miércoles, 22 de septiembre de 2021

¿Qué pasó en 2021? (Tercera Parte) - Fritz Leiber / C.M. Kornbluth / Brian Aldiss

  Finalizada la trilogía de Delany, y dejando con pena esa fuerza majestuosa que imprime a sus obras, quise revisitar a un autor que hace tiempo que no leía. En su caso, algunos relatos de terror más que de ciencia ficción, enmarcados en los Mitos de Cthulhu de HPL. Se trata del norteamericano Fritz (Reuter) Leiber Jr. (1910-1992). Fritz Leiber, quien no necesita mayor presentación.

 

 1ª ed.

 

 

Su novela “The Wanderer” (1964) ganó el premio Hugo en 1965. Y el argumento básico me llamó la atención: un planeta errante se acerca a la Tierra, desatando una serie de catastróficas consecuencias.

 

La cosa prometía. Algo más relajado, pero con caché… y además iba a estar unos días solo en casa… Pues elegí bien mal entre los libros de mi biblioteca personal (por cierto, una edición muy chula de Gollanz).

“The Wanderer” es un despropósito de novela. Hay una serie de líneas argumentales diferentes, unas seis o siete, que no tienen nada que ver unas con otras. Se supone que en cada una de estas líneas sus personajes van adaptándose a la situación, según se acerca el nuevo planeta, se instala, provoca los terribles cambios de mareas, maremotos, etc… El supuesto sentido del humor no ayuda. Solamente en realidad hay una línea o dos que tienen algo de interés, pues son las que nos explican un poco más lo que ocurre. 

 

Tras un esfuerzo inicial por ir leyendo con paciencia, respetando los innumerables cambios de punto de vista, finalmente opté por ir saltándome todas las secciones que no se refirieran al grupo principal de personajes… y aún así… Lo único que se puede salvar es que Leiber sí que intentó dotar de cierta verosimilitud al describir alguno de los efectos que podrían ocurrir en la Tierra si de repente cambiaran las fuerzas gravitatorias actuales.

 

Novela ciertamente de su tiempo, siempre habrá gente que la reivindique solamente porque es de Leiber, o porque tiene un Hugo y por algo será, o porque algunas escenas son hilarantes (hay gente que se ríe de cualquier cosa y se queda tan a gusto), etc… pero este trabajo es sencillamente insoportable.

 

Una elección errónea, y un aviso a navegantes. En esto de la ciencia ficción siempre te la pueden colar. Es lo malo de depender casi siempre de las mismas fuentes creativas y de referencia. Que siempre te toca alguna mala.

 


 

Para cambiar de aires acudí a uno de los autores modernos más intrigantes de los últimos tiempos, alejándome de la ciencia ficción. Se trata de Thomas Ligotti. “My work is not yet done” (2002). No me voy a parar mucho aquí. Hace años la hubiera disfrutado más. Me pareció un trabajo literario bueno, pero no para echar cohetes. Una vuelta de tuerca a la crítica del modelo neo-liberal americano, en forma de oficinista que se dispone a asesinar a sus compañeros de trabajo. En este sentido, “American Psycho” le da mil vueltas. Es como “La carretera” de McCarthy, buena novela, pero del montón que tratan las catástrofes globales, ni de lejos tan sobresaliente como se quiere hacer ver a veces. Por cierto, llevo cierto tiempo intentando localizar unas novelas que tenía de John Wyndham… éste sí que sabía, ¡ay!

 

Un artículo sobre Ligotti y una revista interesante en general. 

https://revistes.uab.cat/brumal/article/view/v1-n1-hernandez/pdf-es

 

Dejando de lado otras lecturas de este año (Shirley Jackson y su buena novela “We always have lived in the Castle”, la soporífera “Canal Dreams” de Iain Banks, y el genial narrador B. Traven y sus recolectores de algodón), volví a la ciencia ficción a través de un autor muy querido en el mundillo, que murió demasiado joven como para poder desarrollar plenamente su carrera de escritor. Se trata del americano Kornbluth, Cyril M. Kornbluth (1923-1958).

 

Un tipo con un sentido del humor muy desarrollado, con tintes críticos y progresistas, amigo de Frederik Pohl y Judith Merril, futuriano de pro, y siempre presente en las antologías de buenos relatos de ciencia ficción. Tengo por ahí el volumen editado por NESFA Press, “His Share Of Glory”, recopilación de todos sus relatos, al que siempre le podré hincar el diente de vez en cuando.

 

                                                                                 1ª ed.

 He leído “The Syndic” (1953), novela cortita. “El síndico” se ha convertido en una organización establecida en el Este americano. Reina cierta anarquía, cierto laissez-faire, sobre todo en comparación con el Medio Oeste y Oeste, donde los “Mobs” controlan la situación, siendo una especie de Trumpistas, para resumir. El viejo Gobierno Norteamericano se ha tenido que trasladar a Irlanda y Gran Bretaña.

 

De esta manera tan sencilla, Kornbluth plantea tres diferentes formas de gobierno, que no son si no las que actualmente existen de alguna manera: los viejos valores conservadores, los nuevos nacionalistas, y lo que correspondería a la corriente más progresista, antibélica, antiimperialista (el síndico). Todo esto entremezclado con ese sentido del humor tan yanqui que a veces es difícil de entender en toda su extensión porque hay juegos de palabras y alusiones que hoy en día se quedan en una especie de limbo histórico-semántico.

 

A partir de aquí, hay una serie de recursos (poderes telepáticos, tratamientos mentales, diversas maquinarias) que aportan su granito de arena.

 

Se lee con ganas, pero tampoco me ha dejado un sabor de boca muy duradero. Se agradece la intención de Kornbluth, se apunta en la Red que esta novela fue profética en su tiempo, y seguramente lo es en cierta manera. Pero tiene una carga muy propia del americanismo de los años 50. Ombliguismo total, el resto del mundo no parece que exista, y da la sensación de que está escrita a pinceladas. Nos ponemos a una distancia, y el conjunto funciona de alguna manera, pero ya dentro de la historia, poca cosa a destacar. Sacándola fuera de contexto, se podría decir que la novela es casi imposible de entender para un lector poco familiarizado con la cultura americana. En resumen, un producto de su época, quizá con cierto valor histórico o sociológico, pero como novela de ciencia ficción no aporta gran cosa. Probablemente, seguir leyendo los relatos de Kornbluth sea lo mejor que se pueda hacer.

