martes, 30 de enero de 2024

Dragon's Egg (1980) - Robert L. Forward / Cosmo (1998) - Gregory Benford

 

Hoy toca revisar, aunque sea de manera sucinta, un par de novelas que tienen algunos puntos en común.

La primera, “Dragon’s Egg” de Robert L. Forward. 1980. Tiene su continuación, “Starquake” (1985), que tengo pendiente de leer.

Se puede considerar como la bilogía de los “cheelas”, la especie que surge en “Dragon’s Egg”.

La verdad sea dicha, “cheela” suena fatal; ¿algún tipo de bicho selvático? Podría haberse denominado de otra manera. La leí hace ya un año y medio, y la rescato para escribir un poco sobre ella al haber terminado estos días "Cosmo", de Gregory Benford. 

 

 




La novela de Forward es muy potente, y entra de alguna manera dentro de la creación de mundos a partir de la nada, con la sola imaginación del autor. Algo hay en ella de “Helliconia” (Aldiss) o de “The crucible of time” (El crisol del tiempo) de Brunner. Aunque de hecho, es ligeramente anterior.

 

Sin embargo, en este caso, como el de Gregory Benford (con quien voy después), Robert L. Forward es físico. Con lo que dejamos de lado la “sociología” de Aldiss o Brunner, y entramos a saco en conceptos científicos.

 

Creo que la gran virtud de “Dragon’s Egg” es que logra mantener la atención del lector en todo momento. Al principio, desde luego, con una serie de explicaciones sobre la propia creación del mundo. Como si dispusiéramos de un “zoom”, nos vamos acercando a los hechos en riguroso directo. Forward crea un nuevo universo, un micro-universo totalmente alien, y nos describe con pelos y señales su desarrollo. Y no olvidemos que estamos en 1980.

 

18 años más tarde, Gregory Benford lo intenta de nuevo. A partir de un experimento en un acelerador de partículas… se crea un nuevo mini-universo. La ortodoxia en este caso manda, y Benford no nos dice nada sobre lo que hay en ese pequeño y nuevo cosmos. Solo lo que con la teoría científica más avanzada pueden confirmar o no sus físicos protagonistas. Lo que nos deja con muchísimas ganas de saber algo más, y además, y esto es lo peor de la novela, Benford piensa que nos puede entretener con la vida privada de esos físicos protagonistas… cosa que no consigue en ningún momento. 

 


 

En resumen, donde Forward inyecta fantasía (se inventa un montón de cosas, pero con una base científica cierta y además muy bien detallada), Benford se queda a medias. Porque suficiente fantasía es la propia creación de un nuevo Cosmos en un laboratorio, pero a partir de aquí, como digo, se pone en plan ortodoxo y burócrata, con lo que la novela pierde mucho interés, y el lector tiene ganas de llegar al final, a ver qué pasa con el objeto creado, y poco más. Una pena.

 

Forward nada más comenzar la novela le da una buena pista al lector. En una especie de masa pétrea, los restos de una estrella de neutrones, que viaja a muchísima velocidad, se dan continuas variaciones y combinaciones de fusiones nucleares. De repente, se da una combinación que cumple dos condiciones para que la vida como la conocemos comience a desarrollarse. Una: la recombinación de átomos es estable, ya no va a cambiar más. Dos: estos átomos a su vez pueden reproducirse.

 

Aquí la explicación, en original.

 

Se supone que fue gracias a esto que nuestro propio mundo comenzó a crearse, en reacciones en cadena que se podían contar por billones o trillones de veces.

 

A partir de aquí, y de una forma muy emocionante, vamos conociendo cómo toda una civilización nace en esa estrella. Y por otro, cómo alguien en la Tierra da con esos restos porque llaman la atención por algo.

 

En la novela de Benford, que por cierto, hoy es su cumpleaños, ¡felicidades!, el comienzo es muy parecido. Tenemos en un laboratorio un nuevo mundo por descubrir, o al menos, los científicos se dan cuenta de que lo que tienen ante sus ojos es algo inaudito… pero como ya he apuntado más arriba, la novela va transcurriendo a partir de cierto punto con un punto de vista realista y ortodoxo. Al lector se le somete a las presunciones de los físicos. El mérito está en que Benford mantiene con coherencia hasta el final su postura. Una apuesta muy fuerte que le cuesta ritmo, dinamismo, y le hace caer en estrategias argumentales que parecen sacadas de un folletín o de una muy mala película de acción (con secuestro de la protagonista incluido, -soso y sin ninguna emoción-).

