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viernes, 2 de febrero de 2024

Interface (1971), Volteface (1972), Multiface (1975) – Mark Adlard


La trilogía que Mark Adlard situó en Tcity, vasto y automatizado complejo industrial del siglo XXII.

In the very North of England.

Escrita por un oscuro escritor inglés llamado Mark Adlard, que a día de hoy, todavía vive. Nació en Junio de 1932. Se retiró en 1976… después de haber trabajado como directivo en la industria del acero.

Leí los tres libros seguidos allá por el verano del año 2022… y tenía pendiente de escribir al menos unas pocas letras sobre Tcity.

Publicados por Orbit Books, a 75 p. de aquellos tiempos cada volumen, en 1977, comparten la cubierta, dibujada como en tres partes. 

 



 

La obra hoy en día se lee con cierto interés, y transmite al lector una fragancia de “cosiness” británica que resulta muy agradable. Quizá se podría decir que es una especie de lectura a lo John Wyndham, pero tamizada (rebajada en calidad), y añadiéndole los ingredientes propios de su época, que mayormente eran sexo, drogas y rock & roll. 

De esto último, de rock, poco hay; afortunadamente. Uno de los motivos más llamativos, sobre todo en la primera parte, “Interface”, que luego se sigue usando también en los dos siguientes volúmenes, es la mención bastante constante a la música que suena en todo el entramado de Tcity.

Digamos que toda la población, absolutamente toda, a excepción de una serie de VIPs, vive atrapada en una especie de complejo residencial-comercial-laboral. Y allí, en pasillos en los que se atropella la gente, suena música. Que es generada por ordenadores, de forma electrónica. La duda está en saber si Adlard usó este atrezzo para enfatizar la deshumanización del ecosistema de Tcity. Y si así lo hizo, la verdad es que de alguna manera dio en el clavo. Sí, la música electrónica (por decirlo de alguna manera) nos rodea por todas partes. Pero Adlard al menos nos habla de sinfonías creadas específicamente para deleite o entusiasmamiento de la población. Y más allá de los pasillos, en los locales de ocio nocturno, suenan también drones electrónicos, que en este caso sirven para sugerir ciertas fantasías en la clientela, mientras alguna señorita hace algún tipo de baile o similar a la vez que ella misma toca el órgano del que surgen esos tonos tan llamativos. Evidentemente, solamente la clase alta puede acudir a este tipo de espectáculos. O quizá realmente a Adlard le interesaban por aquellos tiempos, principios de los años 70 del siglo XX, las rápidas vicisitudes que estaban ocurriendo en el mundo de los sintetizadores.

Sobre el sexo. El protagonista de la trilogía, Jan Caspol,  se encapricha en principio con una chica que actúa en uno de los locales, Meriol. Tampoco es para tanto, aunque es el perfil masculino y obsesivo y empoderado. Esta es la parte más decepcionante. Ni fú ni fá. Cosas de aquella época que han sido superadas. 

 


 

La novela es un ir y venir constante del trabajo al local nocturno, del local a casa, y así todo el rato. Lo que surge como telón de fondo es el alcoholismo, porque básicamente en cada escena se sirven constantemente licores (en casa, oficina), cerveza por la noche, etc… Y además también, al más puro estilo Dick, está Dixon, una especie de Alexa de Amazon que es quien realmente piensa, decide de alguna manera, hasta el mismísimo licor que toca beber. 

¿El fondo de la historia? En la primera parte, el sistema funciona en base a una serie de estadísticas y lotes de producción a los que hay que someterse, aunque finalmente haya una serie de desajustes que lleven al desastre. En “Volteface” se intenta la ingeniería social, y de hecho, lo que se hace es enviar a la población a trabajar. Porque la ociosidad que permite la perfección de hojas de cálculo de producciones instantáneamente calculadas para mayor gloria del sistema termina por crear ansiedad, patologías mentales y una ola de peligrosa claustrofobia. Todos y todas encerradas en sus diminutos apartamentos mirando pantallas. ¿Nos suena de algo todo esto? Escrito en 1972. Aquí indudablemente el trabajo de Adlard es más que satisfactorio.

Hoy en día parece que lo que acabo de escribir no es más que una recriminación más, un conjunto de reflexiones que hasta compartimos con los críos de 7 años. Sabemos lo que ocurre, o al menos, nos lo describimos a nosotros mismos de vez en cuando.

