martes, 6 de agosto de 2019

Dhalgren Dos - Delany Makes it

Ha sido como cuando intentas adelantar a un vehículo en un carretera de doble sentido. Debes calcular el tiempo que te va a llevar la maniobra, teniendo en cuenta la potencia de tu coche, la distancia de la recta por la que vas, y la seguridad con la que piensas que nada ni nadie se va a aparecer por el carril contrario en los próximos segundos...

Gestionas tantas cosas en tan poco tiempo, y te va la vida en ello...

Gestiona también, lo mejor posible, el hecho de cómo entras en Bellona, (ya es suficientemente complicado llegar hasta allí, -como relaté en la anterior entrada-), hasta llegar a vislumbrar la cubierta del libro en tus propias manos (el camión ya está justo delante tuyo). Y resta lo más difícil. Sobre todo, ten en cuenta, piénsalo bien, cómo cojones vas a salir de Bellona (y seguir carretera hacia adelante), si es que sales, y vuelves a entrar... 





Creo que nunca he leído tantas veces las primeras páginas de una novela, mientras a la vez avanzaba con la historia. Nunca he vuelto atrás una y otra vez para comprobar ¿el qué?...

Con novelas como "Dhalgren" los dispositivos electrónicos de lectura pierden toda su utilidad. Más allá de Bellona, lo que triunfa es el papel, y los revolcones que es capaz de soportar sin rechistar.



Portada 1ª edición

A pesar de que el número de personas que se acerquen a leer esto con atención sea ínfimo, no estoy por la labor de escribir ningún spoiler de la novela. Aunque podría tener mis razones.

Rabia, ortodoxia, imaginación. Creo que estas son las tres características que definen la actitud de Delany hacia su novela. Y las tres se complementan muy bien.

Rabia. Delany maltrata al lector como nunca lo he sentido yo al menos. Dejo aquí unas reflexiones de William Gibson:


... is not there to be finally understood...

Resumiendo: "Dhalgren" no debe ser resuelto, finally. A la vez, es un texto coherente, consciente de sí mismo, y llega a ser algo por sí mismo. Verdad. También lo es que se trata de una novela resuelta, no es cuestión de asustar al personal. Lo que ocurre es que está resuelta en el sentido que Delany quiso, y sólo en éste. Está todo tan medido, de aquí la ortodoxia, que Delany en todos los años que dedicó a este trabajo no dejó absolutamente ningún resquicio sin resolver. Otra cosa, como digo, es que sea el lector el que deba acarrear con las consecuencias. Una vez tras otra, cuando parece que alguno de los personajes clave va a soltar prenda, la escena se interrumpe. Al principio uno no se da cuenta. O supone que Delany quiere darle emoción a la cosa. Pero según uno se acerca al final, cuando aproximadamente queda un tercio de tocho, uno piensa que no, que Bellona va a seguir siendo Bellona tal y como es, ahí te quedas, lector, ¿te crees que en la vida todo es tan fácil?, las explicaciones se las vas a pedir a otro, pero aquí no las vas a encontrar. Aún así, la historia se entiende. Claro que se entiende, ¡ojo! Se dan las suficientes claves, porque Delany nos las proporciona. Pero como bien dice William Gibson, "Dhalgren" tiene entidad propia. 
A Frederick Pohl se le cita en la anteportada: la he leído tres veces y probablemente la lea al menos otras tres más. Yo también volvería a hacerlo. Pero creo que no voy a tener tiempo. Una referencia al tiempo, una de tantas: 


...Lanya observa que para componer la banda sonora de la novela, "Diffraction", apenas han estado dos horas en ello. Para Kid han sido quizás veinte minutos...


Delany, más allá de su ortodoxia y de su rabia (aunque también tiene que ver con ésta) se toma sus licencias, que no tienen nada que ver con la estructura de la novela ni con su comprensión. Las largas descripciones sobre los escorpiones, sus salidas o correrías (runs) y sus relaciones (orgías) sexuales entre ellos son cosa suya, como lo pueden ser las descripciones de los paisajes que usaba Stifter en su "El Veranillo de San Martín" (siempre la Naturaleza presente). Aunque en este caso, la formación de Kid es radicalmente diferente. Delany se arriesgó, se la jugó. Por momentos la novela se vuelve un tostón. Lo reconozco. Como pasa con los grandes clásicos también. Pero ahí queda eso. Páginas y páginas describiendo cómo se lo hacen una serie de hombres y mujeres, y aún así, es lo de menos. Toda esa imaginería de cuero, sudor, suciedad, neones, griterío, insulterío, rough sex,... es lo que peor ha soportado el paso del tiempo en Bellona; y habría de aparecer el SIDA, claro. Tarde o temprano, en Bellona, también. Aunque, paradojicamente, para Delany, en su momento quizá lo más importante fuera incluir todo el sexo que pudiera en su novela...