 

En resumen, dos trabajos que tratan de explorar la idea de la creación de un mundo, desde el momento cero. Mucho más recomendable la obra de Robert L. Forward (número 5 de la colección Nova, “El huevo del dragón”, editada en 1988, hace ya 35 años y sin noticias de ninguna reedición) que la de Gregory Benford (escritor que sale mejor parado en cuanto a ediciones). No olvidemos que “Cosmo” se escribió en 1998, es decir, 18 años más tarde que “Dragon’s Egg”.

 

Lo dejo aquí. Un par de novelas para aficionados a la ciencia ficción “dura”, norteamericana, con explicaciones físicas bastante asimilables. 

 

Dos detalles finales de "Dragon's Egg". Pone fechas. Algunas muy interesantes, para ser concebidas en 1980... (por cierto, una de las cosas más chulas es tratar de entender la diferente percepción del tiempo de los humanos y de los cheelas...). 

 

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jueves, 18 de enero de 2024

El Crisol del Tiempo (1983) - John Brunner

 Publicada originalmente en 1983, poco después de "Helliconia Spring". 

¿Sabía Brunner de la novela de Aldiss? ¿Aldiss de la de Brunner? 

(Este título en concreto se editó en castellano en 1995, en la colección Nova). 



Tiene en común con "Helliconia" la explicación paulatina de un mundo completamente nuevo, aunque ambos trabajos en realidad son bastante diferentes. 

Aldiss crea un espacio-tiempo diferente, pero humano. Y así, mucho más verosímil, intenso, poderoso.

Lo de Brunner no es humano (algo que le da mucho trabajo de creación), por lo que la posición empática del lector, aunque sea inconscientemente, no es la misma. Algo que en vez de restar, debería añadir mérito al trabajo de Brunner. 

De cualquier manera, se trata de dos autores que no necesitan mayor presentación. 

 

"El crisol del tiempo" lo leí hace ya año y medio. Una lectura veraniega que disfruté muchísimo, que se me hizo muy agradable. Lo que no ha sido tan divertido es esperar tanto tiempo para poder escribir esto.

La novela se divide en 7 capítulos. Por si fuera poco el nuevo ecosistema en el que se introduce al lector de partida, en cada uno de esos capítulos, a su vez, nos vemos imbuidos en radicales cambios de situaciones espacio temporales. 

¿Qué ocurre? ¿Eres de los que quieres acompañar a tu personaje favorito, ese con el que ya te identificas en la página 23, hasta el final del libro? Olvídate. 

La gran baza de este trabajo es su continua metamorfosis. No solamente Brunner se toma el trabajo de presentarnos y descubrirnos una civilización completamente alien a nuestra naturaleza, si no que a su vez la desarrolla, y emprende la escritura de su evolución durante muchas generaciones. 

También tiene su lado de aventura, por supuesto, y bien buenas aventuras se describen, dicha sea la verdad. Y muchas de ellas tienen que ver con esos cambios en la propia ecología que rodea a los pueblos que van siendo descritos. No es "Dune" esta novela, no pretende serlo. 

Herbert es maestro del matiz psicológico; Brunner quizá haya que describirlo como un maestro del paisaje. 

A medida que avanzan los capítulos, de alguna manera los personajes más "inteligentes" van sacando conclusiones. Se explican entre ellos, explican a sus pueblos, explican al lector. Un invento como el "telescopio" es fundamental para hacer cierta lectura de la posición de las estrellas. Las siguientes generaciones tomarán nota y sacarán conclusiones.

Evidentemente, Brunner, como Aldiss, crea y destruye, desarrolla y mengua a su antojo, y el lector disfruta. 

En resumen, me alegro mucho de haber leído este trabajo de Brunner. Su segundo tras "The Stone That Never Came Down". Muy superior este "El Crisol del Tiempo". Tiene su continuación... que en principio no creo que lea, pero a Brunner uno siempre debe volver...

 

 

lunes, 18 de diciembre de 2023

Nuestra Parte de Noche (2019) – Mariana Enriquez

Esta novela, larga, densa, capitular, generacional, canto de cisne contemporáneo, destinada a los altares más venerados… 

 


Como lector uno ya tiene cierta experiencia, y se tiene que dejar llevar por ciertas intuiciones y sensaciones. En este pasado verano, tras considerar las posibilidades de tiempo de lectura, vislumbrando un panorama mucho más despejado que de costumbre, me dije a mí mismo: “Ahora o nunca, vete a por esta novela”.

Que no quiere decir que uno no se eche a la piscina de todas maneras; que uno no sepa ya lo que va a ocurrir con todos y cada uno de los libros que se editan. Siempre puede haber sorpresas, y normalmente negativas. Pero esta vez ha sido especialmente positiva.

 

Mariana nació en 1973, y se ve que ha leído, ha visto, ha escuchado muchísimas obras comunes a nuestra generación, con especial interés en ciertas fuentes procedentes de lo fantástico, lo numinoso, lo friki (antes de que nadie supiera qué era ser friki, o quisiera parecerlo).  