 

  

El punto más destacable, en ese futuro indeterminado que describe Kornbluth, tiene que ver con la psicología. Se trata de una ciencia que se dio por perdida en su día por no tener una aplicación real en la vida del ser humano. Modernos estudios, coincidiendo con la actual situación política en el país, indican que hay una serie de patologías que se han desencadenado de nuevo en las mentes de los habitantes. La psicología puede ser de nuevo útil, ante el surgimiento de casos y casos de neurosis y diversas ansiedades, psicosis, etc… Esta idea discurre a lo largo de la novela y desde luego creo que es lo más profético que contiene, dejando de lado politiqueos varios.

 

Próxima parada: Brian Aldiss, que no necesita mayor presentación. Y su última novela de ciencia ficción: “Finches of Mars” (2013).

 


 

Estoy a medias con ella. No es una buena novela como tal. Un batiburrillo de ideas sueltas, un resumen de las preocupaciones de Aldiss por el futuro. Se mete sin salir en muchos temas: religión, Cristianismo, el futuro de la especie, sistemas binarios, nuevos elementos interestelares que pueden viajar más rápido que la luz… A la vez que sus personajes, desdibujados totalmente, refrescan antiguos recuerdos.

Hay dos cosas que no ayudan en nada. Una especie de nostalgia por épocas mejores. Una más o menos consciente introducción de noticias reales en la propia ficción. Se le ve a Aldiss preocupado, pero referirse directamente a problemas cotidianos del mundo real (el terrorismo islámico en Occidente, por ejemplo) hace que la experiencia no sea ni de lejos lo que es leer obras suyas anteriores que construyen un mundo completamente ajeno (aunque no quiere decir que no sea sensible a los problemas reales que nos rodean).

“Finches of Mars” es una serie de sketches que giran mayormente sobre la idea de que en una nueva colonia humana en Marte no nace ningún bebé en condiciones de seguir con vida más allá de unos minutos. Seguramente debido a los cambios de gravedad que se producen en las barriguitas de las mamás.

 Ahora, habiendo terminado la novela, tengo que añadir que la segunda parte es más interesante, pues se desarrollan una serie de ideas propias pertenecientes a los colonos de Marte, cada vez más alejados de la protección que se ofrece desde la Tierra, más concienciados con su futuro. Se deja leer la novela, tiene algo de Clarkiano, de testamentario, de resignación, de ingenuidad, de esperanza. La huida a Marte es una quimera, una imposibilidad material, por lo menos a día de hoy. Se trata de saber si para cuando la tecnología humana sea capaz de crear una colonia en Marte, o donde sea, no será a su vez demasiado tarde, y la Tierra sea pasto de una destrucción cualquiera.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

¿Qué pasó en 2021? (Segunda Parte) - Charles L. Harness / Samuel R. Delany

Más tarde, pasé a leer tres relatos de Charles (Leonard) Harness (1915-2005), escritor norteamericano. 

 


 

“The Rose”, publicado en 1953 en Gran Bretaña, que no apareció en Estados Unidos ¡hasta 1969! Relato largo. Una de las historias más barrocas que he leído nunca, que no es fácil de desentrañar frase a frase, si no que hay que leerla como una idea en conjunto. Una parábola sobre un gran estallido nuclear. Y seguramente es uno de los orígenes de eso que luego pasó a considerarse como “cyberpunk”. La progresiva transformación de los dos protagonistas en una especie de criatura metálica capaz de sentir un amor incontrolable. Y con una sensibilidad hacia el metal de lo más sugerente. Me pareció ver entrelíneas al “Tetsuo” (1989) del cineasta japonés Shinja Tsukamoto. Una especie de joyita literaria, fuera de onda, bastante críptica (más si es leída en su original inglés) que ha pasado a la historia por su calidad y originalidad. 

 “The Chessplayers” (1953) es un divertimento sobre el ajedrez, que se lee con mucha más relajación que el anterior título. 

 Y como colofón, “The New Reality” (¡1950!), sin duda, la historia que más me impactó, y que prefigura los cambios de realidad de Dick, con un protagonista que a través de la deducción consigue desentrañar el gran plan destructor de un mad doctor de lo más convincente. Se insiste en la red sobre la idea de que esta es una historia sobre el comienzo Adán-y-Eva-esco mejor lograda nunca, y puede ser así, aunque mi lectura fue mucho más romántica. La pareja del final sobrevive a la nueva realidad creada. Y solamente por seguir las deducciones históricas que se citan, vale la pena leer esta obra maestra de la ciencia ficción. Y tiene también un sabor lovecraftiano, pues lo que se sugiere es mucho más de lo que se puede leer en el texto. Magnífico relato.

Así pues, esta pequeña antología de relatos de Harness se puede considerar como imprescindible y un ejemplo más de que hay por ahí, escondidos en forma de relatos publicados en antologías, verdaderas gemas que hay que saber encontrarlas. El concepto de Antología en la ciencia ficción funciona bastante bien, lástima que muchas veces los relatos escogidos lo sean por razones concretas pertenecientes a su época (a día de hoy faltas de interés), tendentes a la búsqueda de un efecto puntual, o al sentido del humor. Y lo que se editó en castellano durante los años 70 y 80 (que fue muchísimo, -Bruguera principalmente-) sufre muchísimo de estos problemas. Lo que queda es zambullirse e intentar rastrear lo que más nos pueda interesar personalmente (como también ocurre con las antologías de cuentos de miedo, de fantasmas, del mar, góticos, etc, etc…). 

 Hoy en día se editan con cualquier supuesto tema común. Ejemplo: Crawling Horror: Creeping Tales of the Insect Weird, publicado por la Bristish Library Shop. De este rastreo surgen autores que tienen una personalidad propia, y les podemos seguir la pista en la medida de lo posible. En el caso de Harness, tengo por ahí una edición en castellano, “Los hombres paradójicos”. Nunca se sabe. 

