domingo, 12 de julio de 2020

Six Months Later... The Affirmation (1981) - Christopher Priest

Aquí sigo, tras un parón debido a una serie de circunstancias que me llevaría demasiado tiempo describir.

Han sido meses duros. Ha temblequeado mi fe en la ciencia ficción, efecto colateral de la pandemia Covid 19 (que por otro lado a estas alturas sigue vivita y coleando).

La última novela que leí allá por Marzo fue "Beggars in Spain", de Nancy Kress. Decepcionante, sobre todo teniendo en cuenta que ganó el Nebula y el Hugo. Pero estos premios, que he analizado año por año en los últimos días, desde el año 2000 aproximadamente, no tienen ningún rigor. Todavía en los 80 o 90 pueden tener cierto valor crítico. A día de hoy, cualquier cosa puede resultar premiada. No digo que sean malas obras, pero dudo mucho de que sean las mejores o a las que se supone que van dirigidos estos premios. Y si lo son, que todo puede ser, podemos concluir que el estado actual de la ciencia ficción es directamente deprimente. Aunque siempre habrá excepciones, por supuesto.

Con el confinamiento en marcha, releí la novela del confinamiento por excelencia, "Robinson Crusoe", que me gustó en su justa medida. Hay estructuras psicosociales que envuelven la novela que no hay por dónde cogerlas hoy en día. Recomendarla a la juventud como clásico, cosa que yo sigo haciendo, es un acto de fe en el recuerdo de nuestra propia experiencia lectora de hace muchos años. ¡Pero han cambiado tanto las cosas!

Tuve que cancelar una lectura de Iain Sinclair, que se me hacía muy cuesta arriba. Ballardiano, pero plomizo en el peor sentido que se puede aplicar a veces a Ballard. Leer a Sinclair significa conocer Londres mucho mejor de lo que quizás, para mi desgracia, lo conozco a día de hoy. A veces vale la pena hacer un viaje solamente para ver el escenario de lo que será posteriormente tu propia imaginación combinada con la lectura de una serie de novelas. Por esta razón, me gustaría volver a Londres. Captar una serie de imágenes que luego se proyectarían dentro de mí, mientras leo a tipos como Sinclair, Ballard, o por qué no, Dickens o D.H.Lawrence.

Pasé a los clásicos. Cornell Woolrich (un tipo tan genial como desconcertante), Osamu Dazai, Théophile Gautier, Dino Buzzati, que son de mis favoritos. Leer por ejemplo a Gautier es una gozada estética de primer grado, y afortunadamente, está generalmente bien traducido del francés (Editorial Siruela), siendo su vocabulario impresionante.

¿Cómo se puede seguir leyendo novelas de ciencia ficción encerrado en casa cuando uno baja a la calle sólo para depositar la basura y darse cuenta de que no hay nadie, no ha habido nadie y no va a haber nadie en la calle durante días y días? Subes a casa de nuevo, pones la TV, y lo único que ves son escenas de pasillos de hospitales repletas de gente moribunda...

¿Qué fue de la ciencia, incapaz de gestionar la realidad? ¿Qué fue de la ficción, ahogada y descompuesta ante semejante realidad?

Decidí, como he dicho, dejar la ciencia ficción de lado. Una crisis espiritual. Surgimiento de dudas.

A día de hoy, creo que me he recuperado. También es verdad que mi disposición de tiempo durante estos meses ha sido casi nula.



Esta es mi edición, 2011.



Me he animado a acometer otra lectura de ciencia ficción. Tras una dura selección, he terminado por decidirme. "The Affirmation", de Christopher Priest.

Me está gustando mucho. Tanto el argumento como la manera de escribir de Priest.

Un tipo que cuestiona la verdadera Verdad de lo que escribe en su autobiografía. Hacia la página 30 llega a la conclusión de que a través de la ficción es como llegará mucho mejor a la Verdad que quiere contar. Se inventa una Inglaterra ficticia. Cambia nombres de sitios y lugares. Sin mapas, que codifican demasiado la imaginacion.

Una novela tremendamente sugerente. A su vez, el protagonista, Peter Sinclair, debe vivir en el mundo real, que comienza a jugarle malas pasadas.

Y ahí sigo. Es la clásica novela que trata sobre la dificultad que entraña proseguir con una novela, mientras que la novela adopta su propio curso. Y esto en el campo de la ciencia ficción se agradece muchísimo. Es de 1981.

Tengo por aquí otra, de 1973, de Barry Malzberg, "Herovit's World", que recomiendo por tratar este tipo de temas literarios, aunque todavía no he leído (pero por algo comprado).

