lunes, 18 de diciembre de 2023

Nuestra Parte de Noche (2019) – Mariana Enriquez

Esta novela, larga, densa, capitular, generacional, canto de cisne contemporáneo, destinada a los altares más venerados… 

 


Como lector uno ya tiene cierta experiencia, y se tiene que dejar llevar por ciertas intuiciones y sensaciones. En este pasado verano, tras considerar las posibilidades de tiempo de lectura, vislumbrando un panorama mucho más despejado que de costumbre, me dije a mí mismo: “Ahora o nunca, vete a por esta novela”.

Que no quiere decir que uno no se eche a la piscina de todas maneras; que uno no sepa ya lo que va a ocurrir con todos y cada uno de los libros que se editan. Siempre puede haber sorpresas, y normalmente negativas. Pero esta vez ha sido especialmente positiva.

 

Mariana nació en 1973, y se ve que ha leído, ha visto, ha escuchado muchísimas obras comunes a nuestra generación, con especial interés en ciertas fuentes procedentes de lo fantástico, lo numinoso, lo friki (antes de que nadie supiera qué era ser friki, o quisiera parecerlo).  

 

Que sea además una chica, una mujer, la que sea capaz de resumir tantas y tantas cosas en menos de 700 páginas es algo que conviene celebrar de forma rotunda. No se trata de un renovado profeta, convertido en el heredero de cierta oscura tradición que podría comenzar perfectamente con Edgar Allan Poe. Se trata de una chica que publica en Anagrama, una de las editoriales más potentes de este país. No es un caso de pequeña editorial, de un secreto compartido por unos pocos. Es una de esas novelas bastante o muy leídas por el público, que puede pasar por buena, o muy buena. Que no es poco. Pero para los iniciados e iniciadas, su popularidad es lo de menos. Han transcurrido 4 años desde su publicación, su particular “boom” se ha desvanecido, las cámaras se alejan de alguna manera de la novela, y es aquí, ahora, cuando nos damos cuenta de que la obra tiene vida propia, de que sus personajes son tan reales como nosotros mismos. 

 


 

Los tiempos cambian, las geografías también, de repente hay alguien que consigue atravesar la noche, por una de sus caras más agrestes o afiladas, se empapa de barro, de vahos, de niebla, de miedo, y sale victorioso del paseo. En este caso, victoriosa.

Ando hojeando ahora mismo la novela  por su comienzo, con Juan y Gaspar, padre e hijo, metidos en un viaje de carretera en la Argentina profunda, llena de soldados, de leyendas en el asfalto, en plena dictadura. O antes de esta. O después. Mariana bascula las historias entre los años 60 londinenses (psicodelia, drogas, sectas) y los años 80 y 90 argentinos, bien en Corrientes (ciudad fronteriza con Paraguay), Buenos Aires, Entre Ríos, o la propia carretera…

Resumir el argumento podría ser útil, si tuviera alguna utilidad (perdón). Es mejor ir descubriéndo lo que se cuenta por uno mismo. Por momentos, la novela se hace desagradable, porque hay dos o tres personajes muy desagradables. De esos que también existen en la vida real. De los que disfrutan con el dolor ajeno.

Teniendo en cuenta el historial de este blog, con un montón de reseñas dedicadas a la ciencia ficción, dedicar estas pocas letras a “Nuestra parte de noche” no es si no un pequeño grito en la infinita oquedad virtual que nos rodea, una mini llamada de atención.

Vale la pena el viaje. Sobre todo si alguna vez fuiste niño. O “It” te pareció una maravillosa novela.

Sumérgete en la noche.

 

 


 

Noticia: Mié 6 diciembre 2023 | 14:31

Nuestra parte de noche, la novela de Mariana Enríquez, sigue su carrera internacional con éxito. La traducción al inglés, “Our share of night”, fue elegida como uno de los cien libros más destacados de 2023 por la revista Time y se trata del único libro argentino que figura en la selección. 

 


 

miércoles, 21 de junio de 2023

Fourth Mansions (1969) - R.A. Lafferty

 R.(Rafael) A. (Aloysius) Lafferty (1914-2002) 

Vale, hace demasiado que no pasaba por aquí, y voy a intentar escribir algo sobre esta novela de 1969.

Es la que tengo más reciente.

Lafferty es uno de esos autores pretendidamente de ciencia ficción, encasillado en este género porque en algún sitio había que clasificarlo. Cosas de la New Thing, Nueva Cosa, que surgió en aquellos tiempos.

Realmente, una etapa de experimentación literaria, a la que se había llegado gracias a una madurez cultural (en el mundo Occidental al menos) que más tarde comenzó a descomponerse (llegando a la putrefacción a finales de los años 80, comienzos de los 90).

Sí, los años finales de la década de los 60 del siglo XX fueron muy importantes. Podemos relacionarlos con la cultura hippy, pero esto es una simplificación muy grande. Estaban los hippys, pero había mucho más.

Para empezar, parece ser que había tiempo para la creación. Sin esclavismos de cara a redes sociales o intentos de auto-realización dirigidos a luchar contra la angustia vital que nos rodea en el siglo XXI. Parece ser que, como digo, había más tiempo, y una disposición creativa no dominada por la pre-depresión con la que se hace arte hoy en día, en el sentido de que para cuando se comienza a crear, ya se está pensando en una posterior creación que debería estar a la altura de las circunstancias (canibalísticas), desatando una serie de reacciones en cadena nada lejos de la neurosis.