 

                                                                           Mi edición

De aquí un salto a Territorio Delany. Samuel R Delany. En su momento, hace un par de años, leí “Dhalgren”, sin duda una de las lecturas más potentes que he hecho nunca. Ver entradas aquí y aquí en este mismo blog. Esta vez he atacado “The Fall of the Towers”, un volumen que incluye tres novelas cortas a las que Delany dio forma final de trilogía (1970). Material realmente escrito entre 1963 y 1965. La primera es “Captives of The Flame” (1963), que más tarde será “Out of the Dead City” (revisada en 1968 -el historial de revisiones de Delany sobre su propia obra daría para un gran libro-). 

 


La segunda, “The Towers of Toron” (1964). 

 


La tercera, “City Of A Thousand Suns” (1965). Resumiendo, esta trilogía es una “space-opera” de toda la vida, pero con un cariz intelectual añadido, y el estilo personalísimo de Delany. Es decir, francamente recomendable para los que gustan de las aventuras marcianas de la “Edad de Oro” que quieran dar el salto a algo más serio. Esto y mucho más. 

 

 


 

Principalmente, se puede decir que en estas tres historias, sobre todo en la segunda y tercera, se prefigura el esqueleto de “Dhalgren”. En esta última novela desaparece por así decirlo el hilo argumental más clásico, y se puede decir que no hay un argumento como tal. Es la narración de lo que ocurre en una ciudad imposible, con una serie de personajes atrapados en un estado tanto psicológico como físico, produciéndose continuas interrelaciones. En “The Fall of the Towers” hay argumento, un hilo explicativo, más o menos satisfactorio, aunque nunca muy claro. Sobre todo, si el nudo gordiano de lo que ocurre depende de una especie de Consejo Interestelar en el que se toman una serie de decisiones, a años luz del planeta Tierra. En Toromon, el reino de las torres, hay fundamentalmente una guerra. Hay prisioneros que trabajan en las minas. Seres del bosque. Pescadores. Los nuevos Neardenthales. Inmigrantes que llegan a la capital en busca de mejores condiciones de vida. “Devil’s Pot” se llama el centro o “Casco Antiguo” de la capital. No sería descabellado encontrarse allí por la noche con personajes como Jack el Destripador o Mr. Hyde. Y más allá de la ciudad, una barrera radioactiva que separa la ciudad del resto del planeta, tras la última gran hecatombe nuclear. Allí se encuentra Telphar, donde ningún ser humano puede estar más de unos minutos sin terminar aniquilado por la radioactividad. 

 Jon Koshar es el sufrido protagonista, siempre en búsqueda de la libertad, o al menos, de lo que ésta debería significar. Hay nobleza, gremios y multitud de gentes supervivientes. Bandas juveniles. Los “mals”, malcontentos, angry young men. Delany construye poco a poco toda una sociedad. Sobre todo en la primera parte. En la segunda, se describe una terrible guerra psicológica, en las afueras, en la zona radioactiva. En la tercera, la poesía y la violencia comienza a tomar el control de la narración, y todo se vuelve más Dhalgrenesco. Y una multitud de diversas reflexiones, que son pre o post a la acción que se ha narrado, y que añaden un jugo cognitivo a la experiencia lectora que realmente es lo que la hace singular. Delany incluso se pone a filosofar sobre la telepatía, y lo que supone poseer esta habilidad sensorial. 

 Y esta reflexión es mía. 60 años más tarde, hoy en día, la telepatía nos suena más a fantasía que a otra cosa, pero en aquellos tiempos, era un recurso narrativo muy utilizado. Así, la acción se desarrollaba por vericuetos inesperados por el lector. Y vino para quedarse, pero de forma diferente. Ya no nos sorprende lo más mínimo que diez minutos más tarde de estar hablando en casa sobre si comprarle al niño una excavadora o un tractor para su cumpleaños, nos aparezca en alguna de nuestras redes publicidad para comprar un tractor de verdad… Realmente nuestra sociedad se está telepatizando, con una serie de capas añadidas a la realidad de siempre que nos pueden sorprender en cualquier momento. Algo a lo que nos estamos acostumbrando a una velocidad desaforada. ¿Que en tal novela uno de los personajes puede saber que en realidad lo que nos apetece es suicidarnos, tomarnos un vino o no ir al trabajo? Poco a poco, nos estamos metiendo de lleno en ello. 

 Volviendo a Delany, siendo sincero, a pesar de sus fuegos artificiales teóricos, y de sus tremendas ganas de violentar al lector, lo que realmente vale la pena de esta obra es su lenguaje. No sé cómo será la traducción, pero leer a este hombre, aunque a veces no me entere bien de lo que está diciendo (la eterna duda de si no me entero por el inglés o porque los que leen en inglés siendo esta su lengua materna tampoco se enteran de mucho más), es un placer. Tiene sus propias manías, repeticiones, obsesiones, y hace obsesionarse a sus personajes, e incluso a toda la ciudad de Toron. Aparece una frase pintada en las paredes por aquí y por allá. 

You are trapped in that bright moment where you learned your doom

 El poder de sugerencia es de muchos quilates. No ya por el pequeño poema en sí, si no porque en Toron, ciudad que se dirige hacia un estado de caos y violencia mayúsculo, nos preguntamos quién o qué se dedica a hacer esas pintadas. Un poeta. A su novia la han violado y asesinado vilmente. Otra banda rival. 