En definitiva, placeres literarios que, al menos en estos dos últimos casos, no tienen nada que ver con la ciencia, pero sí mucho con la ficción creativa.

Sigo en contacto...

miércoles, 29 de enero de 2020

Phil: K. Dick On Comic





Unas pocas palabras sobre “Phil”, biografía en formato cómic sobre Philip K. Dick. De los autores Laurent Queyssi (francés) y Mauro Marchesi (italiano). Mi última lectura completa del año 2019.

Es una obra que se lee en nada, sobre todo si uno está familiarizado con los principales hitos de su vida. Sus tormentosos matrimonios, 2-3-74 (la fecha en la que experimentó su gran visión cosmogónica), sus comienzos como autor de novela realista, sus primeros pasos como cuentista de ciencia ficción, su incursión en el mundo de la edición en la ciencia ficción, la génesis de alguno de sus trabajos más populares, como “El Hombre en el Castillo”, su abuso de cierta drogas, su paso por Metz (Francia) como uno de los grandes gurús del momento, incluso sus primeras reacciones ante el rodaje de “Blade Runner”…
Cuesta veinte euros, y este precio sólo se puede justificar por las ilustraciones (no por el guión del cómic, que no aporta gran cosa). En mi caso, leí el cómic procedente de una biblioteca pública, algo bastante dickiano por otro lado.
Estoy en trance de recibir su biografía escrita por Lawrence Sutin. Tengo por ahí la de Emmanuel Carrere. Y más material por aquí y por allá. 
Recomendaría desde aquí acudir a este sitio: 

que es una fuente muy autorizada de muchos (aunque quizá pequeñitos) detalles sobre los trabajos de PKD, sobre todo en cuanto a ediciones, opiniones, críticas, y pequeñas intrigas de su tiempo.

Dejo aquí algunos detalles del cómic, francés, ¡cómo no!







viernes, 27 de diciembre de 2019

Blue Remembered Earth (2012) - Alastair Reynolds


Del año 1950 pego un salto en el tiempo de ¡62! años, y me planto en el 2012.

Hoy me toca escribir sobre Alastair Reynolds. Galés, astrónomo, astrofísico, vivió en Escocia, Holanda y se volvió a Gales casado con una francesa. No está mal. Gollanz firmó con él un contrato de un millón de libras (se dice pronto) en 2009 a cambio de escribir diez tochos… no sé por dónde irá el hombre a día de hoy. 

Tengo que entonar cierto mea culpa, porque me metí a leer la primera parte de su trilogía “Poseidon’s Children” (no editada todavía en España) y tendría que haber empezado a leer “Espacio Revelación”, más aclamada, y en este caso, sí editada por aquí.

La novela que he leído se titula “Blue Remembered Earth”, 540 páginas. 


Su mayor defecto es su desmesurada longitud. Creo que recortando unas 150 páginas habría quedado mucho mejor.

No voy a seguir leyendo la trilogía. Es más, quizás no vuelva a leer a este tipo, claro heredero de la escuela de Arthur C. Clarke.

Sin embargo, me ha gustado la experiencia. La novela está escrita con decencia, intentando darlo todo por la historia.

Que es muy simple. Dos hermanos (junto con dos primos con los que no se llevan del todo bien) tratan de averiguar (estamos en el año 2160) las andanzas de la abuela, una mujer pionera en el viaje al espacio, y que se metió en todo tipo de negocios y aventuras.

La verosimilitud de al menos la logística y la infraestructura espacial (Luna, Marte, Phobos, y más allá) es intachable. Reynolds se maneja muy bien. No es un tipo que se lance a lo loco a escribir una space opera. Sabe muy bien cómo ir dando forma a la situación tecnológica en la que se encuentran los protagonistas, y el lector se siente seguro y protegido. Algo fundamental.