Porque al elemento cualitativo, se une el cuantitativo. Si tengo éxito con un reel en Instagram, ¿cómo hago para seguirlo teniendo? etc, etc… Esta presión que la tuviera un famoso actor o actriz o músico o directora en los años 60 debe entrar dentro de la lógica del o de la Profesional. Pero aquí ni somos profesionales ni deberíamos aspirar a serlo, pero nada, aún así, seguimos trabajando con una disciplina que para sí quisieran algunas fábricas del Lejano Oriente.

[Yo al menos escribo todo esto por amor al arte, sin mayores pretensiones, y como cierta forma de auto-diagnóstico].

Pero volvamos a lo que nos ocupa.

‘Fourth Mansions’ es una novela complicada. Como ya he apuntado aquí varias veces, no tanto por la indefensión que uno tiene ante su lectura directa en lengua original, si no porque los propios anglosajones tienen sus dificultades de comprensión.

El mismo título ya se las trae. “Cuatro Mansiones” es lo que podríamos esperar de primeras de la combinación de nuestra vista y cerebro traduciendo. Pero el ‘th’ cardinal añadido al ‘four’ lo convierte en “cuarto”, y el título debería ser “Cuartas mansiones”.

Leyendo la novela, uno puede explicar el título como una alusión al entramado cerebral que llevamos dentro, refiriéndose a las “habitaciones” o “mansiones”, siendo el ala cuarta a la que se accede al final de la novela, donde todo es un caos bastante impenetrable.

El protagonista de la novela es un tal Fred Foley, que a mí me ha recordado no pocas veces a Gully Foyle, el protagonista a su vez de “Las estrellas, mi destino”.

Ambos comparten una serie de aventuras imposibles, como héroes que son en un mundo completamente imprevisible. Lo de Foyle sí es ciencia ficción, en un sentido más clásico.

Lo de Foley es más de arte y ensayo. Un periodista que nunca deja ninguna historia (por inverosímil que sea) sin comprobar que sea cierta. Y la que tiene entre manos es bastante alucinante: un político de las altas instancias ha sido abducido por la mente de un egipcio muerto hace mucho tiempo. Y están “los cosechadores” (o ‘harvesters’) que a través de ciertos barridos mentales, controlan la mente de las personas, y entre todos ellos y ellas, planean hacerse con el Universo. Hay cierta alegoría eros-tanathosiana, muerte y placer, etc… muy (muy) de su época. Serpientes enroscándose entre ellas, intentando a la vez amar y estrangularse entre ellas. De este palo estético, que no consigue despegar, aunque Lafferty lo intenta varias veces a lo largo de la novela.

Hay mucho simbolismo, preciosismo con el lenguaje, a la vez que se trata de llevar adelante el argumento. La novela se sigue con atención, sobre todo pasada una fase inicial un poco caótica, y hasta parece que tiene cierta coherencia. Fred Foley, Federico, parece que va atando cabos. Pero al final, es apresado en una especie de sanatorio, donde todo tipo de gentes viven con sus obsesiones y temores. Perdemos contacto con el argumento. Lafferty juega al juego de quién está loco, quién dice la verdad, quién miente o viceversa, y es todo como muy funambulista. 

Esta es una de las frases que más me ha gustado. Una explicación del matrimonio que no poco tiene que ver con la composición musical con un sintetizador: 

 


 

Ha pasado a la historia como una novela difícil pero guay, y creo que ahora es más difícil que antes y mucho menos guay. El que sigue siendo un maestro con este tipo de juegos es nuestro amado y amigo Phil. Para recetas parecidas, él supo dar con la cantidad adecuada de sal, aceite, ajo y cebolla, pimienta y demás. Según los gustos, pero con sencillez.

El último capítulo es prácticamente ininteligible. Lo que me ha dejado mal sabor de boca. Me ha fastidiado. No me lo esperaba. Tan radical. Posiblemente, en estos años que vivimos, ya vamos por la tercera década del siglo, no estamos para explicaciones del tipo que intenta sugerir Lafferty. Completar su novela con una serie de alusiones a diversos monstruos, a las profundidades de la mente humana, a las luces y sombras de la creación, al infinito proceso de creación y destrucción… con un par de hilos argumentales que abandona a su suerte… Creo que se nos pide demasiado. Y además, entramos ya en terrenos de una fantasía literaria que no me atrae.

La novela de Lafferty se agradece más por su intento literario, no por lo que se cuenta en ella, y hoy en día su publicación sería casi suicida desde el punto de vista de un editor, y su lectura muy a contracorriente por parte del lector. A no ser que entremos en el ámbito del “culto”, del adolescente creyente o del desesperado insomne.

También hay que destacar que las ediciones de Lafferty no destacan por su disponibilidad, y son más caras y complicadas de conseguir. Algo que nos tiene que alegrar. No por ser más difícil de conseguir, o más caro, va a ser mejor.

Mi edición, de 1977. 



 

Espero poder seguir leyendo este tipo de literatura de “críptica-ficción”. ¿’Viriconium’?...