viernes, 25 de febrero de 2022

The Three Stigmata of Palmer Eldritch (1965) - Philip K. Dick

 

“Los tres estigmas de Palmer Eldritch”...

Solamente el título daría para muchísimas conversaciones. No es fácil definir lo que es un estigma. Supuestamente, ya sea en las manos, en los pies, o en el costado derecho, de repente se manifiestan unas heridas parecidas a las que tuvo que sufrir el mismísimo Jesucristo en la Cruz.

Y Palmer Eldritch es un tipo cuyos ojos, manos y dientes poseen estigmas. Estas partes de su cuerpo se han metamorfoseado en algo metálico, inhóspito, lejano.

En la siguiente cubierta, la de la primera edición, aparecen la mano, el ojo y la dentadura.

 

La cubierta de SF Masterworks tampoco tiene desperdicio.

 


 

Novela de 1965. Tuvo que competir nada menos que con “Dune” en los Premios Nebula, siendo finalista. Ganó “Dune”, of course.

Y han coincidido casualmente en mi horizonte lector primero “Dune”, para posteriormente retomar mi lectura cronológica de las obras de Dick... ¿Una señal?

 

Circula por Internet la mítica cubierta que en 1975 la editora Manor usó para esta novela. Y que antes y después, 1972 y 1978 se utilizó también para editar “Dune”.

 

  


Y añado las notas al respecto que se indican en el maravilloso sitio web www.isfdb.org

·  A Manor Book ... 1975

·  Cover artist is not credited. No visible signature. Bruce Pennington is confirmed by Jane Frank in Science Fiction and Fantasy Artists of the Twentieth Century

·  Illustration was also used for the 1972 and 1978 NEL editions of Dune.

 

 

Esta ha sido mi edición.

La Red está llena de resúmenes de la intrincada historia que se cuenta en la novela.

Básicamente, una vez más, un tipo normal se ve metido en una aventura cósmica, inimaginable al principio de la novela. Y en la parte final, es tal el cacao que se forma, que por momentos uno piensa que si aparta la vista del libro que está leyendo, el mismísimo Palmer Eldritch se va a presentar delante nuestro, con su sonrisa metálica.

Pero ya que tengo tan reciente la lectura de “Dune” voy a hacer un poco de literatura comparada.

 Ambas comparten tres puntos de unión muy concretos: droga, religión y un clima tórrido (tanto en el Arrakis  de Herbert como en la Tierra de Dick). De hecho, en la Tierra ya hace mucho más calor que en las diurnas arenas donde habitan los Fremen. ¿Fueron los veranos de mediados de los sesenta del siglo pasado especialmente calientes? Si Herbert o Dick sufrieran los de ahora...

 

1)  El planetólogo Kynes les dijo a los Fremen que en unos 500 años, Arrakis podría ser realmente habitable. Dick describe la ciudad como un creciente infierno, en el que ya existen viviendas subterráneas, en la calle hay gigantescos sistemas de aire acondicionado, y los taxis son como pequeños refugios temporales hasta que uno llega a destino. En este sentido, Dick siempre fue mucho más práctico, directo e imaginativo. La tarea de Herbert era mucho más descomunal: atenerse a las leyes de la realidad para construir un mundo totalmente nuevo, algo que puede irritar al lector que le pide más marcha a sus lecturas; las cosas no son tan rápidas ni sencillas. El caso de Dick es el opuesto. Le va la marcha. Con dos o tres párrafos, de una prosa increíblemente sencilla, te pone al día de lo que hay. Y comienza el viaje. Ambos escritores en este caso se complementan. Diferentes. No comparables.

  

2)      2) En “Dune”, el melange o especia que provoca visiones del futuro a los elegidos, además de muchos otros efectos físicos o psíquicos a todo el personal, es el catalizador de toda la historia que se cuenta.  También está el nemuta, una muy sugerente combinación de música y droga que llega a las capas más escondidas del subconsciente. Aunque es apenas mencionada en toda la novela.