Sin embargo, hace solamente cincuenta años era difícil imaginar siquiera cómo podría ser nuestra vida.

Gran aporte de Adlard.

Quizá lo más triste de todo sea que, entrando en contacto con esas patologías mentales ya descritas hace cincuenta años, ya sea de forma personal, o al menos observándolas en gente que tenemos muy cerca, familiares, amigos, conocidos, la conclusión que podemos sacar es que de alguna manera estamos atrapados. No hay vuelta atrás. No hay posibilidad de bajar a la calle y jugar a hacer cabañas, a tumbarnos en el césped y hacer un encuentro de jóvenes poetas. No. Suena todo extraño y agotador. Mejor guardar las apariencias y seguir observando las pantallas.

 


 

 

Verdad es que la última entrega de las tres, “Multiface” es la más floja, pero aun así sigue aportando cosas de interés. Se crean personajes ya bastante alejados de lo que es el colectivo educado a la medida de muy serias leyes de repetición. Surgen los proscritos, los diferentes, cada uno y cada una con sus obsesiones. Evidentemente el mensaje final es que la maquinaria perfectamente engrasada de consumo y producción no sabe nada de diferencias o de marginaciones varias.

 

Tomemos nota.

 

Al protagonista finalmente parece que la cosa le sale bien con una apasionante y atractiva ejecutiva llamada Sylvia. Pero los diferentes, abollados o no tan diligentes, obsesivos, románticos se diría… no creo que sigan muy contentos, allá en Tcity… Han pasado cincuenta años.

En resumen, trilogía de unas 600 páginas en total, que se lee con interés. A veces, sorprende, motiva, ilumina. Otras, aburre más que molesta, por darnos cuenta de dónde y de qué época proviene.

Aquellos felices años setenta.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Gene Wolfe (1931-2019) (In Memoriam)


Gene Wolfe murió este año, el 14 de Abril. 



Este artículo-homenaje trata sobre su obra "The Fifth Head of Cerberus" y en menor medida de su recopilación de relatos "Endangered Species". 

"Cerberus" se puede decir que es la primera novela reconocida como excelente de Wolfe, y no está mal la cosa, porque solamente es su segunda (1972).

Hasta 1990, estas son las mejores obras de fantasía, según la fiable (aunque muy anglo-encuesta de Locus (recomendaciones para los insignes Premios Nebula y Hugo que se producen desde 1971): 


1998 Locus All-Time Poll


FANTASY NOVEL (BEFORE 1990)

1) The Lord of the RingsJ. R. R. Tolkien (1955)
2) The HobbitJ. R. R. Tolkien (1937)
3) The Book of the New SunGene Wolfe (1980)
4) "Earthsea" series, Ursula K. Le Guin (1968)
5) Alice's Adventures in WonderlandLewis Carroll (1865)
6) "Gormenghast" series, Mervyn Peake (1950)
7) The Once and Future KingT. H. White (1958)
8) Little, BigJohn Crowley (1981)
9) Nine Princes in AmberRoger Zelazny (1970)
10) "The First Chronicles of Thomas Covenant", Stephen R. Donaldson (1977)
11) DragonflightAnne McCaffrey (1968)
12) "The Belgariad", David Eddings (1983)
13) The Chronicles of NarniaC. S. Lewis (1950)
14) The Anubis GatesTim Powers (1983)
15) "The Dying Earth" series, Jack Vance (1950)
16) The Wonderful Wizard of OzL. Frank Baum (1900)
17) DraculaBram Stoker (1897)
18*) The Last UnicornPeter S. Beagle (1968)
18*) The Mists of AvalonMarion Zimmer Bradley (1983)
20) The StandStephen King (1978)
21) Watership DownRichard Adams (1972)
22) The Riddle-Master of HedPatricia A. McKillip (1976)
23) The Worm OuroborosE. R. Eddison (1922)
24) Glory RoadRobert A. Heinlein (1963)
25) Mythago WoodRobert Holdstock (1984)
26) "Alvin Maker" series, Orson Scott Card (1987)
27) A Wrinkle in TimeMadeleine L'Engle (1962)
28) Witch WorldAndre Norton (1963)
29) "The Fionavar Tapestry", Guy Gavriel Kay (1986)
30) Deryni RisingKatherine Kurtz (1970)
31) "Discworld" series, Terry Pratchett (1983)
32*) "Elric" series, Michael Moorcock (1972)
32*) ReplayKen Grimwood (1987)
32*) Something Wicked This Way ComesRay Bradbury (1962)
35*) "Fafhrd & Gray Mouser" series, Fritz Leiber (1970)
35*) The Incomplete EnchanterFletcher Pratt & L. Sprague de Camp (1941)