Leo reseñas en la red y realmente me doy cuenta de la riqueza de acontecimientos e ideas y de la densidad de esta obra. Algunos ejemplos. La existencia de una cinta de tránsito, “transit ribbon” que aparentemente salva viajes a no se sabe muy dónde, que ya aparece al comienzo de la novela. El tetron, un mineral que extraen los prisioneros de las minas, fundamental para la construcción de maquinaria. El randomax, una especie de juego recreativo del que Delany saca conclusiones muy sabias. Ese momento brillante en el que conociste tu condena, como firma el grafitero, no es otro en el que de repente, en un momento dado, todas las mentes de la ciudad conocen a la vez que la guerra que se ha mantenido durante meses ha sido artificial, y solamente la han luchado una serie de hombres encerrados en cubículos con sus cerebros engañados por un gran ordenador… Podría seguir. Y se me estarán olvidando cositas. Hay un montón de pequeños detalles que engrandecen esta trilogía, aunque como quizá aquí el lector ya se haya dado cuenta, tampoco es que el argumento sea especialmente original. Hay que disfrutarla, con calma, sin prisa. Yo he estado con ella aproximadamente unos dos meses, porque disponía de poco tiempo. A veces, media página en un día. 

 

                                                                         1ª ed. Trilogía


jueves, 9 de septiembre de 2021

¿Qué Pasó en 2021? (Primera Parte) - Haden Elgin / Butler / Dick

 

        Más de un año sin aportar ningún recuerdo a este amasijo de memorias incompletas, mayormente dedicadas a mis lecturas de ciencia ficción. Comencé el año con arduos estudios y después, cuando llegó el momento de la liberación, escogí a dos autoras. Ambas, buen ejemplo de la ciencia ficción feminista.

 

La primera, “Native Tongue” (1984) de la norteamericana Suzette Haden Elgin. (1936-2015). Traducida como “Lengua Materna”. Indicar que esta novela la llevé a casa prestada de una biblioteca de mujeres, cuyo ejemplar es el que editó Ultramar en 1989. A finales de 2020, tiempo han tardado, la editorial Oz ha publicado una nueva edición. Forma parte de una trilogía, pero de momento me quedo con esta primera parte que no me defraudó. 

 A Haden Elgin lo que le interesaba, -ella era lingüista de profesión-, era explicar las relaciones de poder que surgen del dominar y controlar el idioma que se utiliza en una sociedad dada. Suena Orwelliano, y así es, pero el quid de la cuestión es poner el énfasis en el papel que juegan las mujeres (sobre todo las que son madres) en la concepción de esa lengua que luego administran los hombres que administran los asuntos del Hombre en este planeta. En la novela existe una casta diferenciada del resto, un grupo de familias, que no son otra cosa que lingüistas , traductores y tremendos políglotas. Para reivindicar el fundamental papel de la mujer en todo esto, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los lectores de la novela la van a leer en inglés, que en el mundo anglosajón hay muchísima tendencia a pensar que con el inglés uno ya tiene resuelto el capítulo dedicado a las lenguas de este mundo… Haden Elgin acude a la ciencia ficción en busca de ayuda. ¿Qué ocurre si esos asuntos de la Tierra que administra con peor que mejor fortuna el Hombre, que nos implican a todos los habitantes del planeta, qué ocurre, digo, si el buen devenir de esos asuntos (Tratados Económicos básicamente) se ve peligrosamente condicionado por el hecho de que no somos capaces de entender la lengua materna de quienes nos debemos beneficiar (económicamente)? 

 


 

 Esto es. La Tierra depende cada vez más de los acuerdos a los que se llega con razas extraterrestres. Muchas. Muchísimas. Esas familias casi descastadas que se dedican a la traducción son las únicas que pueden ayudar. Sus vástagos llegan a dominar decenas de lenguas, y al menos, apañarse con otras muchas. Y son las abuelas quienes pasan sus conocimientos a las nietas, etc, etc… Vale la pena leerla. Detrás de este andamio de ciencia ficción, la autora presenta situaciones en las que la mujer y el hombre modernos quedan retratados, y que evidentemente, un cambio es necesario. Ellas consiguen construir muy poco a poco una propia lengua, con sus propios significados y semántica, algo que las libera en gran medida, pero bajo costes muy altos también. 

En la nueva edición se lee en cubierta que “Lengua Materna” es un clásico de la ciencia ficción feminista. Cierto. Aunque para que algo sea clásico primero tiene que haber un caldo de cultivo del que posteriormente surgen los clásicos. Podemos leer cualquier “space opera” de los años 40 y después leer un Premio Hugo de los 60 y nos daremos cuenta de la diferencia. Suele ser así. ¿Pero qué ocurre con la mujer que escribe ciencia ficción? ¿Solo nos reeditan los clásicos treinta y cinco años después? ¿Dónde está la pulpa de la que surge el clásico? ¿? Queda mucho camino por recorrer. Tanto para las editoriales como para los aficionados. Se agradece el esfuerzo editorial, por supuesto. Pero en este país hay tanto por editar, reeditar, por descubrir… que leer “Lengua Materna” le deja a uno con un regusto de resignación… 

 


 

Así, me propuse leer otro clásico de la ciencia ficción feminista (este no tanto ni de lo uno ni de lo otro). “Kindred” (1979) –Parentesco- de Octavia (Estelle) Butler (1947-2006). De la misma biblioteca de mujeres, leí la nueva reedición de la editorial Capitán Swing (2018). Butler sí que es una autora ampliamente reconocida en el mundo de la ciencia ficción. Tiene relatos recogidos en muchas antologías y sus novelas y sagas son citadas a menudo. Ahora, como tal, “Parentesco” no es una novela tan interesante ni de lejos como “Lengua Materna”. Ni siquiera se puede decir que sea ciencia ficción, si quitamos de en medio la posibilidad de viajar en el tiempo. Un recurso sencillo que ni quita ni pone. Ejemplo de manual: esta novela se vende como de ciencia ficción, cuando no es más que una novela de aventuras histórica, al estilo Verne, de iniciación, que también puede interesar como historicismo del esclavismo. Reconozco que la temática me queda un poco lejos. Relata la extremadamente desagradable situación del esclavismo en los Estados Unidos de antes de la Guerra Civil, concretamente en unas plantaciones de Maryland. La protagonista, negra, vive con su novio blanco en la California de 1976. Sin más ni más, viaja a aquellas plantaciones, y va conociendo a los agentes que provocarán su propio futuro. Es decir, a sus antepasados. 

 


 

Se lee con interés, sobre todo la primera mitad. La segunda, no deja de ser repetitiva, aunque hay que decir que los personajes están muy bien perfilados y se desarrollan de forma muy verosímil. 