En la novela de Dick, son dos las sustancias que invaden la vida cotidiana de los humanos. El Can-D, candy (caramelo), es una droga digamos que blanda. La usan los colonos que dejan (obligatoriamente, llamados a filas) la Tierra, y se dirigen a diversas colonias humanas del Sistema Solar. Es en Marte donde Dick emplaza la colonia protagonista de la novela. Allí, la vida es tan gris y aburrida que a alguien se le ocurrió desarrollar todo un mundo de miniaturas que representan escenas de la vida terrestre. Y con estos layouts (especie de maquetas a escala), la gente se reúne, toma Can-D, y a través de éste, puede experimentar escenas en las que uno es protagonista, coge un cochecito, se va a la playa con su novia, y habla de sus cosas con ella.

 


 

 


 

Esto de la miniaturización es ya de por sí impresionante. Solamente por esto, vale la pena leer la novela. Y Dick apenas da detalles. Una de las parejas se gastó sus skins  (dinero) en la escena de un psicoanalista, incluyendo el sofá, la mesa, la moqueta y unos libros tremendamente realistas... (ver foto más abajo). 

 

 
 
Hasta que llega de vuelta de más allá del Sistema Solar un tal Palmer Eldritch. Y con él, una nueva droga, el Chew-Z (“¿mascazeta?”, -me recuerda el nombre a los carbonatados petazetas-).

Los efectos de éste son mucho más radicales. Lo que en nuestra realidad pueden ser dos minutos, la sensación de estar allá donde te lleve el Chez-Z puede ser de horas, días, semanas... atrapado en un mundo que no suele ser muy agradable, pues termina por aparecer la desagradable figura del mismo Eldritch.

 


 

3) Y llegamos a la religión. En “Dune” Herbert se encarga de racionalizar como ya expuse en la anterior entrada de este blog todo concepto religioso que aparece en la novela. Aquella ingeniería. En el mundo de Barney Mayerson, el tipo normal (aunque pre-cog) que tendrá que vérselas con Eldritch, no es que quede mucha religión. Acaso el Neo Cristianismo, o una vuelta a los esquemas de la vieja religión cristiana. Pero resulta que el Chew-Z también tiene su lado de misticismo. ¿De dónde proviene esa droga? ¿Por qué quien la toma acaba por ver a Eldritch? ¿Cómo es que Eldritch se puede meter en la experiencia de todo aquel que ha probado el Chew-Z? ¿Incluye esta droga una sustancia por la que se acerca al Sistema Solar una nueva deidad? ¿O es una manifestación más de Dios?

 

Curiosamente, por muy poco probable que suene esto, realmente cuando se está dentro de la novela, Dick consigue, ¡¡no sé cómo!!, que el lector experimente una especie de visión mística, que por momentos crea que Dios existe y se manifieste a través del Chew-Z. Creo comprenderlo todo.

 Al menos, me tomo en serio lo que escribió Dick, aunque ya tengo mis años. Para un lector adolescente, toda la novela puede sonar a trama genial que lleva al extremo los giros de guión, y se puede divertir. Como siempre, hay humor en Dick, pero no creo que sea un libro para tomárselo a broma. Hay un intento de explicación. Muy, muy nebulosa. Supongo que de alguna manera ya me estoy acercando al 2-3-74.

 

 
 



Y para terminar, ¿qué tal un libro para los místicos que alude a la física cuántica? Lo digo porque Dick incluye en la novela un chiste sobre un gato y una chuleta, y la chuleta desaparece, y lo lógico es pensar que se la ha comido el gato, que pesa lo mismo que la chuleta, una vez ha desaparecido esta... ¿Y dónde está el gato?, pregunta alguien.

 

Hmm... recomiendo la lectura de “Dios y la Ciencia. Hacia el metarrealismo, de Jean Guitton”. Libro teórico donde también se describen experimentos como el del gato, solo que se supone que hay que observar, y cómo el observador condiciona lo que va a suceder, etc, etc... y a mí todo esto se me mezcla un poco en la cabeza, porque es muy complicado atrapar un concepto sin que se nos escape inmediatamente...


Y... la próxima... va a ser un cambio radical... me alejo de los planeadores años 60 durante una temporada... 