Por otro lado, Reynolds a veces abusa de su facilidad para añadir tecnologías que hacen avanzar la narración por donde él quiere. Sobre todo posibilidades de comunicación. En cualquier momento, los personajes (con conexiones neurológicas en forma de chips, etc…) se conectan a través de una especie de hologramas desde cualquier sitio colonizado hasta cualquier punto en la Tierra (mediante lo que se llama el Aug). O a través de robots golem, físicamente existentes, cuyo control es remoto. Las posibilidades se multiplican, y a veces la comunicación es posible. Cuando a Reynolds no le interesa, y quiere aumentar la emoción, no se corta un pelo y dice que se está en tal o cual zona de comunicaciones canceladas o coartadas, etc, etc… Lo mismo ocurre con el personaje de la abuela, Eunice Akinya, que va soltando la información necesaria a lo largo de la novela de las formas más intrincadas que se puedan suponer. En este sentido, la aventura que protagonizan Geoffrey y Sunday (los dos hermanos) se ve comprometida por los caprichos de la abuela, dejando retos informativos a descubrir una y otra vez (en la Luna, en Phobos, en Marte, en una estación espacial…). Que les ocurra esto a los personajes está muy bien, pero el lector, yo en este caso, por momentos me canso del juego. Esta thrillerización de la novela no me satisface. Al final todos los personajes actúan como pollos sin cabeza, yendo y viniendo a la Luna, Marte, etc… como si se tratara de un folletín. Fuerza mucho las cosas en este sentido. Diez páginas de la aventura de Sunday en Marte. Otras diez de Geoffrey en la Luna. Otras diez en Marte. Luna. Marte. Estación espacial. Marte… Puff… Es como en esas películas cuando el coche está a punto de estrellarse, pero se pasa a otra escena, dos segundos más de coche (que no acaba de pegársela) y pasamos a una tercera escena, y así, mareando la perdiz, cosa que está muy bien, si no fuera porque “Blue Remembered Earth” data de 2012, no de los años cincuenta del siglo pasado, y me deja de interesar hasta cierto punto lo que estoy leyendo.

Y además, como suele ocurrir, tras haber superado todas las pruebas habidas y por haber (como si fuera un capítulo de los dibujos animados de Sherlock Holmes) finalmente, todos juntos ya, se propone una situación completamente inesperada, que hace que… el lector sea amablemente invitado a seguir leyendo la trilogía… (aunque la novela se cierra bien, por otro lado).

Después tiene que hacer el clásico reparto geopolítico de la Tierra. África es la potencia, los indios, los rusos, los chinos, que si tal que si cual, se inventa una especie de Naciones Unidas de los Países que viven bajo el mar. Una especie de movimiento universal que trata de salvar a todas las especies animales. En resumen, toca muchos palos, y si hubiera simplificado (aunque solo una de estas líneas argumentales) la novela lo agradecería.

Es entrelíneas cuando yo he disfrutado más de la novela. La descripción de la zona “no vigilada” de la Luna es muy sugerente, una especie de barrio bohemio donde surge la idea del crimen como algo positivo para la evolución psicológica del ser humano. Se explica bien lo que es el “Mecanismo”, una entidad que hace que el asesinato o la violencia sean reprimidos instantáneamente. Hay un homenaje (consciente o no) al portentoso relato ruso de Anatoly Dneprov “Los cangrejos caminan sobre la isla” (1958), que se desarrolla en unas inhóspitas montañas de Marte. Quizás lo mejor de la novela sea la evolución del personaje de Geoffrey, un tipo muy pegado al terruño que poco a poco va sacando fuerzas e inteligencia para enfrentarse a los retos que se le vienen encima.

Reynolds lo hace muy bien con el esquema previo a la escritura. Él sabe perfectamente que tal o cual personaje trescientas páginas más tarde va a encajar muy bien como protagonista de tal o cual hecho. Todo muy bien medido. Quizás demasiado. Técnicamente, y teóricamente, todo fluye, y confluye, pero se me antoja un producto en exceso pre-fabricado. Le falta vida propia. El argumento que se va deslavazando está tan condicionado por sí mismo que no hay lugar para la sorpresa. Y esta es la mayor pega que le pongo.

Y es una pega importante, porque afecta al estilo y a las maneras del escritor de tal forma que uno sabe, sin leer más obras, por dónde van los tiros. Y por todo esto decía al principio que posiblemente deje en barbecho al señor Reynolds durante una buena temporada.

Esfuerzo, imaginación y honestidad no le faltan. Pero a veces necesitamos de la ficción para que nos proporcione otra cosa. Que no sabría decir ahora cuál es. Por eso voy saltando de autor en autor, intentando conocer mejor esta selva llamada ciencia ficción

In The Court Of The Crimson King
 

Para finalizar, una entrevista en castellano con Alastair, bastante reciente (septiembre 2019), que es muy de agradecer.


Reivindica a Gene Wolfe, claro.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Judith Merril, Mother Of Pioneers In The Shadow


Judith ¡ay!, Judith, que pasa el tiempo, y no me da la vida para dedicarte el pequeño gran homenaje que mereces. Judith Merril (1923-1997).