 


 

 

Tras este doblete en femenino, acudí a mi psicólogo favorito, y lei “Clans Of The Alphane Moon”, novela de 1964 de Philip K. Dick. Lectura bastante rápida y reconfortante. A estas alturas… Clásico argumento que no hay por dónde cogerlo, con una serie de pinzas básicas que sujetan el entramado hasta el final. 

La experiencia es muy próxima a la lectura de un presunto informe psiquiátrico. 

 Esta vez una serie de clanes lunares (cada uno de ellos son presentados brevemente) se reúnen para ver qué pueden hacer ante un inminente ataque enemigo. Más tarde, sabremos que los representantes de cada uno de estos clanes sufre de diferentes patologías mentales. A su vez, en la Tierra tenemos al clásico “prota”, policía, de quien su esposa quiere divorciarse, él desea suicidarse, etc, etc… Surgen personajes secundarios magníficos, que parecen nacidos de un sueño lisérgico. El final es… bastante loco… pero ayuda a la pareja que se odia a muerte a reconocer cuáles son sus problemas mentales. La novela es un divertimento psicológico. Siempre que el lector se tome las cosas con el debido sentido del humor, porque claramente, este mismo lector, o mejor dicho, la condición mental de este mismo lector, se verá representada en la de alguno de los clanes (… o algunos…, al paso que vamos). La genialidad de Dick es precisamente esta. 

O bien los tiempos que corren se adaptan cada vez más a sus argumentos, o bien Dick supo detectar entre líneas, de manera muy fina, el recorrido de nuestros meandros mentales más íntimos. Y como son cada vez menos íntimos, más universales, mejor televisados y radiados, la percepción que ya tenía Dick en los años 60 se puede considerar como majestuosa, a la manera de un águila real que hace ya sesenta años visionaba nuestras vergüenzas neuronales desde las alturas… Y como hemos comenzado con dos novelas escritas por mujeres con un marcado acento feminista… solamente decir que Dick, como tantos otros ejemplos de la ciencia ficción de los años 60 y 70, está a años luz de la corrección igualitaria. Su obsesión por describir los pechos de las mujeres en sus novelas, es buen ejemplo de ello. Y no sé si lo indiqué en su momento, pero se me viene a la cabeza ahora una escena de “Gateway/Pórtico” de Frederik Pohl, otro gran clásico, en la que el protagonista maltrata a su amante de forma completamente ultrajante. Lo peor no es esto, si no que queda la escena como para que el héroe lo sea más todavía… 

¿Deberíamos dejar de leer este tipo de ficción tan escabrosa por momentos? No lo creo. Lo importante es que la propia evolución literaria del género siga su curso. ¿Dejar de lado a algún autor en concreto? Por supuesto que sí. Yo lo hago todo el tiempo. Por ejemplo, con Heinlein y Asimov. Son mis dos grandes escritores favoritos… en la lista negra de “No leer bajo ningún concepto” (aunque hace tiempo algo leí de ellos, y de Heinlein quizá lea su novela de la cruel Luna y nada más). En resumen, la antigua ciencia ficción no es nada igualitaria. La nueva, no lo sé, pero quizá sea demasiado puntillosa, se haya pasado al otro extremo, quiera sacar el polvo acumulado durante tanto tiempo debajo de las alfombras de manera demasiado burda y rápida. La solución seguramente está en afrontar nuevas historias y argumentos dejando expresamente de lado los conflictos igualitarios sin resolver, resolviéndolos de manera tácita. La nave espacial puede ser capitaneada por una mujer. Punto. No añadamos un personaje masculino que inmediatamente dude de la capacidad de esta mujer. O acabe fijándose en sus pechos más que en sus salidas USB 10.0. O al revés. Que sea ahora la mujer quien dude del hombre, etc, etc… 

 


 

Repasando, realmente la novela de Dick la leí anteriormente a la de Haden Elgin y Butler. Sí. Cosas que pasan. La memoria me traiciona.

domingo, 12 de julio de 2020

Six Months Later... The Affirmation (1981) - Christopher Priest

Aquí sigo, tras un parón debido a una serie de circunstancias que me llevaría demasiado tiempo describir.

Han sido meses duros. Ha temblequeado mi fe en la ciencia ficción, efecto colateral de la pandemia Covid 19 (que por otro lado a estas alturas sigue vivita y coleando).

La última novela que leí allá por Marzo fue "Beggars in Spain", de Nancy Kress. Decepcionante, sobre todo teniendo en cuenta que ganó el Nebula y el Hugo. Pero estos premios, que he analizado año por año en los últimos días, desde el año 2000 aproximadamente, no tienen ningún rigor. Todavía en los 80 o 90 pueden tener cierto valor crítico. A día de hoy, cualquier cosa puede resultar premiada. No digo que sean malas obras, pero dudo mucho de que sean las mejores o a las que se supone que van dirigidos estos premios. Y si lo son, que todo puede ser, podemos concluir que el estado actual de la ciencia ficción es directamente deprimente. Aunque siempre habrá excepciones, por supuesto.

Con el confinamiento en marcha, releí la novela del confinamiento por excelencia, "Robinson Crusoe", que me gustó en su justa medida. Hay estructuras psicosociales que envuelven la novela que no hay por dónde cogerlas hoy en día. Recomendarla a la juventud como clásico, cosa que yo sigo haciendo, es un acto de fe en el recuerdo de nuestra propia experiencia lectora de hace muchos años. ¡Pero han cambiado tanto las cosas!

Tuve que cancelar una lectura de Iain Sinclair, que se me hacía muy cuesta arriba. Ballardiano, pero plomizo en el peor sentido que se puede aplicar a veces a Ballard. Leer a Sinclair significa conocer Londres mucho mejor de lo que quizás, para mi desgracia, lo conozco a día de hoy. A veces vale la pena hacer un viaje solamente para ver el escenario de lo que será posteriormente tu propia imaginación combinada con la lectura de una serie de novelas. Por esta razón, me gustaría volver a Londres. Captar una serie de imágenes que luego se proyectarían dentro de mí, mientras leo a tipos como Sinclair, Ballard, o por qué no, Dickens o D.H.Lawrence.