 

miércoles, 2 de febrero de 2022

Dune (1965) - Frank Herbert


            Escribía allá por Septiembre del año pasado (2021) una breve reseña sobre Stanislaw Lem (celebrando el centenario de su nacimiento) y sobre su novela “El Invencible”. Apuntaba en ella algunos de mis escritores favoritos de ciencia ficción, y con cierta prudencia incluía el nombre de Herbert entre interrogantes.

 No era si no un pequeño guiño a la que iba a ser mi siguiente lectura: “Dune” (1965). Casualmente, editada un año más tarde que “El Invencible” (1964).

 De Herbert ya había leído antes “The Santaroga Barrier” (1968), en la que cierta sustancia, el Jaspers, hace que la población de Santaroga posea unos comportamientos muy concretos. 

 


 Habiendo leído “Dune” ahora no me es difícil imaginar a un Herbert aficionado a experimentar con las sustancias alucinógenas que se encuentran en algunos tipos de hongos. Mínimamente (si es que no probó cosas menos naturales), como correspondía a su generación y a los nacidos en la Costa Oeste de los EEUU (esto último es un cliché tan grande, pero tan romántico). Supongo que de forma bastante sana. Como constantemente se sugiere en “Dune” lo que puede ser algo liberador y poderoso, también puede ser adictivo o incluso mortal. La especia que sólo se produce en Arrakis, y en ningún otro sitio del Universo, es ampliamente descrita a lo largo de la novela. Engancha, amplifica los estados mentales, nuestros ojos se vuelven azules... pero a falta de ella, tras un consumo alargado en el tiempo, se produce la muerte...

 

                             Mapa de Arrakis

 

57 años tiene la novela. Contemporáneamente, se ha estrenado la versión cinematográfica de Dennis Villeneuve, a la que espero poder echar el guante dentro de poco. La novela de ciencia ficción más vendida de la historia. Anticipadora concreta de todo el universo de “Star Wars”. Símbolo de apología ecologista, y en estos tiempos, catalizadora de eso que se denomina “cambio climático”. Casi seiscientas páginas. Y lo que es más sobresaliente: definitoria de lo que es ciencia ficción, y no fantasía. La plena y consciente racionalización del Universo, eso sí, por momentos tamizada por el efecto de algunas sustancias naturales.

Mi acercamiento a “Dune” ha sido clásico. La manera de escribir de Herbert es clásica. Por su estilo, el ritmo, y el tono a veces algo aleccionador recuerdan más a la tradición del novelesco siglo XIX. Los pequeños párrafos introductorios a cada capítulo son de una densidad, belleza y profundidad inauditas. Si a lo largo de toda la novela se juega con la idea del futuro avistado, nunca cierto, a veces más probable que otras, se puede decir a su vez que esta novela parece ser escrita en el año 1865, por un visionario que en realidad añade muy poca tecnología. Es más, Herbert se inventa una revuelta universal (la Jihad Butleriana) por la que los ordenadores, robots y demás máquinas pensantes no hacen acto de aparición (un gran acierto). Es una novela de ideas, o más directamente, una bildungsroman. Como también lo es el “Dhalgren” de Samuel R. Delany. La clásica novela de formación de un héroe. En este caso, Paul Atreides.

Digo que mi acercamiento a “Dune” ha sido clásico porque antes de leer la obra, en su día vi la película de David Lynch (hace diez años). En su día me compré el cd de “Chronolyse” (1978) del músico francés Richard Pinhas, obra electrónica dedicada a “Dune”*. Y está el “Dune” de Klaus Schulze. Esto es como leer de pequeño un cómic adaptado de “Los viajes de Gulliver”, y leer la obra entera de adulto. Esto creo que es ser un clásico de verdad. La obra penetra en otras realidades culturales ajenas a ella, y a través de éstas, su original manifestación acaba por ser explorada finalmente. Y constantemente, a lo largo del tiempo, surgen más representaciones.

