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domingo, 10 de noviembre de 2019

The City & The Stars (1956) - Arthur C. Clarke







Escrita entre Septiembre de 1954 y Marzo de 1955. La carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética todavía no había comenzado. Se puede resumir esta novela con la idea de que el hombre debe superar los obstáculos que sean necesarios para seguir su línea de desarrollo como especie.

Hacía bastantes años que no leía a Clarke. “2001”, “2010”, “2061”, “El fin de la infancia”, “El martillo de Dios” y ahora “La ciudad y las estrellas”.

No recuerdo haber leído “3001”… que tampoco creo que valga tanto la pena (no tengo ni idea), pero sí el relato “The Sentinel”, y alguno más…

Vamos, que es un autor que he atacado bastante, sobre todo en mis inicios como aficionado a la ciencia ficción.


... aquí, mi ejemplar, foto en malas condiciones...

Supongo que después de leer “The City & The Stars” me doy cuenta de por qué no le he leído desde hace tiempo.

Posee un estilo didáctico-juvenil que no me acaba de convencer como literatura, aunque como ciencia ficción, por supuesto que sí. Pero hay tantos autores esperando ahí fuera

Es uno de los tótems del género, sin duda, no es que me quiera meter con él y lo que consiguió con esta novela escrita en 1955 (editada en 1956) es estratosférico.

El planteamiento inicial es brillante, y el desarrollo, aunque tiene algo de saga pulp, aguanta el paso del tiempo muy bien. El final, en clave entre profecía y testamento, es lo que es, tan humanista y universal que tampoco puede salirse mucho del tiesto.

Cuenta la historia de dos ciudades, Diaspar y Lys, ambas muy diferentes, ignorantes de sí mismas durante milenios… El uso del tiempo en la novela hay que tomárselo con calma, es más bien metafórico. Se aluden a millones de años, milenios, eones, centurias… según el párrafo que toque leer, para que ocurran o no ciertas cosas, y a estas escalas es difícil hacerse una idea concreta en nuestra cabeza. Tampoco es que sea vital para entender la novela. Es un tiempo muy, muy, muy futuro. El tiempo es lo que se extiende exageradamente como concepto, y nuestra mente lógicamente no puede hacerse un mapa de la situación.

En este sentido, bien podría recomendar al lector una novela de Greg Egan “Diaspora” (1997), que tiene en común con “La Ciudad y las Estrellas” que llega a los extremos en este caso de la materia. Egan desciende en un viaje espectacular hasta lo más mínimamente pequeño, electrones, protones, neutrones y más allá, en busca de su odisea espacial. Adaptada a los tiempos, con una computerización acorde, y un estilo muy, muy hard. Una vez leído “Diaspora”, uno se puede enfrentar con casi todo.

Lo que explica Clarke con sus bancos de memoria, imágenes de hologramas, robots obedientes mediante órdenes mentales, el ordenador central de la ciudad de Diaspar, y todos los automatismos habidos y por haber es ya una más que suficiente excusa para recomendar esta novela. En esa época, Philip K. Dick añadía mucha más psicología, sentido del humor e imaginación a sus historias, y mucha menos verosimilitud, por supuesto. Clarke se pone más serio, realmente nos quiere enviar un mensaje claro. Aunque acude a lugares comunes de la época, ingredientes que no acaban de encajar del todo: guerras contra el Imperio, telepatía, personajes desdibujados, resolución de ciertos conflictos de guión bastante pobre…

Hay una especie de antiguo culto religioso… y se puede decir que los modernos videojuegos ya están aquí, jugando los habitantes de Diaspar a intentar escapar de la ciudad.

En resumen, novela clásica, autor clásico, que se puede leer fácilmente, con una prosa cuidada y ordenada, con muchas ideas que nos sorprenden aún hoy en día, pero con cierto didactismo que hoy puede molestar a algunos. ¡Lo que tuvo que ser leerla en 1956! Esto ya no se puede revivir, aunque a la escala temporal con la que está confeccionada la novela, en realidad no han pasado más que unos segundos desde que fue escrita. ¡Todavía podemos saborearla! ¡Pronto! ¡Antes de que los volúmenes en papel se hagan papilla! 