Pasé a los clásicos. Cornell Woolrich (un tipo tan genial como desconcertante), Osamu Dazai, Théophile Gautier, Dino Buzzati, que son de mis favoritos. Leer por ejemplo a Gautier es una gozada estética de primer grado, y afortunadamente, está generalmente bien traducido del francés (Editorial Siruela), siendo su vocabulario impresionante.

¿Cómo se puede seguir leyendo novelas de ciencia ficción encerrado en casa cuando uno baja a la calle sólo para depositar la basura y darse cuenta de que no hay nadie, no ha habido nadie y no va a haber nadie en la calle durante días y días? Subes a casa de nuevo, pones la TV, y lo único que ves son escenas de pasillos de hospitales repletas de gente moribunda...

¿Qué fue de la ciencia, incapaz de gestionar la realidad? ¿Qué fue de la ficción, ahogada y descompuesta ante semejante realidad?

Decidí, como he dicho, dejar la ciencia ficción de lado. Una crisis espiritual. Surgimiento de dudas.

A día de hoy, creo que me he recuperado. También es verdad que mi disposición de tiempo durante estos meses ha sido casi nula.



Esta es mi edición, 2011.



Me he animado a acometer otra lectura de ciencia ficción. Tras una dura selección, he terminado por decidirme. "The Affirmation", de Christopher Priest.

Me está gustando mucho. Tanto el argumento como la manera de escribir de Priest.

Un tipo que cuestiona la verdadera Verdad de lo que escribe en su autobiografía. Hacia la página 30 llega a la conclusión de que a través de la ficción es como llegará mucho mejor a la Verdad que quiere contar. Se inventa una Inglaterra ficticia. Cambia nombres de sitios y lugares. Sin mapas, que codifican demasiado la imaginacion.

Una novela tremendamente sugerente. A su vez, el protagonista, Peter Sinclair, debe vivir en el mundo real, que comienza a jugarle malas pasadas.

Y ahí sigo. Es la clásica novela que trata sobre la dificultad que entraña proseguir con una novela, mientras que la novela adopta su propio curso. Y esto en el campo de la ciencia ficción se agradece muchísimo. Es de 1981.

Tengo por aquí otra, de 1973, de Barry Malzberg, "Herovit's World", que recomiendo por tratar este tipo de temas literarios, aunque todavía no he leído (pero por algo comprado).

En definitiva, placeres literarios que, al menos en estos dos últimos casos, no tienen nada que ver con la ciencia, pero sí mucho con la ficción creativa.

Sigo en contacto...

miércoles, 29 de enero de 2020

Phil: K. Dick On Comic





Unas pocas palabras sobre “Phil”, biografía en formato cómic sobre Philip K. Dick. De los autores Laurent Queyssi (francés) y Mauro Marchesi (italiano). Mi última lectura completa del año 2019.

Es una obra que se lee en nada, sobre todo si uno está familiarizado con los principales hitos de su vida. Sus tormentosos matrimonios, 2-3-74 (la fecha en la que experimentó su gran visión cosmogónica), sus comienzos como autor de novela realista, sus primeros pasos como cuentista de ciencia ficción, su incursión en el mundo de la edición en la ciencia ficción, la génesis de alguno de sus trabajos más populares, como “El Hombre en el Castillo”, su abuso de cierta drogas, su paso por Metz (Francia) como uno de los grandes gurús del momento, incluso sus primeras reacciones ante el rodaje de “Blade Runner”…
Cuesta veinte euros, y este precio sólo se puede justificar por las ilustraciones (no por el guión del cómic, que no aporta gran cosa). En mi caso, leí el cómic procedente de una biblioteca pública, algo bastante dickiano por otro lado.
Estoy en trance de recibir su biografía escrita por Lawrence Sutin. Tengo por ahí la de Emmanuel Carrere. Y más material por aquí y por allá. 
Recomendaría desde aquí acudir a este sitio: 

que es una fuente muy autorizada de muchos (aunque quizá pequeñitos) detalles sobre los trabajos de PKD, sobre todo en cuanto a ediciones, opiniones, críticas, y pequeñas intrigas de su tiempo.

Dejo aquí algunos detalles del cómic, francés, ¡cómo no!







viernes, 27 de diciembre de 2019

Blue Remembered Earth (2012) - Alastair Reynolds


Del año 1950 pego un salto en el tiempo de ¡62! años, y me planto en el 2012.

Hoy me toca escribir sobre Alastair Reynolds. Galés, astrónomo, astrofísico, vivió en Escocia, Holanda y se volvió a Gales casado con una francesa. No está mal. Gollanz firmó con él un contrato de un millón de libras (se dice pronto) en 2009 a cambio de escribir diez tochos… no sé por dónde irá el hombre a día de hoy. 

Tengo que entonar cierto mea culpa, porque me metí a leer la primera parte de su trilogía “Poseidon’s Children” (no editada todavía en España) y tendría que haber empezado a leer “Espacio Revelación”, más aclamada, y en este caso, sí editada por aquí.

La novela que he leído se titula “Blue Remembered Earth”, 540 páginas. 


Su mayor defecto es su desmesurada longitud. Creo que recortando unas 150 páginas habría quedado mucho mejor.

No voy a seguir leyendo la trilogía. Es más, quizás no vuelva a leer a este tipo, claro heredero de la escuela de Arthur C. Clarke.

Sin embargo, me ha gustado la experiencia. La novela está escrita con decencia, intentando darlo todo por la historia.

Que es muy simple. Dos hermanos (junto con dos primos con los que no se llevan del todo bien) tratan de averiguar (estamos en el año 2160) las andanzas de la abuela, una mujer pionera en el viaje al espacio, y que se metió en todo tipo de negocios y aventuras.

La verosimilitud de al menos la logística y la infraestructura espacial (Luna, Marte, Phobos, y más allá) es intachable. Reynolds se maneja muy bien. No es un tipo que se lance a lo loco a escribir una space opera. Sabe muy bien cómo ir dando forma a la situación tecnológica en la que se encuentran los protagonistas, y el lector se siente seguro y protegido. Algo fundamental.