 

Que sea además una chica, una mujer, la que sea capaz de resumir tantas y tantas cosas en menos de 700 páginas es algo que conviene celebrar de forma rotunda. No se trata de un renovado profeta, convertido en el heredero de cierta oscura tradición que podría comenzar perfectamente con Edgar Allan Poe. Se trata de una chica que publica en Anagrama, una de las editoriales más potentes de este país. No es un caso de pequeña editorial, de un secreto compartido por unos pocos. Es una de esas novelas bastante o muy leídas por el público, que puede pasar por buena, o muy buena. Que no es poco. Pero para los iniciados e iniciadas, su popularidad es lo de menos. Han transcurrido 4 años desde su publicación, su particular “boom” se ha desvanecido, las cámaras se alejan de alguna manera de la novela, y es aquí, ahora, cuando nos damos cuenta de que la obra tiene vida propia, de que sus personajes son tan reales como nosotros mismos. 

 


 

Los tiempos cambian, las geografías también, de repente hay alguien que consigue atravesar la noche, por una de sus caras más agrestes o afiladas, se empapa de barro, de vahos, de niebla, de miedo, y sale victorioso del paseo. En este caso, victoriosa.

Ando hojeando ahora mismo la novela  por su comienzo, con Juan y Gaspar, padre e hijo, metidos en un viaje de carretera en la Argentina profunda, llena de soldados, de leyendas en el asfalto, en plena dictadura. O antes de esta. O después. Mariana bascula las historias entre los años 60 londinenses (psicodelia, drogas, sectas) y los años 80 y 90 argentinos, bien en Corrientes (ciudad fronteriza con Paraguay), Buenos Aires, Entre Ríos, o la propia carretera…

Resumir el argumento podría ser útil, si tuviera alguna utilidad (perdón). Es mejor ir descubriéndo lo que se cuenta por uno mismo. Por momentos, la novela se hace desagradable, porque hay dos o tres personajes muy desagradables. De esos que también existen en la vida real. De los que disfrutan con el dolor ajeno.

Teniendo en cuenta el historial de este blog, con un montón de reseñas dedicadas a la ciencia ficción, dedicar estas pocas letras a “Nuestra parte de noche” no es si no un pequeño grito en la infinita oquedad virtual que nos rodea, una mini llamada de atención.

Vale la pena el viaje. Sobre todo si alguna vez fuiste niño. O “It” te pareció una maravillosa novela.

Sumérgete en la noche.

 

 


 

Noticia: Mié 6 diciembre 2023 | 14:31

Nuestra parte de noche, la novela de Mariana Enríquez, sigue su carrera internacional con éxito. La traducción al inglés, “Our share of night”, fue elegida como uno de los cien libros más destacados de 2023 por la revista Time y se trata del único libro argentino que figura en la selección. 

 


 

miércoles, 21 de junio de 2023

Fourth Mansions (1969) - R.A. Lafferty

 R.(Rafael) A. (Aloysius) Lafferty (1914-2002) 

Vale, hace demasiado que no pasaba por aquí, y voy a intentar escribir algo sobre esta novela de 1969.

Es la que tengo más reciente.

Lafferty es uno de esos autores pretendidamente de ciencia ficción, encasillado en este género porque en algún sitio había que clasificarlo. Cosas de la New Thing, Nueva Cosa, que surgió en aquellos tiempos.

Realmente, una etapa de experimentación literaria, a la que se había llegado gracias a una madurez cultural (en el mundo Occidental al menos) que más tarde comenzó a descomponerse (llegando a la putrefacción a finales de los años 80, comienzos de los 90).

Sí, los años finales de la década de los 60 del siglo XX fueron muy importantes. Podemos relacionarlos con la cultura hippy, pero esto es una simplificación muy grande. Estaban los hippys, pero había mucho más.

Para empezar, parece ser que había tiempo para la creación. Sin esclavismos de cara a redes sociales o intentos de auto-realización dirigidos a luchar contra la angustia vital que nos rodea en el siglo XXI. Parece ser que, como digo, había más tiempo, y una disposición creativa no dominada por la pre-depresión con la que se hace arte hoy en día, en el sentido de que para cuando se comienza a crear, ya se está pensando en una posterior creación que debería estar a la altura de las circunstancias (canibalísticas), desatando una serie de reacciones en cadena nada lejos de la neurosis.

Porque al elemento cualitativo, se une el cuantitativo. Si tengo éxito con un reel en Instagram, ¿cómo hago para seguirlo teniendo? etc, etc… Esta presión que la tuviera un famoso actor o actriz o músico o directora en los años 60 debe entrar dentro de la lógica del o de la Profesional. Pero aquí ni somos profesionales ni deberíamos aspirar a serlo, pero nada, aún así, seguimos trabajando con una disciplina que para sí quisieran algunas fábricas del Lejano Oriente.