En 1950 sale al mercado su primera novela, en tapa dura. En Septiembre de este mismo año, Frederik Pohl (su futuro, aunque casi eventual marido) la revisa en la revista Super Science Stories, por lo que se puede decir que la novela se publicó justo cinco años después del holocausto nuclear japonés.

Se trata de “Shadow On The Hearth”.  
En este caso “hearth” creo que puede traducirse como “hogar”, el lugar en el que antes se cocinaba las casas antiguas. La Sombra sobre la Chapa (coloquialmente hablando). 





1950. Prácticamente, el inicio de la ciencia ficción moderna. Creo que esta novela podría considerarse como la génesis auténtica de lo que tendría que venir después. Ir más hacia atrás es complicado, en un sentido amplio. Aunque hay excepciones, por supuesto. Ahora mismo se me viene a la cabeza Stapledon, a quien le tengo muchas ganas.

Dicho esto, apenas hay ciencia ficción en "Shadow On The Hearth". Se produce un ataque nuclear sobre Nueva York. Y ya.

Uno de los puntos fuertes de la novela es que no se especifica quién está detrás del ataque. Merril en ningún momento se dedica a describir el comienzo ni el final del “juego de la guerra”. Le interesan más las consecuencias del ataque, y en concreto, cómo se transforma la vida cotidiana de una familia. Y cómo se transforma el vecindario.

En este sentido, es una novela muy japonesa. De estas, en Japón, se escribieron a puñados, por razones evidentes.

La acción transcurre aproximadamente durante una semana, o algo menos. Las primeras preocupaciones de la madre de dos hijas son ínfimas comparadas con las que van surgiendo después. El dilema de la mañana del ataque es bien lavar la ropa o acudir a una invitación para comer de una vecina de más altos vuelos. Después será si se puede beber el agua que sale del fregadero o no. Cuánto tiempo tardará en volver papá del trabajo. Cortes de luz. Problemas con el suministro del gas. Vómitos que sugieren radioactividad y enfermedad. Dar cobijo a un científico que reniega del sistema. Visitas del vecino, que la desea físicamente, siendo el nuevo encargado de la cuadrilla que patrulla el barrio. Y la radio. Siempre la radio funcionando, intentando escuchar noticias esperanzadoras. Pero todo parece ir a peor. La hija pequeña comienza a perder pelo… Las patrullas se militarizan. Algunos hombres comienzan a disfrutar verdaderamente de la situación, con el nuevo poder que se les ha otorgado de un día para otro para manipular vidas ajenas.

Son los detalles, la información que cada personaje se calla, o medio cuenta a ese alguien en quien confía más, información que más pronto que tarde acaba incorporándose al saber de todos los personajes que habitan el escenario supremo, que es la casa en la que habita la familia, cuyo cuartel general es la cocina. 

En resumen, hay mucha más carga política y social en la novela que otra cosa, algo que ya reconoció Merril. No tiene sentido escribir hoy en día una novela como esta, aunque esto no quiere decir que se siga haciendo. “Shadow On The Hearth” es una de esas historias que hay que contextualizarlas, como la que hace poco reseñé, “Chain Reaction”. Ambas son consecuencias directas de lo que ocurre en el mundo real, en tiempo real. Pero la novela de Merril aporta dos grandes novedades. Una, que se trata de una autora. Y otra, que esta misma autora siempre se implicó y defendió el género de la ciencia ficción, editando muchísimo material en revistas. Como la mítica “SF: The Year's Greatest Science Fiction and Fantasy”, cuyo primer número salió en 1956 y el contenido era el siguiente:

 

·       Introduction, by Orson Welles
·       Preface, by Judith Merril
·       "The Stutterer", by R. R. Merliss
·       "The Golem", by Avram Davidson
·       "Junior", by Robert Abernathy
·       "The Cave of Night", by James E. Gunn
·       "The Hoofer", by Walter M. Miller, Jr.
·       "Bulkhead", by Theodore Sturgeon
·       "Sense from Thought Divide", by Mark Clifton
·       "Pottage", by Zenna Henderson
·       "Nobody Bothers Gus", by Algis Budrys
·       "The Last Day of Summer", by E. C. Tubb
·       "One Ordinary Day, with Peanuts", by Shirley Jackson
·       "The Ethicators", by Willard Marsh
·       "Birds Can’t Count", by Mildred Clingerman
·       "Of Missing Persons", by Jack Finney
·       "The Country of the Kind", by Damon Knight
·       "The Public Hating", by Steve Allen
·       "Home There’s No Returning", by Henry Kuttner & C. L. Moore
·       "The Year’s S-F, Summation and Honorable Mentions", by Judith Merril

 






 Tremenda edición de New Wave inglesa por parte de Merril (1968).