Aquí van unos cuantos: 







De las ediciones en castellano, poco puedo decir. Espero que sean buenas traducciones... 


martes, 12 de noviembre de 2013

Greg Egan - El Instante Aleph (1995)

Greg Egan es un australiano que nació en Perth en 1961. Graduado en matemáticas, programador informático y escritor.

Su novela "Cuarentena" abre la colección Gigamesh de libros de ciencia ficción de la propia editorial barcelonesa. "El Instante Aleph" ('Distress') hace el número ocho de esta colección (dic 2000). Aunque la novela realmente está escrita en 1995. Lo que me provoca una buena dosis de vértigo temporal. Ya han pasado casi veinte años, y la novela se lee en 2013 con un interés actual sorprendente. Parece escrita ayer.




Egan trata multitud de temas. Algunos muy de cerca, otros más de pasada.

Al principio, introduce una pequeña aventura del protagonista, el periodista Andrew Worth, en la grabación de una vuelta a la vida de un personaje que ha sido asesinado, y por unos segundos, éste vuelve a vivir para poder decir quién fue el asesino. Pero a pesar de lo bien que está descrito este pasaje, con detalles que ya querrían muchos escritores para un solo relato o novela, se trata de un entremés. Egan poco a poco deja a Andrew dejarse llevar en una serie de hechos, reflexiones y ocurrencias que mantienen la atención del lector hasta el final. Y no solo esto. De hecho es de esas novelas que uno no quiere que acaben nunca. Porque hace pensar, además de entretener un ratazo. 

Worth se enfrenta a diferentes tipos a entrevistar para un documental que debe realizar. Un tipo que quiere aislarse del resto del mundo a partir de la creación de un nuevo ADN que le haga inmune a cualquier tipo de riesgo médico. Una asociación de gentes ("Autistas Voluntarios") que abrazaría cierto tipo de autismo débil por el que creen que vivirían menos engañados (sin acudir a los procesos íntimos y empáticos a los que estamos acostumbrados todos con respecto a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, etc...). Una compañía de seguros que ofrece posibilidades médicas únicas. Y sólo estamos en la página 29. A esto se le añade su relación con su novia, Gina, brillantemente descrita. Con ella pasea por el antiguo centro de Sydney, que se ha convertido en una ruina general, por la que se pasea y acude a interesantes restaurantes con menús muy particulares.

Hablando con el hermano de Gina, cuando Andrew rompe con ella, el hermano dice (después de tomarse una especie de pilula de la verdad): 

"Nadie madura. Es una de las peores mentiras que se pueden decir. Las personas cambian. Las personas se comprometen. Se encuentran atrapadas en situaciones que no desean... y les sacan el mejor partido posible. Pero no intentes decirme que es una especie de glorioso ascenso predestinado a la madurez emocional porque no es verdad. [...] Sólo tengo que hacer que funcione [sobre su mujer e hijas] Y ya ni siquiera me cuesta mucho. Es pura rutina. Pero... creía que había algo más. Creía que si se pasa de valorar una cosa a valorar otra es porque se ha aprendido algo nuevo, se ha entendido algo mejor. Y no es eso en absoluto. Lo único que hago es darle valor a lo que tengo. Así es, ésa es toda la historia. La gente siempre hace una virtud de la necesidad. Idealiza aquello de lo que no puede escapar. [...] Quiero a Lisa y a las niñas de verdad... pero no hay ninguna razón más profunda que el hecho de que es lo mejor que puedo hacer con mi vida en estos momentos. No puedo refutar nada de lo que dije cuando tenía diecinueve años, porque ahora no sé más. No soy más sabio. Lo que me molesta son todas esas mentiras pretenciosas de los cojones que nos inculcaron sobre crecer y madurar. Nadie fue sincero y admitió que el amor y el sacrificio son sólo lo que ponemos en práctica para no enloquecer cuando nos encontramos en otro tipo de encerrona

A partir de la página 80, hasta el final (343), Andrew se va a Anarkia, una isla de coral artificial en el Pacífico, que ha nacido y se ha desarrollado a partir del pirateo de patentes que no pagan. Otro tema más que da mucho para pensar. Y una página web (pirata) en la que se paga al contado por conseguir información rápida e importante en ese momento (un número de teléfono, por ejemplo, que se desea tener al instante, en cualquier parte del mundo). 

