lunes, 23 de julio de 2018

Time Out Of Joint (1959) by Philip K. Dick

Cosas de la vida, escribo escuchando aquella música que hizo Joe Harnell para la serie "V". Donovan en el desierto dándose cuenta de que llegan naves espaciales... not bad...

"Time Out Of Joint" es un título sacado del mismísimo "Hamlet". Marías, apúntate esa, que estamos en 1959... ¿o en 1998?

Así es... la duda con la que nos va desgranando Dick su fabulosa novela.

Ya no escribirá más una novela propiamente de ciencia ficción hasta 1961, "The Man in the High Castle", su gran éxito en aquella etapa, que le valió el Premio Hugo.

Esta es la tabla de sus anteriores trabajos, en cuanto a ciencia ficción.

1953Vulcan's Hammer 1960
1953 Dr. Futurity 1960
1953 The Cosmic Puppets 1957
1954 Solar Lottery 1955



1954 The World Jones Made 1956
1955 Eye in the Sky 1957
1955 The Man Who Japed 1956




Habiendo leído todos ellos, sin duda "Time Of Joint" es una paso adelante, que tiene ideas en común con "The Cosmic Puppets" y "Eye In The Sky".

Así, es la novela que recomendaría a cualquiera que quisiera leer algo más de Dick pero sin pretender leer todos sus trabajos, dejando de lado los más populares o más editados. En España se titula "Tiempo Desarticulado".

En mi opinión, su novela más flojita de la época es la primera, "Vulcan's Hammer", una lucha entre dos ordenadores superinteligentes que hoy en día no es muy novedosa. "Dr. Futurity" y "Solar Lottery" comparten bastantes viajes locos, marca de la casa. "Cosmic Puppets", "The World Jones Made" y "Eye In The Sky" son más recomendables como historias bien narradas.

"Time Out Of Joint" tiene lo que antes se decía que había que hacer con los motores de los coches nuevos (o hay que seguir haciendo): rodaje. Prefigura "Confessions of a Crap Artist", novela de corte realista, muy, muy parecida en algunos aspectos.

Todo fluye de una manera mucho más natural, no friccionan los diferentes elementos.

Destaco este párrafo del principio:



Dick construye sus personajes poco a poco, con calma, y se permite añadir paulatinamente una serie de secundarios de oro. Ahora, que luego esos personajes no sean lo que han parecido ser durante dos tercios de la novela es otra historia. Ni siquiera de la familia, aunque "nothing in the world is equal to it". O la señora que da charlas sobre Defensa Civil, ayudada por su educado hijo. La vecina, casada, pero atractiva, y cada vez más disponible... La cajera del supermercado. Los basureros. ¡Cómo empapa Dick de vida cotidiana esta historia!



El nudo gordiano de la novela comienza a esclarecerse, al ritmo que Dick quiere, y en este caso, se lo tomó con la calma suficiente. Todo por un interruptor de luz. ¿O era un cordel para encender una bombilla? ¿Los trabajadores del supermercado saben hacia dónde deben correr en caso de emergencia?

Vale, no quiero desvelar mucho más. El protagonista, Ragle Gumm corre una serie de aventuras que son desquiciantes, que a veces podrían pasar por divertidas, pero sobre todo por lo bien articuladas que están, en esta novela desarticulada.

Y dice mucho, muchísimo de su época. Aquellos finales de los 50 en Estados Unidos. Lo más era consumir, probar. Todo estaba por construir. Y Dick empezó a ver el final de aquello. Increíble. Alucinante ya sería escribir esta novela en 2018, en el contexto actual. Fue en 1958. Editada en 1959. Supuesto fin de la autarquía española...Moon. Luna. Lunatics. ¿Quién?



En este caso, un placer leer un Penguin de 1976.

jueves, 17 de mayo de 2018

334 (1972) by Thomas M. Disch

Thomas M. Disch es a Truman Capote lo que un excelente actor secundario a una estrella de cine.

Quizás por su carácter, o quizás porque nunca fue a la fiesta apropiada, Disch tuvo que acudir a la mistificación que suponía escribir historias de ciencia ficción en los años 60, para poder escribir lo que él quería escribir. Lo que le suponía un considerable añadido de libertades; y a la vez, de encorsetamientos.




"334" (1972) nunca será una novela de masas, al estilo de "1984" (1948) o "¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?" (1968), por más que sea un complemento necesario de las dos. Una especie de tercer vértice que nos hace pensar en lo que Orwell y Dick se dejan por el camino. No solamente el Estado propone y dispone, y el héroe blanco de toda la vida está cansado de luchar, aspirando solamente a un poco de paz doméstica. También hay gente de otras razas, negros e hispanos en el caso de "334", también hay homosexuales y lesbianas, también hay niños superdotados completamente inadaptados. Ancianos y ancianas que no saben qué hacer con sus vidas. Niños y niñas que desean hacer algo con sus vidas. Discapacitados. Drogadictos por doquier (el drogadicto es quizás el tipo de personaje que mejor aguanta el juicio del público general... ¿?¿?). Y sexo. Bastante (no mucho) sexo, y masturbación. Algo que parece que no es un problema en la gran y genial, blanca y moderna, distopía. Solamente los degenerados de un barrio-hongo neoyorkino lleno de inmigrantes parece que son los suficientemente animales como para pensar en el sexo, como si no tuvieran suficientes problemas ya.