[*] Richard Pinhas dedica un tema a Paul Atreides (una sinfonía de casi treinta minutos) y otro a Duncan Idaho. Curiosamente, no a Gurney Halleck, que es mucho más protagonista que Idaho... al menos en el primer “Dune”. Y yo por eso pensaba que Idaho sería un personaje mucho más importante. ¡La Luna “Chronolyse” girando alrededor de Arrakis! 

 

                                                                         Chronolyse (1978)

No es fácil resumir “Dune”. El argumento es quizá lo de menos. La eterna disputa entre poseedores y desposeídos, entre los que lo tienen casi todo y quieren el resto, y entre los que no teniendo casi nada, logran alcanzar la gloria absoluta. 

 

                                                                      Así comienza "Dune"

 

Como ya he dicho, el motor que hace que la historia funcione es la constante racionalización de lo que ocurre. Y precisamente lo que mejor se explica, se sugiere, se corrobora, se comprueba es este proceso aplicado a la religión. Que no es otra cosa que una “ingeniería” humana realizada para cumplir una serie de objetivos previamente marcados. En uno de los apéndices finales que completan nuestro conocimiento sobre Arrakis, Herbert se refiere a los viajes espaciales como la nueva religión, teniendo en cuenta el grado de especulación mística que pueden llegar a sugerir.

¿A alguien le sorprende que el muy católico Tolkien no quisiera saber nada de “Dune”? Peor para él. Pero el tiempo planta sus propias semillas y a día de hoy, en el año 2022 de nuestra era, el gran fruto es que sabemos que “El señor de los anillos” es fantasía y que “Dune” es ciencia ficción. Aunque esto no sea ningún consuelo, es probable que hayamos hecho la “toma de conciencia” necesaria.

Como hacen los Fremen, habitantes del desierto de Arrakis, cuando su planetólogo Kynes les dice que cambiar la ecología del planeta bien puede llevar 400 o 500 años.

Hay un narrador omnisciente que cuenta todo en tercera persona, pero se añade en infinidad de ocasiones una interpretación en cursiva de lo que piensa en ese momento el personaje que ha hablado o actuado, o de su contraparte. Así como reflexiones numerosísimas del propio narrador, a través de sus personajes, que nos va dando pistas de lo que ocurre. Es el ensamblaje también lo que cuenta, y Herbert hace un montaje perfecto de la historia, nunca deteniéndose demasiado en alguna de las escenas, pero siempre añadiendo la atmósfera y el espacio necesarios para todas ellas.

Describe tres combates de hombre a hombre de forma antológica, especialmente el de Paul con Jamis, el Fremen que desea conservar las costumbres de su pueblo. El de Feyd-Rautha (sobrino del malvado Barón Harkonnen) con un esclavo. Y el último y final entre Paul y Feyd-Rautha.

En cuanto a las mujeres, en Arrakis, las Fremen (¿o Frewomen?) viven en una situación de relativo empoderamiento, porque en este caso, se trata de un pueblo entero que vive bajo el yugo de los Harkonnen y que debe luchar por su futuro en conjunto.

Pero la imagen general es que la mujer con cierto poder está muy relacionada con la idea de bruja, o de persona intrigante. Ejemplo, la propia madre de Paul, que cuántas veces es aludida como bruja o incluso traidora de la causa Atreides.

Se conjugan en la novela una serie de líneas argumentales en cuanto a los diferentes poderes que surgen de la mente, y del propio ecosistema de Arrakis. Las profecías son fabricaciones milenarias. El Bene Gesserit, sin embargo, no sale muy bien parado en uno de los apéndices finales. La investigación del ecosistema del planeta se explica poco a poco a lo largo de la historia, y más en detalle, en otro apéndice final. Administrar toda esta información no es fácil, pero Herbert cumple sobradamente, con las correspondientes dosis de suspense.

 


Es la cubierta del ejemplar que he leído la que exhibe uno de los frecuentes spoilers con los que hay que convivir ante la lectura de un clásico [antes de leerlo, uno ya conoce ciertas cosas], aunque es una idea que se va sugiriendo poco a poco en la novela, en las visiones de Paul, concretamente: los Fremen son capaces de cabalgar los tremendos gusanos que viven bajo el desierto de Arrakis, los catalizadores de la producción natural de la especia o melange tan demandada en el resto del Universo.