No hay género como la ciencia ficción para colársela al lector. 

De aquí que últimamente haya facciones tan descaradamente políticas en el mundo de la ciencia ficción (¿norteamericana?). 

Descaradamente reaccionarias, quiero decir. Se han apuntado al carro, intentando difundir sus ideas a través de inocentes novelas de fantasía y de ciencia ficción (que no tengo la menor intención de leer, pero sé que existen y están por ahí, y quizá me la cuelen por algún sitio pero intentaré estar bien atento). 

Por esto, es tan importante la crítica y el ensayo en el mundo de la ciencia ficción. No hace falta más que hacer referencia al clásico ensayo de Lem sobre Dick y la sci-fi americana. Es un cuento viejo ya. Pero hoy en día hay que estar incluso más alerta.

Aunque me falta información. Daría mucho por tener más tiempo y poder leer las memorias de este hombre: The Motion Of Light In Water (1988).


Ahondando un poco en el tema, la siguiente frase nos da una clave:


In this city, where nothing happens, it is worth your sanity to refuse anything new (párrafo superior).

¿Qué hacen los habitantes de Bellona a lo largo del día? Una cosa es que a Delany le interesase el sexo. Otra es la coherencia de la novela. Evidentemente, esa ortodoxia implacable le hace seguramente escribir a Delany lo que se supone que los habitantes de Bellona harían si vivieran allí (o cualquiera de nosotros) ¿O no? No hay nada que no sea coherente. Podría cortar por lo sano, quizá: Kid estuvo follando sin parar toda la semana con Tanya y Denis. Vale. Nos hacemos una idea. Son muy jóvenes, por otro lado. Y ahora, ¿sobre qué escribo?

Bastante es que se haya editado un montón de ejemplares de un libro de poemas que da mucho que hablar. Aparezca un astronauta que acaba de volver de la Luna. Se componga música. Se cree una escuela. Pero Delany debe seguir dando cuerpo a la vida que se da en Bellona. Conversaciones, meditaciones, reflexiones, observaciones. La noche. Los edificios. Los espectáculos astronómicos que se dan. También prepararse la comida. Ir al baño, mear y cagar. Trasladarse de piso. Emborracharse. Drogarse. Y aún así, hay que vivir el resto del tiempo. Hay que rellenar nuestra vida: surgen el sexo y la violencia. No hay otra. Por eso también se arman los jóvenes de orquídeas de metal (especie de manos metálicas extendidas y dedos a la manera de cuchillas), de cadenas y de prismas, espejos y lentes... 


...una de las pistas que nos da Delany... (y muy al principio, por cierto)

Otra pista:


Surge Escher, de las pocas referencias expresas culturales que hay en la novela, mientras Denny les enseña a Lanya y a Kid sus más preciados objetos personales (posteriormente salvados de un incendio).

Aquí un ejemplo de la excelsa prosa-poesía de Delany, escribiendo sobre la noche en Bellona:

 ... timeless city... ash and smoke... reconstituted disorder... 

Hay algo de la imaginería de Lovecraft en todo ello, haciendo referencia al tiempo, a las deidades, a lo apócrifo, al caos, y a una posterior reproducción... Pasajes como estos son comunes, reflexiones del poeta Kid, sobre qué es lo que posiblemente le rodea. Impagable. 

Otro ejemplo de simbolismo apabullante:

 ... A memory of rustling italicized the silence... 

Pone los pelos de gallina la breve frase; goosebumps. Término que por cierto se desliza a lo largo de Bellona como si fuera un viento que airea su estancia. 

Según pasa el tiempo, uno cuando ha dejado Bellona debe pasar a otra cosa (a Frank Herbert, concretamente). Pero la huella es fuerte. 