[Yo al menos escribo todo esto por amor al arte, sin mayores pretensiones, y como cierta forma de auto-diagnóstico].

Pero volvamos a lo que nos ocupa.

‘Fourth Mansions’ es una novela complicada. Como ya he apuntado aquí varias veces, no tanto por la indefensión que uno tiene ante su lectura directa en lengua original, si no porque los propios anglosajones tienen sus dificultades de comprensión.

El mismo título ya se las trae. “Cuatro Mansiones” es lo que podríamos esperar de primeras de la combinación de nuestra vista y cerebro traduciendo. Pero el ‘th’ cardinal añadido al ‘four’ lo convierte en “cuarto”, y el título debería ser “Cuartas mansiones”.

Leyendo la novela, uno puede explicar el título como una alusión al entramado cerebral que llevamos dentro, refiriéndose a las “habitaciones” o “mansiones”, siendo el ala cuarta a la que se accede al final de la novela, donde todo es un caos bastante impenetrable.

El protagonista de la novela es un tal Fred Foley, que a mí me ha recordado no pocas veces a Gully Foyle, el protagonista a su vez de “Las estrellas, mi destino”.

Ambos comparten una serie de aventuras imposibles, como héroes que son en un mundo completamente imprevisible. Lo de Foyle sí es ciencia ficción, en un sentido más clásico.

Lo de Foley es más de arte y ensayo. Un periodista que nunca deja ninguna historia (por inverosímil que sea) sin comprobar que sea cierta. Y la que tiene entre manos es bastante alucinante: un político de las altas instancias ha sido abducido por la mente de un egipcio muerto hace mucho tiempo. Y están “los cosechadores” (o ‘harvesters’) que a través de ciertos barridos mentales, controlan la mente de las personas, y entre todos ellos y ellas, planean hacerse con el Universo. Hay cierta alegoría eros-tanathosiana, muerte y placer, etc… muy (muy) de su época. Serpientes enroscándose entre ellas, intentando a la vez amar y estrangularse entre ellas. De este palo estético, que no consigue despegar, aunque Lafferty lo intenta varias veces a lo largo de la novela.

Hay mucho simbolismo, preciosismo con el lenguaje, a la vez que se trata de llevar adelante el argumento. La novela se sigue con atención, sobre todo pasada una fase inicial un poco caótica, y hasta parece que tiene cierta coherencia. Fred Foley, Federico, parece que va atando cabos. Pero al final, es apresado en una especie de sanatorio, donde todo tipo de gentes viven con sus obsesiones y temores. Perdemos contacto con el argumento. Lafferty juega al juego de quién está loco, quién dice la verdad, quién miente o viceversa, y es todo como muy funambulista. 

Esta es una de las frases que más me ha gustado. Una explicación del matrimonio que no poco tiene que ver con la composición musical con un sintetizador: 

 


 

Ha pasado a la historia como una novela difícil pero guay, y creo que ahora es más difícil que antes y mucho menos guay. El que sigue siendo un maestro con este tipo de juegos es nuestro amado y amigo Phil. Para recetas parecidas, él supo dar con la cantidad adecuada de sal, aceite, ajo y cebolla, pimienta y demás. Según los gustos, pero con sencillez.

El último capítulo es prácticamente ininteligible. Lo que me ha dejado mal sabor de boca. Me ha fastidiado. No me lo esperaba. Tan radical. Posiblemente, en estos años que vivimos, ya vamos por la tercera década del siglo, no estamos para explicaciones del tipo que intenta sugerir Lafferty. Completar su novela con una serie de alusiones a diversos monstruos, a las profundidades de la mente humana, a las luces y sombras de la creación, al infinito proceso de creación y destrucción… con un par de hilos argumentales que abandona a su suerte… Creo que se nos pide demasiado. Y además, entramos ya en terrenos de una fantasía literaria que no me atrae.

La novela de Lafferty se agradece más por su intento literario, no por lo que se cuenta en ella, y hoy en día su publicación sería casi suicida desde el punto de vista de un editor, y su lectura muy a contracorriente por parte del lector. A no ser que entremos en el ámbito del “culto”, del adolescente creyente o del desesperado insomne.

También hay que destacar que las ediciones de Lafferty no destacan por su disponibilidad, y son más caras y complicadas de conseguir. Algo que nos tiene que alegrar. No por ser más difícil de conseguir, o más caro, va a ser mejor.

Mi edición, de 1977. 



 

Espero poder seguir leyendo este tipo de literatura de “críptica-ficción”. ¿’Viriconium’?...