Judith nació en Boston, la ciudad de Poe, aunque luego vivió en Nueva York, en el Bronx, a lo Delany. Sin embargo, a finales de los años 60 se marchó a Canadá, renegando de su país por su implicación en la guerra del Vietnam. Y terminó siendo canadiense; en la Biblioteca Pública de Toronto hay un archivo especial dedicado a ella.
 


Esto a grandes rasgos, y sin repasar su vida sentimental, que fue también muy prolífica.



No me ha sido fácil encontrar una edición de segunda mano de esta novela, ya que nunca se publicó como novela de bolsillo (paperback). Pero finalmente localicé la edición de la NESFA (New England Science Fiction Association), Spaced Out: Three Novels of Tomorrow, que incluye:

Shadow On The Hearth

Outpost Mars (aka Mars Child) con Kornbluth

Gunner Cade con Kornbluth también.


Así que de paso ya tengo para el futuro dos colaboraciones de Merril con Kornbluth, siendo éstas aparentemente más propias de su época, acercándose al pulp. Y Kornbluth es un tipo que me cae muy bien, por cierto.

Hablando de futuro, Merril, Kornbluth, Polh, Asimov, Blish, Wollheim (entre otros) pertenecieron a una especie de club de aficionados a la ciencia ficción, conocido como The Futurians. Ingenuos, pioneros, atrapados entre la utopía y la realidad de su época. Hay que suponerle a Judith un gran carácter para poder codearse con tantos tipos raros.

Mucho de esto lo debe de contar Pohl en su autobiografía “The Way the Future Was”, que tengo a buen recaudo, pendiente de leer; un documento imprescindible.

Otro libro importante es “Better To Have Loved”, biografía escrita por la nieta de Judith, me temo que mucho más cara de conseguir actualmente.




Seguiré leyendo su ficción en cuanto pueda, pero reconozco que su faceta real, como ser humano, es mucho más sugerente e interesante, teniendo en cuenta que estaba metida en el meollo mismo de la ciencia ficción americana en una época en la que todo estaba a punto de explotar, para mejor, y si lo hizo (para mejor) fue claramente gracias a ella. La deuda que tenemos los aficionados a la ciencia ficción con esta mujer es muy importante. 

viernes, 13 de diciembre de 2019

Gene Wolfe (1931-2019) (In Memoriam)


Gene Wolfe murió este año, el 14 de Abril. 



Este artículo-homenaje trata sobre su obra "The Fifth Head of Cerberus" y en menor medida de su recopilación de relatos "Endangered Species". 

"Cerberus" se puede decir que es la primera novela reconocida como excelente de Wolfe, y no está mal la cosa, porque solamente es su segunda (1972).

Hasta 1990, estas son las mejores obras de fantasía, según la fiable (aunque muy anglo-encuesta de Locus (recomendaciones para los insignes Premios Nebula y Hugo que se producen desde 1971): 


1998 Locus All-Time Poll


FANTASY NOVEL (BEFORE 1990)

1) The Lord of the RingsJ. R. R. Tolkien (1955)
2) The HobbitJ. R. R. Tolkien (1937)
3) The Book of the New SunGene Wolfe (1980)
4) "Earthsea" series, Ursula K. Le Guin (1968)
5) Alice's Adventures in WonderlandLewis Carroll (1865)
6) "Gormenghast" series, Mervyn Peake (1950)
7) The Once and Future KingT. H. White (1958)
8) Little, BigJohn Crowley (1981)
9) Nine Princes in AmberRoger Zelazny (1970)
10) "The First Chronicles of Thomas Covenant", Stephen R. Donaldson (1977)
11) DragonflightAnne McCaffrey (1968)
12) "The Belgariad", David Eddings (1983)
13) The Chronicles of NarniaC. S. Lewis (1950)
14) The Anubis GatesTim Powers (1983)
15) "The Dying Earth" series, Jack Vance (1950)
16) The Wonderful Wizard of OzL. Frank Baum (1900)
17) DraculaBram Stoker (1897)
18*) The Last UnicornPeter S. Beagle (1968)
18*) The Mists of AvalonMarion Zimmer Bradley (1983)
20) The StandStephen King (1978)
21) Watership DownRichard Adams (1972)
22) The Riddle-Master of HedPatricia A. McKillip (1976)
23) The Worm OuroborosE. R. Eddison (1922)
24) Glory RoadRobert A. Heinlein (1963)
25) Mythago WoodRobert Holdstock (1984)
26) "Alvin Maker" series, Orson Scott Card (1987)
27) A Wrinkle in TimeMadeleine L'Engle (1962)
28) Witch WorldAndre Norton (1963)
29) "The Fionavar Tapestry", Guy Gavriel Kay (1986)
30) Deryni RisingKatherine Kurtz (1970)
31) "Discworld" series, Terry Pratchett (1983)
32*) "Elric" series, Michael Moorcock (1972)
32*) ReplayKen Grimwood (1987)
32*) Something Wicked This Way ComesRay Bradbury (1962)
35*) "Fafhrd & Gray Mouser" series, Fritz Leiber (1970)
35*) The Incomplete EnchanterFletcher Pratt & L. Sprague de Camp (1941)