Más abajo, incluyo la lista de mejores novelas de ciencia ficción, que la encuentro personalmente mucho más atractiva, pero hoy escribo sobre Gene Wolfe, y este es el nombre que está solo por debajo de Tolkien… Me temo que Wolfe es más bien poco leído en este país en comparación con Tolkien, y no digamos con George R. Martin, quien debería estar de los primeros de esa lista, aunque solo fuera por popularidad… De la lista he leído cinco trabajos concretos, que no está tan mal, y otras obras de algún autor presente en la lista, como es el caso de Wolfe.

Tengo compradas y a buen recaudo las cuatro partes de “The Book of the New Sun”, esperando a que puedan ser atacadas en algún momento (cosa que veo complicada ahora). “The Urth of the New Sun” sería la quinta y última parte del Nuevo Sol, pero se me antoja tan críptica que ni siquiera me planteo comprarla por ahora.

“The Fifth Head of Cerberus” es, como ya he indicado, la segunda novela de Wolfe. La he leído en la edición de “SF Masterworks”, algo que indica su importancia.


Sinceramente, es un “rara avis” de trabajo literario, aún para 1972; época cúspide para la ciencia ficción (y para tantas otras actividades artísticas en general que ya no volverían a recuperar su estado de forma).

Wolfe tiene fama de escritor difícil, demandante, y hablo de la fama que tiene en el mundo anglosajón. Si comparamos su prosa con la de Philip K. Dick, podríamos decir que escribe como si fuera el maestro Yoda (exagerando, claro está). Pero es un poco así, hace un uso del inglés que a veces desconcierta, cambia el orden habitual de la sintaxis, y para los que sabemos algo de euskera, a veces uno no sabe realmente lo que quiere decir hasta que acabamos la frase (cuando lo normal en inglés, -como en castellano-, es que muchas veces con sujeto y verbo nos baste para pillar muy rápidamente el complemento que toque). Esto a un nivel sintáctico.

A un nivel semántico, (y no digamos ya cognitivo), Wolfe es como un huraño personaje de Dickens. No suelta prenda, el lector se las tiene que arreglar con muy poca y/o confusa información… si es que se quiere entender todo. O casi todo.

A un lector de Wolfe con el inglés como segunda lengua (más o menos controlada) le puede surgir la duda: ¿no acabo de entender la historia porque está en inglés y no lo pillo bien? Bueno, algo puede haber de esto, dependiendo del nivel y del tiempo que uno dedique a Wolfe, pero no hay que preocuparse demasiado, ¡he leído tantas veces en la Red de lectores cuya lengua materna es el inglés que no hacen más que decir que la relectura de Wolfe es necesaria para enterarse mejor!

Lo que hace falta es tiempo, como ya he sugerido. Tiempo para jugar con el volumen del libro, ir hacia atrás, hacia delante, disfrutar de alguna manera del jeroglífico. Coger una novela de Wolfe para un viaje de unas horas en un tren puede ser un grave error, si tenemos la intención de disfrutar del respetable deporte de pasar páginas con calma, mientras a la vez se mira el móvil, el paisaje, y se saluda a los pasajeros. Para esto están los thrillers, digo yo… Tampoco es buena idea leerlo en e-book… puff, la de pulsaciones a botoncitos que nos esperan.

En resumen, la clave (en mi humilde opinión) es sentarse en algún sitio con la única intención de leer a Gene Wolfe, salvo quizás el añadido de una música ambiental que proceda (¿Ian Boddy? ¿Alpha Wave Movement?).

Aún así, “La Quinta Cabeza de Cerberus” es un libro raro. Ni siquiera es novela, aunque lo parezca. Son tres relatos, el homónimo, y dos más. El primero es el mejor, y más potente, incluida una biblioteca particular alucinante. El segundo es una rallada ininteligible, y lo digo tal cual, no tengo reparos. Fantasía pura, purísima, como una mala droga si se me permite el símil. Por supuesto, luego hay gente por ahí que dice que el segundo y tercer relato dan claves para entender el primero. ¿? Bueno, puede ser. Pudiera ser… La tercera parte es prosa bastante más digerible, con brotes de fantasía que me hacen dudar de si realmente Wolfe es mi tipo. Leyendo spoilers de la tercera parte, reconozco que comprendo mejor la primera. O me ayuda a que el holograma sea más luminoso…