Se sugiere en varios párrafos: lo único a lo que pueden recurrir algunos personajes de la novela (sobre todo los niños) es la a biblioteca pública. Allí comprobarán si lo que piensan es cierto (aunque no lo llegamos a saber).

Los mayores lo tienen más claro: acuden al centro comercial. Cuando no tienen un céntimo, al centro comercial-museo, donde se maravillan de las cosas que algunos pueden o han podido llegar a comprar. Cuando hay algo de dinero en el bolsillo, al de verdad, donde se lo funden todo a las primeras de cambio. ¿Comida? Lo que caiga.

334 es el número de la calle donde se encuentra la inmensa torre de apartamentos donde viven parte de los protagonistas. El ascensor no funciona. Salir a la calle es una aventura. Mientras, los que viven, no aparecen por casa. Van dan tumbos por aquí y por allá, haciendo chapuzas, o cometiendo delitos (que tampoco son demasiado investigados que se diga).

Disch consigue construir una serie de relaciones muy fuertes con unos pocos personajes de una misma familia, sobre todo en el último tercio de la novela. Al final, el lector casi se siente perteneciente a ella. Pero de una familia lejana con la que está bien cenar y charlar un poco una vez cada diez años, para luego salir huyendo por las escaleras, como hace el estudiante Len Rude.

Bueno, en realidad 334 no es una novela. Es un conjunto o "fix-up" de varios relatos, siendo el último el más largo y que le da más cohesión a la historia. Pero esto es lo de menos.

Tiene una carga eléctrica esta novela como pocas veces he leído. Y es una carga negativa. Recomiendo su lectura, pero hay que elegir un fin de semana tranquilo, e intentar leerla del tirón, sobre todo cuando llegamos al capítulo "334". Mejor así.


Lo que piensa Lottie sobre el fin del mundo es el párrafo más acojonante que he leído en mucho tiempo. 


Disch consigue vendernos una novela realista (Zolista) como una de ciencia ficción, pero es que seguramente le obligaron a ello las circunstacias que fueran. En esto, se parece mucho a Philip K. Dick. Ambos tenían una preocupación principal por describir su sociedad y la que auguraban. Por ejemplo, en "The Man Who Japed" (1956), de Dick, el principal temor del ciudadano medio es perder el derecho a poder seguir alquilando su vivienda, y no ser expatriado a un planeta exterior.

Y no han cambiado mucho las cosas. "334" se sitúa entre los años 2021 y 2025. ¡¡No quedan ni tres para acercarnos al 21!! Y sí, muchas cosas son como las que describe Disch. No como realidades individuales, si no más bien como amenazas colectivas, como certeras posibilidades, como absolutas certezas.

Disch, aparte de escribir bien, muy bien, siente más que piensa, y se nota. La pesada carga melancólica de los habitantes de "334" imaginada en 1972 es poesía maldita en el siglo XXI. Para quien se atreva con ella.


domingo, 13 de mayo de 2018

¿Quién es la ciencia ficción?

Hullo there!

Escribía allá por Diciembre del año pasado una entrada sobre el por qué leo ciencia ficción. El paso de lo gótico a lo terrorífico. De lo terrorífico al espacio interior que suponen los espacios interestelares, por así decirlo...

Tampoco es lo mismo leerla que escribirla. Thomas M. Disch hizo justo al revés. Pasó de escribir ciencia ficción al más puro terror. Dominó ambos campos con precisión. Ahora que estoy leyendo su novela "334" estaba pensando...

Hay decenas de definiciones sobre qué es ciencia ficción y no me voy a meter en ellas. También hay muchos escritores "mainstream" que alguna vez se atrevieron a escribir algo de ciencia ficción y no se les conoce por ello. Otros, no salieron nunca del campo de la ciencia ficción.

Doris Lessing es quizás el caso más exponencial de una escritora Nobel que escribió novelas de ciencia ficción. Philip K. Dick, por otro lado, asociado siempre a la ciencia ficción, escribió unas cuantas novelas que, en principio, no lo son (y no por ello son peores, por supuesto).

Hace unos días, 5 de Mayo, la NASA ha lanzado la nave InSight, para poder conocer con más detalle el interior del planeta Marte. Llegará allí en Noviembre. Cualquiera que escriba, por ejemplo, una novela sobre la vida y milagros de uno de los ingenieros que ha trabajado en este lanzamiento, será considerado como alguien que ha escrito una novela de ciencia ficción, ficcionalizando una serie de conceptos y trabajos realizados sobre InSight...