 


 

Como ya he apuntado también, Herbert juega continuamente con la idea del tiempo. El futuro es el pasado, se sugiere muchas veces. En cierta manera así es, pues lo que es el futuro para Paul y los lectores de sus aventuras, ya es pasado, pues todo está contado en “El despertar de Arrakis” de la Princesa Irulan, una de las fuentes bibliográficas que son usadas en esos preciosos párrafos introductorios a cada capítulo. Quizá la fuente más importante sea “Un manual sobre Muad’Dib’”, de también la Princesa Irulan. También “En la casa de mi padre” [el emperador Shadamm IV], de la Princesa Irulan. O de la misma autora, “Antología de dichos de Muad’Dib’”.

Copio uno de los párrafos aludidos, de la primera parte, el capítulo “Dune” dentro de “Dune”:

 

Greatness is a transitory experience. It is never consistent. It depends in part upon the myth-making imagination of humankind. The person who experiences greatness must have a feeling for the myth he is in. He must reflect what is projected upon him. And he must have a strong sense of the sardonic. This is what uncouples him from belief in his own pretensions. The sardonic is all that permits him to move within himself. Without this quality, even ocasional greatness will destroy a man.

-from ‘Collected Sayings of Muad’Dib’ by the Princess Irulan

Siguiendo con la idea del tiempo, quizá lo más bonito de leer “Dune” es que el lector entra dentro de esta especie de epopeya griega, en el tiempo y en el espacio. Me ha llevado cuatro meses leer la novela. Uno casi necesita de la paciencia de los Fremen (para que el proceso regenerativo de Arrakis funcione), pero a fuerza de constancia e interés uno se solaza, se asombra, se evade, se hace mejor persona leyendo “Dune”. Que no es poco. Y cuando llegue el verano y haga calor, pensemos en esa gente que vive en un desierto que puede llegar en superficie a los 80 Cº. Y cuando sea posible, proseguir con “El Mesías de Dune”...

Este es mi pequeño homenaje a esta magna obra de James Herbert.

 

jueves, 30 de septiembre de 2021

El Hombre Hembra (1970) - Joanna Russ

 Vuelvo con literatura de ciencia ficcón escrita por mujeres. Esta vez, libro de cabecera del feminist-sci-fi, o ciencia ficción feminista. 


Edición de Bruguera, en su colección Nova. 

Voy a añadir a continuación la introducción que hace el insigne Carlo Fabretti en esta edición, que he podido leer de la Biblioteca de la Casa de Mujeres de mi ciudad. 





No sé si hay mucho más que añadir. La novela ha sido reeditada este mismo año, 2021, en la colección NOVA de ciencia ficción. 

Aclarar que fue escrita en 1970, publicada en 1975 en inglés, y en 1978 en castellano (Bruguera). 


Russ fue una alumna aventajada (el mismo Nabokov le dio clases de literatura). Otro genio, al estilo Lem como decía antes, pero centralizado en su feminidad. Saltar de Lem a Russ ha sido una gran idea. Escritores coetáneos, en las antípodas uno de otro, ambos utilizan la ciencia ficción para expresar sus preocupaciones. 


Russ va a por todas. En la forma y en el fondo. Formalmente, la novela ni siquiera lo es tal. Está dividida en nueve partes (como podrían haber sido 7 o 14), y no hay un argumento con el clásico inicio-desarrollo-final. 

Sinceramente, como lector he tenido la sensación de como haber sabido de las protagonistas (cuatro mujeres en tiempos diferentes que se reunen físicamente no se sabe muy bien cómo) desde una lejana platea, con cierto voyeurismo a veces, y me imagino que porque lo que se cuentan son asuntos de mujeres. Preocupaciones, aspiraciones, quejas, esperanzas, intimidades. 

En 1970 Joanna Russ puso sobre la mesa con "El Hombre Hembra" una especie de antología titulada "Esto es lo que nos pasa a las mujeres; seguramente podría ser más amable, pero no me dejais otra que hacerlo así, con esta mala leche que tengo". 