Para dejar más claro el asunto de la ortodoxia. Todavía a día de hoy existe una página web en la que un tipo tiene anotadas las correcciones a las diferentes ediciones de "Dhalgren". Correcciones que llaman la atención por lo exhaustivas y detallitas que son:

Kevin J. Ring - oneringcircus.com 


  Dos cubiertas de ediciones más modernas

Dejo para el final la imaginación. Más allá del exceso enrabietado de Delany, sus desbordantes ideas son brillantes y tremendamente intrigantes. Las dos Lunas creando sombras dobles en las habitaciones en las que hay alguien capaz de observarlas... El Sol que envuelve Bellona con unas dimensiones que ocupan la mitad o más del cielo abierto:

... what they could see of it [the Sun] filled half the visible sky...

 Y sin embargo, Kid, dice que es el Sol. ¿No ves, es solamente el Sol? Con esa pose de tranquilidad que ha desarrollado en Bellona, al ser él mismo un superviviente de aquella incomprensible ciudad.

Hay un par de personajes que me gustan mucho. Uno es Tak Loufer, quizás el más probable alter ego del propio Delany en Bellona. Ingeniero que se encarga básicamente de dos cosas: una, él suele dar la bienvenida a los recién llegados de una manera oficial, y de otra menos formal (el lector descubrirá qué es lo que hace con los jovencitos sin complejos que acaban de llegar, como Kidd); y, dos, sabe descubrir los mejores rincones de la ciudad. Un par de ejemplos: 

 ... I used to come down here for my science fiction until there wasn't anything on the selves any more...

Tak le lleva a Kid a visitar una de las librerías de Bellona. En esas misas baldas de Literatura Americana, aparecen decenas y decenas de copias del libro de poemas de Kid: Brass Orchids [Orquídeas de Latón]. Más tarde, hacia el final de la novela le preguntará Kid al editor, el conservador Caulkins dónde y real y materialmente confeccionan el Bellona Times (gaceta diaria) y el libro con sus poemas (o con alguno de sus poemas, más bien). 

Más tarde, en otra visita, que sin duda, en mi opinión, es el clímax imaginativo de la novela, sobre la página 555, Tak le lleva a Kid a visitar un pabellón industrial. Se cuelan por una inmensa persiana. ¿Acaso trabaja aquí el señor Richards?, se pregunta Kid, ese tipo que es el padre de esa familia que podría ser la suya, que tanto acaba por odiar. Comportamientos tan familiares, intentando negar como sea el hecho de que Bellona haya dejado de ser una ciudad como otra cualquiera, que hacen que la postura de Kid se radicalice y su proceso de aprendizaje avance consecuentemente contra el muy hipócrita conservadurismo de los Richards. 

... like you have, isn't it?... 

De repente, en el interior de la nave Kid observa que hay miles y miles de esos puños metálicos con peligrosas cuchillas soldadas almacenados en cientos de cajas de cartón. Se llaman Brass Orchids, así se titula también su poemario, impreso seguramente como por arte de magia en alguna nave cercana... Y hay muchas más cosas extrañas en esa nave. Prismas, espejos, lentes, cadenas. E infinidad de bolas de plástico rojo, partidas por la mitad, del tamaño de un ojo humano... ¡¡Dios!!

¿Qué cojones hacen ahí es lo que se pregunta cualquiera que haya llegado a este punto de la novela? No hay explicación. Pero la sugerencia es tal, las posibilidades que se abren en nuestra mente llegados como digo a este punto son de tal magnitud que uno incluso se pregunta si Bellona no deja de ser un experimento del gobierno americano. ¿Un grandioso homenaje a 'The Tunnel Under The World'? Y como todavía quedan 150 y pico páginas... esto seguro que se nos va a explicar... ...en algún momento... ... puede que todo esté siendo grabado y analizado desde... 

Pero no. Bellona es un país independiente. Aún así, para Tak la existencia de los libros, los puños y lo demás es normal.