Por otro lado, Reynolds a veces abusa de su facilidad para añadir tecnologías que hacen avanzar la narración por donde él quiere. Sobre todo posibilidades de comunicación. En cualquier momento, los personajes (con conexiones neurológicas en forma de chips, etc…) se conectan a través de una especie de hologramas desde cualquier sitio colonizado hasta cualquier punto en la Tierra (mediante lo que se llama el Aug). O a través de robots golem, físicamente existentes, cuyo control es remoto. Las posibilidades se multiplican, y a veces la comunicación es posible. Cuando a Reynolds no le interesa, y quiere aumentar la emoción, no se corta un pelo y dice que se está en tal o cual zona de comunicaciones canceladas o coartadas, etc, etc… Lo mismo ocurre con el personaje de la abuela, Eunice Akinya, que va soltando la información necesaria a lo largo de la novela de las formas más intrincadas que se puedan suponer. En este sentido, la aventura que protagonizan Geoffrey y Sunday (los dos hermanos) se ve comprometida por los caprichos de la abuela, dejando retos informativos a descubrir una y otra vez (en la Luna, en Phobos, en Marte, en una estación espacial…). Que les ocurra esto a los personajes está muy bien, pero el lector, yo en este caso, por momentos me canso del juego. Esta thrillerización de la novela no me satisface. Al final todos los personajes actúan como pollos sin cabeza, yendo y viniendo a la Luna, Marte, etc… como si se tratara de un folletín. Fuerza mucho las cosas en este sentido. Diez páginas de la aventura de Sunday en Marte. Otras diez de Geoffrey en la Luna. Otras diez en Marte. Luna. Marte. Estación espacial. Marte… Puff… Es como en esas películas cuando el coche está a punto de estrellarse, pero se pasa a otra escena, dos segundos más de coche (que no acaba de pegársela) y pasamos a una tercera escena, y así, mareando la perdiz, cosa que está muy bien, si no fuera porque “Blue Remembered Earth” data de 2012, no de los años cincuenta del siglo pasado, y me deja de interesar hasta cierto punto lo que estoy leyendo.

Y además, como suele ocurrir, tras haber superado todas las pruebas habidas y por haber (como si fuera un capítulo de los dibujos animados de Sherlock Holmes) finalmente, todos juntos ya, se propone una situación completamente inesperada, que hace que… el lector sea amablemente invitado a seguir leyendo la trilogía… (aunque la novela se cierra bien, por otro lado).

Después tiene que hacer el clásico reparto geopolítico de la Tierra. África es la potencia, los indios, los rusos, los chinos, que si tal que si cual, se inventa una especie de Naciones Unidas de los Países que viven bajo el mar. Una especie de movimiento universal que trata de salvar a todas las especies animales. En resumen, toca muchos palos, y si hubiera simplificado (aunque solo una de estas líneas argumentales) la novela lo agradecería.

Es entrelíneas cuando yo he disfrutado más de la novela. La descripción de la zona “no vigilada” de la Luna es muy sugerente, una especie de barrio bohemio donde surge la idea del crimen como algo positivo para la evolución psicológica del ser humano. Se explica bien lo que es el “Mecanismo”, una entidad que hace que el asesinato o la violencia sean reprimidos instantáneamente. Hay un homenaje (consciente o no) al portentoso relato ruso de Anatoly Dneprov “Los cangrejos caminan sobre la isla” (1958), que se desarrolla en unas inhóspitas montañas de Marte. Quizás lo mejor de la novela sea la evolución del personaje de Geoffrey, un tipo muy pegado al terruño que poco a poco va sacando fuerzas e inteligencia para enfrentarse a los retos que se le vienen encima.

Reynolds lo hace muy bien con el esquema previo a la escritura. Él sabe perfectamente que tal o cual personaje trescientas páginas más tarde va a encajar muy bien como protagonista de tal o cual hecho. Todo muy bien medido. Quizás demasiado. Técnicamente, y teóricamente, todo fluye, y confluye, pero se me antoja un producto en exceso pre-fabricado. Le falta vida propia. El argumento que se va deslavazando está tan condicionado por sí mismo que no hay lugar para la sorpresa. Y esta es la mayor pega que le pongo.

Y es una pega importante, porque afecta al estilo y a las maneras del escritor de tal forma que uno sabe, sin leer más obras, por dónde van los tiros. Y por todo esto decía al principio que posiblemente deje en barbecho al señor Reynolds durante una buena temporada.

Esfuerzo, imaginación y honestidad no le faltan. Pero a veces necesitamos de la ficción para que nos proporcione otra cosa. Que no sabría decir ahora cuál es. Por eso voy saltando de autor en autor, intentando conocer mejor esta selva llamada ciencia ficción

In The Court Of The Crimson King
 

Para finalizar, una entrevista en castellano con Alastair, bastante reciente (septiembre 2019), que es muy de agradecer.


Reivindica a Gene Wolfe, claro.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Judith Merril, Mother Of Pioneers In The Shadow


Judith ¡ay!, Judith, que pasa el tiempo, y no me da la vida para dedicarte el pequeño gran homenaje que mereces. Judith Merril (1923-1997).

En 1950 sale al mercado su primera novela, en tapa dura. En Septiembre de este mismo año, Frederik Pohl (su futuro, aunque casi eventual marido) la revisa en la revista Super Science Stories, por lo que se puede decir que la novela se publicó justo cinco años después del holocausto nuclear japonés.

Se trata de “Shadow On The Hearth”.  
En este caso “hearth” creo que puede traducirse como “hogar”, el lugar en el que antes se cocinaba las casas antiguas. La Sombra sobre la Chapa (coloquialmente hablando). 





1950. Prácticamente, el inicio de la ciencia ficción moderna. Creo que esta novela podría considerarse como la génesis auténtica de lo que tendría que venir después. Ir más hacia atrás es complicado, en un sentido amplio. Aunque hay excepciones, por supuesto. Ahora mismo se me viene a la cabeza Stapledon, a quien le tengo muchas ganas.