“Cerberus” va sobre el colonialismo, la esclavitud y la crueldad que conllevan, las identidades del futuro, la clonación, la repetición de esquemas en los planetas que va conquistando la humanidad… Se pilla la idea general. ¡Claro! Pero recordemos que Wolfe tiene algo de poeta, o mucho, y de escritor con todas las letras. Diseña su obra en los niveles que le parecen necesarios, desde luego mucho más allá del mero entretenimiento, y también del disparo duro y certero que nos puedan proporcionar otros autores con sensibilidades más sociales. Nos hace pensar en lo que cuenta y en cómo lo cuenta. Y en su caso, el cómo es tan importante o más que el qué. Y tiene un estilo personal. Con solo leer el primer párrafo de “Cerberus” nos damos cuenta de que estamos ante algo diferente. Hay que leerlo tres o cuatro veces, para ponerse en posición. No vale con seguir y a ver si me entero…No. El narrador recuerda su infancia y dice que su padre era un “mercader de niños”… bueno, algo en sí bastante sorprendente, pero si le añadimos el estilo, parece todo como una fábula. Esto es quizás lo que menos me gusta de Wolfe, porque imaginación, recursos e ideas no le faltan. Con que escribiera igual de bien, pero en un tono menos fantasioso… aunque esto le quitaría parte de la gracia, supongo.

Como decía, la tercera parte sí que da claves para la primera historia… pero si no estoy mal informado, a Wolfe le pidieron que escribiera más material para alargar “Cerberus”, así que hay que darle un voto de confianza a Wolfe. Quizás el segundo relato sea una broma dirigida a los que le pidieron más. Y el tercero una especie de aclaración del embrollo. ¿Quién sabe? 





Hace ya unos meses tuve mi primer encuentro con Gene Wolfe, en este caso era un libro de relatos titulado “Endangered Species” (un best of de sus relatos, 1989). No llegué a leer todos (por resultar de primeras rematadamente pura fantasía) pero algunos me cautivaron. Relatos redondos que aún así, hay que revisar y volver a revisar, y entonces, damos con claves que nos allanan el camino hacia el pleno entendimiento y disfrute.



Wolfe escribe con su carga de clásico. Pensaba que hoy en día tipos como Homero o Shakespeare serían escritores de ciencia ficción, porque se ocupaban de temas universales, no de realismos concretos. En este sentido, es un escritor dado al universalismo, a la fantasía, a la fábula, afortunadamente con la preciosa influencia de Poe o de almas más mundanas pero más interesantes también. Es más Proust que Baudelaire, más Dunsany que Lovecraft, y sus capacidades están ahí, para ser descubiertas. Es cuestión de pillarle el punto. Huye de radicalismos, aunque por momentos lo que cuenta sugiera lo peor del alma humana, siguiendo la mejor tradición gótica, con sus maldades y traiciones, noches sin dormir y presuntos fantasmas.

En los 34 relatos que se incluyen hay de todo. Es interesante sugerir la idea de que para leer mejor a Wolfe sería bueno tener a su vez nuestra espalda cargada con ciertas lecturas clásicas. Ponerse a leer de jovencito estos relatos, tan diferentes entre sí, puede ser una experiencia algo traumática. O no. Quizás sea la mejor manera de descubrir un montón de corrientes literarias, y empezar a indagar en las que nos interesen.

Wolfe puede ser un buen punto de partida para saltar después bien a Tolkien, bien a Stoker, bien a Bradbury, bien a Poe o Dickens, pero esto es ya otra historia.

Yo destacaría los relatos:

A Cabin on the Coast
Kevin Malone
Our Neighbor by David Copperfield
The Detective of Dreams
Suzanne Delage

Tienen que ver más con la tradición victoriana del cuento de fantasmas, el cuento romántico, el cuento de detectives. Esto es lo que yo tengo básicamente en la mochila. Son realmente muy buenos. Pero hay más, y quizás mejor. ¿Ciencia ficción? Poca. Apenas.

Para terminar, podría decirse, que Gene Wolfe es un tipo que no entra en ningún canon específico, que cada libro suyo hay que afrontarlo con la mente lo más abierta posible, y tratarle con respeto. Mucho respeto. Aunque a veces nos enfade por momentos. En definitiva, son comprensibles sus escasas traducciones en castellano y su limitada difusión popular.