Introduce un australiano residente en Anarkia, Bill Munroe, que dice cuatro verdades también sobre la cultura australiana (que en mi caso me importa menos). 

Egan desarrolla poco a poco, en la isla de Anarkia, la descripción de una convención mundial de físicos. Hay tres de ellos que pueden llegar a dar con una teoría que pueda explicar todo (TOE, Teoría del Todo, Theory of Everything). Violet Mosala es la que más cerca está de conseguirlo. Por momentos Egan se mete en tales explicaciones de teorías sobre el Big Bang, y leyes de física, poniéndose metafísico, que la lectura se hace un poco árida. Pero no importa. Enseguida mete a Andrew en aventuras más cotidianas que nos hacen disfrutar de la novela a tope.

Lo importante para Egan es hacer notar que por mucho que se pueda poner a disposición de la humanidad un importante avance en nuestra auto-explicación del ser humano como raza, y del Universo que nos rodea, siempre habrá gente dispuesta a entorpecer este tipo de investigaciones, por miedo a perder su cuota de poder metafísico (religiones oficiales, sectas cobardes pero muy alienantes, etc...). 

Los personajes secundarios siguen siendo casi lo mejor de la novela. Como Michael, el enfermero que ayuda a Andrew cuando este se contagia del cólera, que habla sobre la religión cristiana en su adolescencia: "Veía una religión a la que le importaba más sentirse bien que hacer el bien. Una religión que valoraba más el placer o el dolor de dar que el efecto tangible que provocaba. Una religión que anteponía la salvación del alma por medio de buenas obras a las repercusiones de esas obras en el mundo". Luego Michael, se pone a leer a Nietzsche, Camus, Sartre, se empapa de incertidumbre para finalmente afirmar: "No hay una sima enorme al acecho para engullirnos cuando descubrimos que no hay Dios, que somos animales como los demás, que el universo no tiene ningún propósito y nuestras almas están hechas de la misma materia que el agua y la arena [...] Si quieres, desesperada y apasionadamente, precipitarte al abismo, por supuesto que es posible; pero sólo si te esfuerzas. Sólo si deseas que sea real y te lo trabajas hasta el último centímetro a medida que desciendes. No creo que la sinceridad nos lleve a la locura ni que necesitemos mentiras para seguir cuerdos. Tampoco creo que la verdad esté plagada de trampas a la espera de tragarse a cualquiera que piense demasiado. No hay lugar donde caer, a menos que caves el hoyo". 

Bien, queda claro el concepto que tiene Egan de la vida. "Nacer con fe, es nacer con muletas". Así de claro. Y al final Andrew, cincuenta años más tarde, por fin habla sus aventuras en Anarkia ante unos niños que ya no nacen con ellas. 

Un par de conclusiones importantes que a mi manera de entender quiere resaltar Egan: 

-para que algo exista, (siempre que interese que exista), es necesario que se explique de qué se trata. Al menos, darlo a conocer, y que se entienda. Y hay tantas cosas que existen, pero en realidad no. Porque no interesa que se conozcan, es decir, no existen. Posibilidades que están ahí. 

-la física y la información poco a poco deberían converger. Parece mentira que Egan hace veinte años trate con tanta facilidad esta idea, sobre todo porque por aquel entonces nadie sabía ni lo que era un terabyte. Y hoy en día, cuando nos rodean algunos de ellos alrededor de nuestros ordenadores... renace esa sensación de vértigo. A mí se me escapa de mi entendimiento, pero solamente sugerir un tratamiento espacio-temporal de la información suena muy pero que muy bien. 

En resumen, novela de obligada lectura para aquel aficionado a la informática, a las utopías, a la reflexión inteligente, y ¿por qué no?, al cine (porque en realidad Andrew es una cámara humana que lo graba todo). 

Y dejo aquí un link a la página del autor:

http://www.gregegan.net/DISTRESS/DISTRESS.html