticamente, aunque coincide con la primera en que toda la acción transcurre en un pequeño valle californiano, Santaroga Valley.

Escrita entre el primer y segundo "Dune", Herbert estaba en plenitud de facultades, en su fabulosa década de novela tras novela entre 1965 y 1975 aproximadamente.

Cada uno puede sacar sus propias conclusiones, pero después de leer "The Santaroga Barrier" se me vienen a la cabeza un par de referencias populares anteriores a su publicación: los cómics de Asterix y Obelix (1961) y la película "Planeta Prohibido" (1956).

La poción mágica del cómic en Santaroga se llama "Jaspers", y se la toma cualquier "Santarogan" que se precie, es decir, todos. Es una sustancia que cierto tipo de hongos o setas reparten en forma de esporas. Los efectos aumentan la velocidad de coordinación mental, y sobre todo, favorecen el resurgimiento del subconsciente que todos llevamos dentro. He aquí mi referencia a "Planeta Prohibido".

Herbert va tejiendo a su ritmo (que puede molestar a quienes quieren acción desde el primer momento) una telaraña de causas y efectos que al principio se pueden dar por casualidades o accidentes. Pero poco a poco, el protagonista, Gilbert Dasein, va descifrando la situación real. En este sentido, es una novela muy dickiana, y tiene ecos de "Eye in The Sky" o "Martian Time Slip".

Se dice que bien puede ser una novela utópica o distópica, según se mire. ¿Es el pequeño pueblo galo una utopía? Quizá. Asurancetúrix, el bardo, es ese personaje rechazado por los demás, que no soportan su música. En Santaroga los hay de este tipo. No todos asimilan el Jaspers de la misma manera. Puede surgir un inconsciente molesto.

Se plantea la cuestión, y nosotros debemos pensar en ello. Novela muy de su tiempo. LSD, comunas, ideas de prosperidad social aislada del resto del mundo. Suena demodé.

Herbert escribe bien, y alcanza con nota el desenlace de la novela, que por sí mismo, es un triunfo. Más en el año 2019; su final hoy en día quizá no pudiera ser ni publicable en ciertos estados americanos. Por ser demasiado antisistema. En un sentido económico y social, no político.

Es como si en este país, España, todos nos pusiéramos de acuerdo en no acudir a los bares, restaurantes, y demás establecimientos hosteleros. Como si se descubrieran de repente nuevos espacios comunes de reunión y de avituallamiento. El sector hostelero estaría subiéndose por las paredes. ¡Incluso los millones de turistas que llegasen a España optarían por usar los nuevos espacios! Algo así ocurre en Santaroga respecto a las grandes compañías americanas que dan por sentado su negocio en el 100% del territorio. Y les jode, pero mucho que los Santarogans tengan un comportamiento comercial muy particular, rechazando lo outside, lo Aüslander. En este sentido, definitivamente Santaroga es una utopía. El subconsciente humano es otra historia.

No es particularmente descriptiva la cubierta de mi ejemplar
 

Es otra historia porque el efecto de las drogas son muy diferentes según quién las tome. He aquí la parte más distópica de la novela. Lo mejor de la novela: cómo Hebert poco a poco construye, con paciencia, el efecto del Jaspers en un adulto que lo experimenta por primera vez. Y cómo no es tan fácil sacar conclusiones, incluso para Gilbert Dasein, experto doctor en Psicología.