Si tuviera que compararle con un escritor local, lo haría con Juan Benet. Un tipo que iba por libre, con sus propias manías, y que con el paso del tiempo, logró escribir un corpus muy personal y de altísimas cotas literarias. En fin, cualquier oportunidad es buena para reivindicar a Benet como escritor en ocasiones más cercano a la fantasía con base realista que al realismo. “Herrumbrosas Lanzas” bien podría estar en la lista indicada más arriba, como ejemplo de fantasía histórica, mapa incluido.


***
 


Aquí van, lo prometido es deuda, las novelas de ciencia ficción mejor valoradas hasta 1990 por la gente de Locus, que en principio creo que es bastante de fiar, aunque sólo para el mundo anglosajón. El problema de los modernos lectores de ciencia ficción es saber navegar en la ciencia ficción que se ha publicado… desde 1990… cada vez más difícil de seguirle la pista, aunque uno tenga los libros delante de las narices (curiosa paradoja), porque falta mucha trabajo crítico sobre ellas. Te la intentan colar por todas partes. De todas maneras, lo profusión de Heinlein (¡seis títulos!) en esta lista me parece de juzgado de guardia…

1) DuneFrank Herbert (1965)
2) The Moon is a Harsh MistressRobert A. Heinlein (1966)
3) The Left Hand of DarknessUrsula K. Le Guin (1969)
4) The Foundation TrilogyIsaac Asimov (1953)
5) Stranger in a Strange LandRobert A. Heinlein (1961)
6) The Stars My DestinationAlfred Bester (1956)
7) A Canticle for LeibowitzWalter M., Miller Jr (1959)
8) Childhood's EndArthur C. Clarke (1953)
9) Ender's GameOrson Scott Card (1985)
10) HyperionDan Simmons (1989)
11) GatewayFrederik Pohl (1977)
12) The Forever WarJoe Haldeman (1974)
13) More Than HumanTheodore Sturgeon (1953)
14) Lord of LightRoger Zelazny (1967)
15) NeuromancerWilliam Gibson (1984)
16) Startide RisingDavid Brin (1983)
17) The Time MachineH. G. Wells (1895)
18) The Man in the High CastlePhilip K. Dick (1962)
19) The DispossessedUrsula K. Le Guin (1974)
20) Stand on ZanzibarJohn Brunner (1968)
21) Nineteen Eighty-FourGeorge Orwell (1949)
22) The Demolished ManAlfred Bester (1952)
23) The Martian ChroniclesRay Bradbury (1950)
24) Starship TroopersRobert A. Heinlein (1959)
25*) Downbelow StationC. J. Cherryh (1981)
25*) RingworldLarry Niven (1970)
27) 2001: A Space OdysseyArthur C. Clarke (1968)
28) The War of the WorldsH. G. Wells (1898)
29) Fahrenheit 451Ray Bradbury (1953)
30) The Mote in God's EyeLarry Niven & Jerry Pournelle (1974)
31) Way StationClifford D. Simak (1963)
32) Star MakerOlaf Stapledon (1937)
33) Dying InsideRobert Silverberg (1972)
34) The City and the StarsArthur C. Clarke (1956)
35) DhalgrenSamuel R. Delany (1975)
36) Rendezvous with RamaArthur C. Clarke (1973)
37) Mission of GravityHal Clement (1954)
38*) CityClifford D. Simak (1952)
38*) CyteenC. J. Cherryh (1988)
40) Flowers for AlgernonDaniel Keyes (1966)
41*) Double StarRobert A. Heinlein (1956)
41*) Earth AbidesGeorge R. Stewart (1949)
43*) The Door Into SummerRobert A. Heinlein (1957)
43*) Last and First MenOlaf Stapledon (1930)
43*) UbikPhilip K. Dick (1969)
46*) NorstriliaCordwainer Smith (1975)
46*) The Witches of KarresJames H. Schmitz (1966)
48*) FrankensteinMary Shelley (1818)
48*) Have Space Suit -- Will TravelRobert A. Heinlein (1958)
48*) Time Enough for LoveRobert A. Heinlein (1973)
51) Do Androids Dream of Electric Sheep?Philip K. Dick (1968)
52*) The Gods ThemselvesIsaac Asimov (1972)
52*) "Riverworld" series, Philip José Farmer (1971)


jueves, 17 de mayo de 2018

334 (1972) by Thomas M. Disch

Thomas M. Disch es a Truman Capote lo que un excelente actor secundario a una estrella de cine.