 Siendo amable, se rebaja la carga de lo que se quiere expresar, y el libro puede desaparecer en el limbo de entre lo evasivo y lo comercial. Siendo poco amable, al menos se consigue llevar a imprenta lo que uno realmente piensa de la situación (de las mujeres). Esto es así. Russ fue poco amable. Lo sabía.

Repito, para ser 1970, las cosas estaban muy claras. Russ es consciente de que lo que escribe seguramente será tomado por una especie de reacción histérica femenina. Hasta esto lo previó. 

¡Han pasado 50 años! Poco se ha hecho, en realidad. Quizá, lo que se ha producido es la fagocitación de cierto feminismo amabilizado por el Sistema, que es lo que suele hacer Éste cuando le puede salir más cara la salsa que los caracoles (también ocurre con la multiculturalidad, la discapacidad, o la propia educación de nuestros niños). Se hace ver que el tema preocupa, se oficializan una serie de aspectos, se recogen una serie de normas o artículos en ciertas leyes o reglamentos. Parece que ya existe un paraguas invisible que hace que el Sistema no se moje, o al menos no lo haga cuando la lluvia es constante pero no intensa. Si llega la tormenta, ya saldrán los políticos a escena para intentar despistarnos a todos. 

Quizá este sea el gran problema del feminismo. Domesticado, no llega a ebullir. Pleno y luchador, nos pone la cocina como un Cristo. Algo parecido a lo que ocurrió con el Proletariado, que también fue convenientemente fagocitado. Entonces, poco a poco, supongo. 

A ver. Como novela de ciencia ficción, El Hombre Hembra es un poco decepcionante. Sí, por qué no decirlo. Ya he leído por ahí que precisamente afrontar esta novela como la primera de Russ quizá no sea la mejor decisión, y que tiene cosas literariamente más interesantes. 


Salvando esto, la novela se lee mucho mejor como documento histórico, como novela de su época (practicamente como Nouveau Roman), y sigue valiendo la pena leerla, por supuesto. 

Hay una especie de poesía, conjuntada con una intención de denunciar, y con otra de violentar al lector. Me parece muy bien, y en esto, Joanna Russ parece la hermana gemela de Samuel R. Delany. En esto van juntos. Genio, furia, poesía. 

Hay párrafos que me dejaban pegado al sofá. Párrafos que deberían ser analizados poco a poco. Entresacarlos de la propia novela. Imprimirlos por separado. Breves pero potentes manifiestos. Puestos sobre la mesa para ser... ¿ejecutados? Al menos, leídos.


Me faltan conocimientos, tiempo, también energía, pero a partir de "El Hombre Hembra" podrían surgir muchas conversaciones. Al menos, conversaciones. De eso que se llama "maternidad" "conciliación" "competitividad", "mundo de hombres" "cosas de mujeres", etc, etc...

Los ejemplares de la nueva edición irán a las baldas de "Ciencia ficción". Baldas que suelen estar situadas al lado de las de YA (Young Adult)... llenas de fantasía pre-adolescente... En fin, habría que ponerla en la entrada de la librería/centro comercial. Un par de columnas de cien ejemplares cada una, como si fuera el nuevo "Harry Potter" o "Futbolísimos" o "Otro Cadáver Más desde Suecia con Amor"...  

Así, sí. Pero no creo.

Centenario LEM, Stanislaw Lem (1921-2021)

 El pasado 12 de Septiembre de 2021 se cumplieron cien años exactos del nacimiento de Stanislaw Lem, sin duda uno de los mejores escritores de ciencia ficción de todos los tiempos, si no el mejor. 

A continuación, dos capturas de pantalla desde la cuenta de Instagram del Archivo de Varsovia:  



El propio Lem decía que probablemente había nacido el 13 en vez del 12... cosa que suele pasar con los partos, rompimiento de aguas un mediodía, con un nacimiento real en la madrugada del día siguiente...


En fin, para celebrar este hito decidí releer "El Invencible". 