Más abajo, incluyo la lista de mejores novelas de ciencia ficción, que la encuentro personalmente mucho más atractiva, pero hoy escribo sobre Gene Wolfe, y este es el nombre que está solo por debajo de Tolkien… Me temo que Wolfe es más bien poco leído en este país en comparación con Tolkien, y no digamos con George R. Martin, quien debería estar de los primeros de esa lista, aunque solo fuera por popularidad… De la lista he leído cinco trabajos concretos, que no está tan mal, y otras obras de algún autor presente en la lista, como es el caso de Wolfe.

Tengo compradas y a buen recaudo las cuatro partes de “The Book of the New Sun”, esperando a que puedan ser atacadas en algún momento (cosa que veo complicada ahora). “The Urth of the New Sun” sería la quinta y última parte del Nuevo Sol, pero se me antoja tan críptica que ni siquiera me planteo comprarla por ahora.

“The Fifth Head of Cerberus” es, como ya he indicado, la segunda novela de Wolfe. La he leído en la edición de “SF Masterworks”, algo que indica su importancia.


Sinceramente, es un “rara avis” de trabajo literario, aún para 1972; época cúspide para la ciencia ficción (y para tantas otras actividades artísticas en general que ya no volverían a recuperar su estado de forma).

Wolfe tiene fama de escritor difícil, demandante, y hablo de la fama que tiene en el mundo anglosajón. Si comparamos su prosa con la de Philip K. Dick, podríamos decir que escribe como si fuera el maestro Yoda (exagerando, claro está). Pero es un poco así, hace un uso del inglés que a veces desconcierta, cambia el orden habitual de la sintaxis, y para los que sabemos algo de euskera, a veces uno no sabe realmente lo que quiere decir hasta que acabamos la frase (cuando lo normal en inglés, -como en castellano-, es que muchas veces con sujeto y verbo nos baste para pillar muy rápidamente el complemento que toque). Esto a un nivel sintáctico.

A un nivel semántico, (y no digamos ya cognitivo), Wolfe es como un huraño personaje de Dickens. No suelta prenda, el lector se las tiene que arreglar con muy poca y/o confusa información… si es que se quiere entender todo. O casi todo.

A un lector de Wolfe con el inglés como segunda lengua (más o menos controlada) le puede surgir la duda: ¿no acabo de entender la historia porque está en inglés y no lo pillo bien? Bueno, algo puede haber de esto, dependiendo del nivel y del tiempo que uno dedique a Wolfe, pero no hay que preocuparse demasiado, ¡he leído tantas veces en la Red de lectores cuya lengua materna es el inglés que no hacen más que decir que la relectura de Wolfe es necesaria para enterarse mejor!

Lo que hace falta es tiempo, como ya he sugerido. Tiempo para jugar con el volumen del libro, ir hacia atrás, hacia delante, disfrutar de alguna manera del jeroglífico. Coger una novela de Wolfe para un viaje de unas horas en un tren puede ser un grave error, si tenemos la intención de disfrutar del respetable deporte de pasar páginas con calma, mientras a la vez se mira el móvil, el paisaje, y se saluda a los pasajeros. Para esto están los thrillers, digo yo… Tampoco es buena idea leerlo en e-book… puff, la de pulsaciones a botoncitos que nos esperan.

En resumen, la clave (en mi humilde opinión) es sentarse en algún sitio con la única intención de leer a Gene Wolfe, salvo quizás el añadido de una música ambiental que proceda (¿Ian Boddy? ¿Alpha Wave Movement?).