¿Se trataría de una novela de ciencia ficción? ¿No habría que categorizarla como una novela más realista que otra cosa, que narra realidades científicas?

"334" de Disch apenas transluce ciencia ficción. Está ambientada en un Nueva York de 2025 (+/-), y hay una serie de hechos extraños cuando menos, pero ¿es ciencia ficción por ello? No lo es por el deslizamiento temporal ficticio que pretende comunicarnos Disch, o por una serie de pinceladas paisajísticas, si no porque en este caso, es al escritor a quien le interesa plantear una serie de situaciones humanas que deben hacer pensar al lector que estamos ante un mundo que no es ni medio normal, y lo categorizamos, acertadamente en este caso, como "de ciencia ficción". Aunque claro, estamos en el año 2018, la novela es de 1972, y Disch dio en el clavo en ciertos matices y comportamientos humanos, sobre todo en cuanto a la estructura social y legisladora. Como Orwell o Huxley.

Siendo imposible definir ciencia ficción mediante el uso de argumentos concretos o el planteamiento de ideas enmarcadas en un cierto futuro, pienso que es posible definir una novela de ciencia ficción no por su argumento ni por sus pretensiones explicativas de diferentes espacios/tiempos, si no por quién la escribe, teniendo en cuenta su pasado como persona, su personalidad, su psicología y su visión del mundo. Y con la "mezcla" adecuada, ese escritor tienda a escribir ciencia ficción, sin quizás saberlo él mismo. Ni nosotros, pensando que estamos leyendo una novela "realista". "Confesiones de un artista de mierda" de Dick podría ser ciencia ficción con un par de retoques marca de la casa. Pero esto es porque Dick se preocupaba mucho por describir algo que quizás no era evidente para todo el mundo y debía buscarse la vida como escritor acudiendo a la tienda de disfraces de ciencia ficción de la esquina.

Tengo ante mis manos un librito que se llama "The Science Fiction Novel: imagination and social criticism", con una serie de ensayos. El ensayo del bueno de C.M. Kornbluth se llama "The Failure of the Science Fiction novel as Social Criticism", y comienza diciendo que le gustaría hablar de "the Science Fiction Novel as Fun for One and All, or the Science Fiction Novel as Psychotherapy for the Neurotic Author, but there is a job to be done...".

Cualquier escritor con el suficiente sentido del humor (Jonathan Swift), o con la suficiente neurosis encima (apuntemos aquí "Los mundos de Herovit" de Barry Malzberg o cualquier novela de Ballard), es posible que termine escribiendo ciencia ficción (disfrazada o no). Cualquier ingeniero informático también (Greg Egan, por ejemplo). El aspecto social/humano es quizás el de Disch, como lo fue el de Wells, London, el mismo Kornbluth, Aldiss, Silverberg, y el de tantos otros escritores que tenían un interés real por realzar cuestiones sociales en sus escritos, y que se valieron de los disfrazes que pudieron.

Todos son válidos, siempre que sea algo espontáneo, y exista la sátira, el humor, la neurosis o las ganas de maravillar con la ciencia per se, sin artificiosidad alguna.

¿Están destinados ciertos escritores a escribir ciencia ficción? ¿Escribir ciencia ficción implica ser cierto "tipo" de persona? No se puede zanjar la cuestión con estas preguntas tan básicas. Pero creo que pudiera ser que sí. Aunque habrá excepciones. Llegarán a las librerías productos de "ciencia ficción" escrita mecánicamente. Quizás no sean las excepciones. Quizás sea lo que más abunde en las baldas. Productos fabricados por gente que no posee el perfil para escribir una ciencia ficción que perdure y tenga más alma que la de su creador. Una especie de engaño con el que hay que tener cuidado. Claro que cualquiera puede escribir lo que le dé la gana, pero algunos llevan dentro lo necesario, y otros no. Y quizás este "lo necesario" es definitorio de lo que pueda ser ciencia ficción.

Así pues, me lanzo: una novela de ciencia ficción no se define por su contenido, forma o fondo, si no por quien la escribe, y este escritor seguramente es un payaso (en el mejor sentido de la palabra), o bien un neurótico, o bien un técnico con buenas capacidades para narrar. O todo junto.

Exagerando, claro, pero espero que la idea haya quedado más o menos anclada.

Veré cómo soporta el paso del tiempo esta idea. A día de hoy, 13 de Mayo de 2018, lo que se vende como ciencia ficción en las estantería de nuestras librerías no es más que un cúmulo de fantasías mal que bien escritas en su mayor parte, y por otro lado, cierta antología de los "clásicos y modernos" que han tenido la suerte de llegar hasta ellas (el ejemplo más evidente es Asimov, cuya ciencia estará muy bien, pero cuya ficción es demoledoramente inhumana y ha hecho mucho daño a la edición de ciencia ficción fuera del mundo anglosajón).

Por cierto, "334" fue editada por Martinez Roca en 1993... y no se ha vuelto a saber de ella...

Yo leo una edición inglesa de Sphere de 1974...