Quizás por su carácter, o quizás porque nunca fue a la fiesta apropiada, Disch tuvo que acudir a la mistificación que suponía escribir historias de ciencia ficción en los años 60, para poder escribir lo que él quería escribir. Lo que le suponía un considerable añadido de libertades; y a la vez, de encorsetamientos.




"334" (1972) nunca será una novela de masas, al estilo de "1984" (1948) o "¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?" (1968), por más que sea un complemento necesario de las dos. Una especie de tercer vértice que nos hace pensar en lo que Orwell y Dick se dejan por el camino. No solamente el Estado propone y dispone, y el héroe blanco de toda la vida está cansado de luchar, aspirando solamente a un poco de paz doméstica. También hay gente de otras razas, negros e hispanos en el caso de "334", también hay homosexuales y lesbianas, también hay niños superdotados completamente inadaptados. Ancianos y ancianas que no saben qué hacer con sus vidas. Niños y niñas que desean hacer algo con sus vidas. Discapacitados. Drogadictos por doquier (el drogadicto es quizás el tipo de personaje que mejor aguanta el juicio del público general... ¿?¿?). Y sexo. Bastante (no mucho) sexo, y masturbación. Algo que parece que no es un problema en la gran y genial, blanca y moderna, distopía. Solamente los degenerados de un barrio-hongo neoyorkino lleno de inmigrantes parece que son los suficientemente animales como para pensar en el sexo, como si no tuvieran suficientes problemas ya.

Se sugiere en varios párrafos: lo único a lo que pueden recurrir algunos personajes de la novela (sobre todo los niños) es la a biblioteca pública. Allí comprobarán si lo que piensan es cierto (aunque no lo llegamos a saber).

Los mayores lo tienen más claro: acuden al centro comercial. Cuando no tienen un céntimo, al centro comercial-museo, donde se maravillan de las cosas que algunos pueden o han podido llegar a comprar. Cuando hay algo de dinero en el bolsillo, al de verdad, donde se lo funden todo a las primeras de cambio. ¿Comida? Lo que caiga.

334 es el número de la calle donde se encuentra la inmensa torre de apartamentos donde viven parte de los protagonistas. El ascensor no funciona. Salir a la calle es una aventura. Mientras, los que viven, no aparecen por casa. Van dan tumbos por aquí y por allá, haciendo chapuzas, o cometiendo delitos (que tampoco son demasiado investigados que se diga).

Disch consigue construir una serie de relaciones muy fuertes con unos pocos personajes de una misma familia, sobre todo en el último tercio de la novela. Al final, el lector casi se siente perteneciente a ella. Pero de una familia lejana con la que está bien cenar y charlar un poco una vez cada diez años, para luego salir huyendo por las escaleras, como hace el estudiante Len Rude.

Bueno, en realidad 334 no es una novela. Es un conjunto o "fix-up" de varios relatos, siendo el último el más largo y que le da más cohesión a la historia. Pero esto es lo de menos.

Tiene una carga eléctrica esta novela como pocas veces he leído. Y es una carga negativa. Recomiendo su lectura, pero hay que elegir un fin de semana tranquilo, e intentar leerla del tirón, sobre todo cuando llegamos al capítulo "334". Mejor así.


Lo que piensa Lottie sobre el fin del mundo es el párrafo más acojonante que he leído en mucho tiempo. 


Disch consigue vendernos una novela realista (Zolista) como una de ciencia ficción, pero es que seguramente le obligaron a ello las circunstacias que fueran. En esto, se parece mucho a Philip K. Dick. Ambos tenían una preocupación principal por describir su sociedad y la que auguraban. Por ejemplo, en "The Man Who Japed" (1956), de Dick, el principal temor del ciudadano medio es perder el derecho a poder seguir alquilando su vivienda, y no ser expatriado a un planeta exterior.

Y no han cambiado mucho las cosas. "334" se sitúa entre los años 2021 y 2025. ¡¡No quedan ni tres para acercarnos al 21!! Y sí, muchas cosas son como las que describe Disch. No como realidades individuales, si no más bien como amenazas colectivas, como certeras posibilidades, como absolutas certezas.

Disch, aparte de escribir bien, muy bien, siente más que piensa, y se nota. La pesada carga melancólica de los habitantes de "334" imaginada en 1972 es poesía maldita en el siglo XXI. Para quien se atreva con ella.