Aún así, “La Quinta Cabeza de Cerberus” es un libro raro. Ni siquiera es novela, aunque lo parezca. Son tres relatos, el homónimo, y dos más. El primero es el mejor, y más potente, incluida una biblioteca particular alucinante. El segundo es una rallada ininteligible, y lo digo tal cual, no tengo reparos. Fantasía pura, purísima, como una mala droga si se me permite el símil. Por supuesto, luego hay gente por ahí que dice que el segundo y tercer relato dan claves para entender el primero. ¿? Bueno, puede ser. Pudiera ser… La tercera parte es prosa bastante más digerible, con brotes de fantasía que me hacen dudar de si realmente Wolfe es mi tipo. Leyendo spoilers de la tercera parte, reconozco que comprendo mejor la primera. O me ayuda a que el holograma sea más luminoso…

“Cerberus” va sobre el colonialismo, la esclavitud y la crueldad que conllevan, las identidades del futuro, la clonación, la repetición de esquemas en los planetas que va conquistando la humanidad… Se pilla la idea general. ¡Claro! Pero recordemos que Wolfe tiene algo de poeta, o mucho, y de escritor con todas las letras. Diseña su obra en los niveles que le parecen necesarios, desde luego mucho más allá del mero entretenimiento, y también del disparo duro y certero que nos puedan proporcionar otros autores con sensibilidades más sociales. Nos hace pensar en lo que cuenta y en cómo lo cuenta. Y en su caso, el cómo es tan importante o más que el qué. Y tiene un estilo personal. Con solo leer el primer párrafo de “Cerberus” nos damos cuenta de que estamos ante algo diferente. Hay que leerlo tres o cuatro veces, para ponerse en posición. No vale con seguir y a ver si me entero…No. El narrador recuerda su infancia y dice que su padre era un “mercader de niños”… bueno, algo en sí bastante sorprendente, pero si le añadimos el estilo, parece todo como una fábula. Esto es quizás lo que menos me gusta de Wolfe, porque imaginación, recursos e ideas no le faltan. Con que escribiera igual de bien, pero en un tono menos fantasioso… aunque esto le quitaría parte de la gracia, supongo.

Como decía, la tercera parte sí que da claves para la primera historia… pero si no estoy mal informado, a Wolfe le pidieron que escribiera más material para alargar “Cerberus”, así que hay que darle un voto de confianza a Wolfe. Quizás el segundo relato sea una broma dirigida a los que le pidieron más. Y el tercero una especie de aclaración del embrollo. ¿Quién sabe? 





Hace ya unos meses tuve mi primer encuentro con Gene Wolfe, en este caso era un libro de relatos titulado “Endangered Species” (un best of de sus relatos, 1989). No llegué a leer todos (por resultar de primeras rematadamente pura fantasía) pero algunos me cautivaron. Relatos redondos que aún así, hay que revisar y volver a revisar, y entonces, damos con claves que nos allanan el camino hacia el pleno entendimiento y disfrute.



Wolfe escribe con su carga de clásico. Pensaba que hoy en día tipos como Homero o Shakespeare serían escritores de ciencia ficción, porque se ocupaban de temas universales, no de realismos concretos. En este sentido, es un escritor dado al universalismo, a la fantasía, a la fábula, afortunadamente con la preciosa influencia de Poe o de almas más mundanas pero más interesantes también. Es más Proust que Baudelaire, más Dunsany que Lovecraft, y sus capacidades están ahí, para ser descubiertas. Es cuestión de pillarle el punto. Huye de radicalismos, aunque por momentos lo que cuenta sugiera lo peor del alma humana, siguiendo la mejor tradición gótica, con sus maldades y traiciones, noches sin dormir y presuntos fantasmas.

En los 34 relatos que se incluyen hay de todo. Es interesante sugerir la idea de que para leer mejor a Wolfe sería bueno tener a su vez nuestra espalda cargada con ciertas lecturas clásicas. Ponerse a leer de jovencito estos relatos, tan diferentes entre sí, puede ser una experiencia algo traumática. O no. Quizás sea la mejor manera de descubrir un montón de corrientes literarias, y empezar a indagar en las que nos interesen.

Wolfe puede ser un buen punto de partida para saltar después bien a Tolkien, bien a Stoker, bien a Bradbury, bien a Poe o Dickens, pero esto es ya otra historia.

Yo destacaría los relatos:

A Cabin on the Coast
Kevin Malone
Our Neighbor by David Copperfield
The Detective of Dreams
Suzanne Delage

Tienen que ver más con la tradición victoriana del cuento de fantasmas, el cuento romántico, el cuento de detectives. Esto es lo que yo tengo básicamente en la mochila. Son realmente muy buenos. Pero hay más, y quizás mejor. ¿Ciencia ficción? Poca. Apenas.