Edición de Minotauro. "El Invencible" este mismo año se ha reeditado por Impedimenta. 

 

Después de llevar ya varios años explorando el vasto campo de la ciencia ficción (en su mayoría anglosajona) uno a veces se come con patatas algunos títulos que no dan la talla, aunque no dejen de ser entretenidas historias y cuenten con puntos muy interesantes en cuanto a ideas sugeridas. Solo algunos autores consiguen esos puntos adicionales con los cuales se aseguran una posterior lectura de otro trabajo suyo. También es verdad que volver al mismo autor no te deja de encasillar, y si siempre vuelves a tus favoritos (Dick, Aldiss, Delany, Brunner, Disch, ¿Herbert?) te metes en una espiral de la que no es tan fácil salir, más si cabe que cuando te sales, a veces la cagas (Leiber y su "The Wonderer", por ejemplo). 

 De Lem me había alejado bastante, entre otras cosas para desencasillarme de él. 

Aquí, viejas y algo juveniles impresiones, de hace ya ¡quince años!... Stanislaw Lem

Ahora, después de haber leído "El Invencible", y tras ese proceso, años de búsqueda y de captura de nuevos "valores" literarios en la ciencia ficción., tengo que decir que "El Invencible" me ha parecido supremo. No es que no sea una muy buena novela, que lo es. No es que no sea una tremendamente buena novela de ciencia ficción. Es que sencillamente despega con facilidad, se sale de la atmósfera literaria que le rodeaba en el momento de ser escrita (1964), de forma exultante. Destaca. Casi diría que demasiado. No sé si tengo la sensación de haber leído demasiadas novelas mediocres estos últimos años... 

Mas no, no quiero ser injusto. Hay muchas, muchísimas capas de calidad, sobre todo en aquellos años 60 del año pasado. Muchas ideas, muchos matices, muchas maneras de intentar lo mismo y lo diferente a la vez. Lo único que se puede concluir es que Lem estaba por encima del resto. Un tipo con una formación espectacular, alguien que quizá podría haber sido Premio Nobel de Física. Pero se dedicó a escribir, a filosofar, a entretener. Un gigante inalcanzable; al menos para una mentalidad europea como la mía. Posiblemente su seriedad (cuando quería ser serio) y su sentido del humor (cuando no quería ser trágico) se lleven peor con otras culturas terrestres (y este no es mi problema). 

 ***

"El Invencible" es una clásica historia de rescate. Hace tiempo que no se sabe nada de una nave que llegó a cierto planeta. El Invencible va en su busca. Comienzan a ponerse sobre la mesa las cuestiones. Lem va construyendo de forma magistral, en pocas páginas, el ecosistema del lejano planeta. Tan diferente es, pero está tan bien explicado, que el lector, cognitivamente, después de la lectura de esta novela, es la persona que era antes pero con una cualidad añadida: se podría decir que es más sensible a lo que puede haber ahí fuera, sea lo que sea. Tal es la potencia de la novela, que creo que puede ponerse a la altura de "Solaris" tranquilamente... aunque hace tanto que la leí... allá por el año 2001, puff...

Y lo dejo aquí. No quiero entrar más en el argumento. Lo que le espera al lector es sencillamente un brutal encuentro con otra especie inteligente. 

Vamos a criticar un poco a Lem también. Se le ve tan alejado del mundanal ruido. Es tan intelectual, tan científico, tiene explicaciones tan eruditas y claras para lo que le interesa. Un genio. 

El problema es que deja de lado facetas de la vida que también existen. Una de ellas es el lado femenino. Sus novelas son de hombres. Hombres fiables, sólidos, honestos, preparados. Aquí es donde más se nota su procedencia del Este. Ese grisáceo cielo soviético acecha a lo lejos. Ese sentido del humor tan cercano y tan lejano. Lo emparenta con toda la tradición de los Strugatski, Savchenko, etc...

Que quede como idea general. Por supuesto que tiene personajes femeninos. Iremos viendo, según se vaya editando (espero) más LEM. 

¡FELIZ CENTENARIO!