Dicho esto, apenas hay ciencia ficción en "Shadow On The Hearth". Se produce un ataque nuclear sobre Nueva York. Y ya.

Uno de los puntos fuertes de la novela es que no se especifica quién está detrás del ataque. Merril en ningún momento se dedica a describir el comienzo ni el final del “juego de la guerra”. Le interesan más las consecuencias del ataque, y en concreto, cómo se transforma la vida cotidiana de una familia. Y cómo se transforma el vecindario.

En este sentido, es una novela muy japonesa. De estas, en Japón, se escribieron a puñados, por razones evidentes.

La acción transcurre aproximadamente durante una semana, o algo menos. Las primeras preocupaciones de la madre de dos hijas son ínfimas comparadas con las que van surgiendo después. El dilema de la mañana del ataque es bien lavar la ropa o acudir a una invitación para comer de una vecina de más altos vuelos. Después será si se puede beber el agua que sale del fregadero o no. Cuánto tiempo tardará en volver papá del trabajo. Cortes de luz. Problemas con el suministro del gas. Vómitos que sugieren radioactividad y enfermedad. Dar cobijo a un científico que reniega del sistema. Visitas del vecino, que la desea físicamente, siendo el nuevo encargado de la cuadrilla que patrulla el barrio. Y la radio. Siempre la radio funcionando, intentando escuchar noticias esperanzadoras. Pero todo parece ir a peor. La hija pequeña comienza a perder pelo… Las patrullas se militarizan. Algunos hombres comienzan a disfrutar verdaderamente de la situación, con el nuevo poder que se les ha otorgado de un día para otro para manipular vidas ajenas.

Son los detalles, la información que cada personaje se calla, o medio cuenta a ese alguien en quien confía más, información que más pronto que tarde acaba incorporándose al saber de todos los personajes que habitan el escenario supremo, que es la casa en la que habita la familia, cuyo cuartel general es la cocina. 

En resumen, hay mucha más carga política y social en la novela que otra cosa, algo que ya reconoció Merril. No tiene sentido escribir hoy en día una novela como esta, aunque esto no quiere decir que se siga haciendo. “Shadow On The Hearth” es una de esas historias que hay que contextualizarlas, como la que hace poco reseñé, “Chain Reaction”. Ambas son consecuencias directas de lo que ocurre en el mundo real, en tiempo real. Pero la novela de Merril aporta dos grandes novedades. Una, que se trata de una autora. Y otra, que esta misma autora siempre se implicó y defendió el género de la ciencia ficción, editando muchísimo material en revistas. Como la mítica “SF: The Year's Greatest Science Fiction and Fantasy”, cuyo primer número salió en 1956 y el contenido era el siguiente:

 

·       Introduction, by Orson Welles
·       Preface, by Judith Merril
·       "The Stutterer", by R. R. Merliss
·       "The Golem", by Avram Davidson
·       "Junior", by Robert Abernathy
·       "The Cave of Night", by James E. Gunn
·       "The Hoofer", by Walter M. Miller, Jr.
·       "Bulkhead", by Theodore Sturgeon
·       "Sense from Thought Divide", by Mark Clifton
·       "Pottage", by Zenna Henderson
·       "Nobody Bothers Gus", by Algis Budrys
·       "The Last Day of Summer", by E. C. Tubb
·       "One Ordinary Day, with Peanuts", by Shirley Jackson
·       "The Ethicators", by Willard Marsh
·       "Birds Can’t Count", by Mildred Clingerman
·       "Of Missing Persons", by Jack Finney
·       "The Country of the Kind", by Damon Knight
·       "The Public Hating", by Steve Allen
·       "Home There’s No Returning", by Henry Kuttner & C. L. Moore
·       "The Year’s S-F, Summation and Honorable Mentions", by Judith Merril

 






 Tremenda edición de New Wave inglesa por parte de Merril (1968).


Judith nació en Boston, la ciudad de Poe, aunque luego vivió en Nueva York, en el Bronx, a lo Delany. Sin embargo, a finales de los años 60 se marchó a Canadá, renegando de su país por su implicación en la guerra del Vietnam. Y terminó siendo canadiense; en la Biblioteca Pública de Toronto hay un archivo especial dedicado a ella.
 


Esto a grandes rasgos, y sin repasar su vida sentimental, que fue también muy prolífica.



No me ha sido fácil encontrar una edición de segunda mano de esta novela, ya que nunca se publicó como novela de bolsillo (paperback). Pero finalmente localicé la edición de la NESFA (New England Science Fiction Association), Spaced Out: Three Novels of Tomorrow, que incluye:

Shadow On The Hearth

Outpost Mars (aka Mars Child) con Kornbluth

Gunner Cade con Kornbluth también.


Así que de paso ya tengo para el futuro dos colaboraciones de Merril con Kornbluth, siendo éstas aparentemente más propias de su época, acercándose al pulp. Y Kornbluth es un tipo que me cae muy bien, por cierto.

Hablando de futuro, Merril, Kornbluth, Polh, Asimov, Blish, Wollheim (entre otros) pertenecieron a una especie de club de aficionados a la ciencia ficción, conocido como The Futurians. Ingenuos, pioneros, atrapados entre la utopía y la realidad de su época. Hay que suponerle a Judith un gran carácter para poder codearse con tantos tipos raros.

Mucho de esto lo debe de contar Pohl en su autobiografía “The Way the Future Was”, que tengo a buen recaudo, pendiente de leer; un documento imprescindible.

Otro libro importante es “Better To Have Loved”, biografía escrita por la nieta de Judith, me temo que mucho más cara de conseguir actualmente.




Seguiré leyendo su ficción en cuanto pueda, pero reconozco que su faceta real, como ser humano, es mucho más sugerente e interesante, teniendo en cuenta que estaba metida en el meollo mismo de la ciencia ficción americana en una época en la que todo estaba a punto de explotar, para mejor, y si lo hizo (para mejor) fue claramente gracias a ella. La deuda que tenemos los aficionados a la ciencia ficción con esta mujer es muy importante.