Para terminar, podría decirse, que Gene Wolfe es un tipo que no entra en ningún canon específico, que cada libro suyo hay que afrontarlo con la mente lo más abierta posible, y tratarle con respeto. Mucho respeto. Aunque a veces nos enfade por momentos. En definitiva, son comprensibles sus escasas traducciones en castellano y su limitada difusión popular.

Si tuviera que compararle con un escritor local, lo haría con Juan Benet. Un tipo que iba por libre, con sus propias manías, y que con el paso del tiempo, logró escribir un corpus muy personal y de altísimas cotas literarias. En fin, cualquier oportunidad es buena para reivindicar a Benet como escritor en ocasiones más cercano a la fantasía con base realista que al realismo. “Herrumbrosas Lanzas” bien podría estar en la lista indicada más arriba, como ejemplo de fantasía histórica, mapa incluido.


***
 


Aquí van, lo prometido es deuda, las novelas de ciencia ficción mejor valoradas hasta 1990 por la gente de Locus, que en principio creo que es bastante de fiar, aunque sólo para el mundo anglosajón. El problema de los modernos lectores de ciencia ficción es saber navegar en la ciencia ficción que se ha publicado… desde 1990… cada vez más difícil de seguirle la pista, aunque uno tenga los libros delante de las narices (curiosa paradoja), porque falta mucha trabajo crítico sobre ellas. Te la intentan colar por todas partes. De todas maneras, lo profusión de Heinlein (¡seis títulos!) en esta lista me parece de juzgado de guardia…

1) DuneFrank Herbert (1965)
2) The Moon is a Harsh MistressRobert A. Heinlein (1966)
3) The Left Hand of DarknessUrsula K. Le Guin (1969)
4) The Foundation TrilogyIsaac Asimov (1953)
5) Stranger in a Strange LandRobert A. Heinlein (1961)
6) The Stars My DestinationAlfred Bester (1956)
7) A Canticle for LeibowitzWalter M., Miller Jr (1959)
8) Childhood's EndArthur C. Clarke (1953)
9) Ender's GameOrson Scott Card (1985)
10) HyperionDan Simmons (1989)
11) GatewayFrederik Pohl (1977)
12) The Forever WarJoe Haldeman (1974)
13) More Than HumanTheodore Sturgeon (1953)
14) Lord of LightRoger Zelazny (1967)
15) NeuromancerWilliam Gibson (1984)
16) Startide RisingDavid Brin (1983)
17) The Time MachineH. G. Wells (1895)
18) The Man in the High CastlePhilip K. Dick (1962)
19) The DispossessedUrsula K. Le Guin (1974)
20) Stand on ZanzibarJohn Brunner (1968)
21) Nineteen Eighty-FourGeorge Orwell (1949)
22) The Demolished ManAlfred Bester (1952)
23) The Martian ChroniclesRay Bradbury (1950)
24) Starship TroopersRobert A. Heinlein (1959)
25*) Downbelow StationC. J. Cherryh (1981)
25*) RingworldLarry Niven (1970)
27) 2001: A Space OdysseyArthur C. Clarke (1968)
28) The War of the WorldsH. G. Wells (1898)
29) Fahrenheit 451Ray Bradbury (1953)
30) The Mote in God's EyeLarry Niven & Jerry Pournelle (1974)
31) Way StationClifford D. Simak (1963)
32) Star MakerOlaf Stapledon (1937)
33) Dying InsideRobert Silverberg (1972)
34) The City and the StarsArthur C. Clarke (1956)
35) DhalgrenSamuel R. Delany (1975)
36) Rendezvous with RamaArthur C. Clarke (1973)
37) Mission of GravityHal Clement (1954)
38*) CityClifford D. Simak (1952)
38*) CyteenC. J. Cherryh (1988)
40) Flowers for AlgernonDaniel Keyes (1966)
41*) Double StarRobert A. Heinlein (1956)
41*) Earth AbidesGeorge R. Stewart (1949)
43*) The Door Into SummerRobert A. Heinlein (1957)
43*) Last and First MenOlaf Stapledon (1930)
43*) UbikPhilip K. Dick (1969)
46*) NorstriliaCordwainer Smith (1975)
46*) The Witches of KarresJames H. Schmitz (1966)
48*) FrankensteinMary Shelley (1818)
48*) Have Space Suit -- Will TravelRobert A. Heinlein (1958)
48*) Time Enough for LoveRobert A. Heinlein (1973)
51) Do Androids Dream of Electric Sheep?Philip K. Dick (1968)
52*) The Gods ThemselvesIsaac Asimov (1972)
52*) "Riverworld" series, Philip José Farmer (1971)