El otro personaje que me parece muy interesante (le da un aire muy fresco a la novela) es el astronauta Kamp. Kid lo conoce por primera vez en el Teddy's (el bar donde se reúne la chavalería scorpion y acuden muchos más personajes). Y desarrollan entre ellos conversaciones que parecen haber sido grabadas con grabadora oculta, de lo verosímiles que resultan. A los días, ambos hablan en la fiesta que Caulkins ofrece a Kid en honor a su libro de poemas. Kamp reconoce que está harto de que todo el mundo le pregunte por su viaje a la Luna, apuntando que ya ha vuelto a la Tierra, que solamente estuvo allí seis horas. Todo ello en un tono bastante humorístico. Aunque posteriormente, gracias a la especial capacidad de Kid de arrancar a sus amigos y conocidos reflexiones que nunca hubieran realizado delante de cualquier otra persona, Kamp describe sus sensaciones reales al llegar a la Luna (no ofrece el tipo de respuestas que ya ha automatizado para las preguntas de siempre), y que son terriblemente interesantes. Es decir, Delany consigue ficcionalizar sensaciones que van más allá de las aventuras reales de Aldrin y Amstrong. Kamp también describe un experimento (terrestre) con jóvenes y el LSD que es de lo más revelador. En realidad, Delany nos hace ver que en la vida del astronauta, por muy importante que haya sido su viaje a la Luna, hay cosas que pueden ser más interesantes. Quizá si cabe más valiosas. Kid, como digo, es esa voz que sabe sacar lo mejor de cada habitante de Bellona. Esto es así. Nunca ocurre al revés. A huge capacity for love... como se dice en la contraportada de mi ejemplar de "Dhalgren": 




Aún así, la realidad supera a la ficción. Estoy escuchando ahora un trabajo musical de Anne Guthrie, Brass Orchids... Con lo cual ya tenemos el libro de poemas y los puños cuchillosos en la ficción y en la realidad un conjunto notable de experiencias sonoras que captan la idiosincrasia de Bellona. Aquí, la página de la autora: 


Portada de "Brass Orchids" (2018), de Anne Guthrie.


He de reconocer que mientras leía "Dhalgren", lo que escuché, una vez tras otra, fue "After The Rain" (2012), obra de ese inglés tan admirador de la escuela de música electrónica de Berlín, Ian Boddy. Un disco cautivador, aparentemente tranquilo, pero con unas violentas salidas de tono que se prestan muy bien a la atmósfera de Bellona. 

Tengo que escribir necesariamente sobre el personaje de Lanya Colson. La novia de Kid(d) y también de Denny, por qué no decirlo. Dos poetas muy diferentes también aparecen por Bellona. Como ya se ha dicho, uno es Newboy, el que está de paso. Representa a la figura del poeta maduro y más conservador, que charla bastante con Kid, y a quien intenta aconsejar con la mejor intención. Como de costumbre, Kid acaba por realizar preguntas a las que no están acostumbrados sus entrevistados y se generan diálogos muy interesantes. El otro poeta, local, es Frank. Hay un momento en el que se da por hecho que es él el dueño del cuaderno que se ha encontrado en el parque Kidd. Pero no lo es. Frank acaba siendo el peor crítico de la poesía de Kid. ¿Cómo pueden ser buenos sus poemas si apenas lleva dos semanas escribiendo poesía? Bien, Delany confronta las dos ideas. Es posible que uno tenga que pulir muchísimo sus poemas para que finalmente sean buenos. También es posible que uno capte el momento que quiere poetizar con las debidas palabras, sin necesidad de mayores correciones. 

Es Lanya, sin embargo, la que acaba consolando a Kid, tras la severa crítica de Frank, aportando una reflexión muy interesante: 

... but, today, so many people do so many things very well, and so many people are seriously interested in so many different things people do for their own different reasons, you can't call any thing the best for every person.

Que esto fuera cierto en los años setenta es una cosa. Pero ¿hoy en día? Cualquiera, absolutamente cualquiera, puede aspirar a escribir una novela, por ejemplo; aunque sea en una biblioteca pública donde le podrían proporcionar un ordenador o papel y boli. O ya con más medios, interesarse repentinamente por cualquier tipo de extremo montañismo comprando un equipo nuevo en cosa de dos horas (o veinte minutos)... Todo ello con sus ventajas (el disfrute per se). Y desventajas: evidentemente la primera, la de perder de vista entre todos nosotros un horizonte de calidad mínima a la hora de lanzarnos hacia nuestros intereses... 

Lanya, una joven valiente, inteligente, independiente, hermosa. 

Un ejemplo ahora de lo que Delany propone en la parte final de la novela (aproximadamente durante 10 páginas -651/662-): 


Muestra en directo sus propias correciones. Más allá de ser algo curioso para el lector (quizá esta proposición de Delany sea la más benevolente de la novela, en el sentido de que no nos la hace sufrir más allá de diez páginas), me hace pensar en lo terriblemente cansado que debió ser para Delany escribir esta novela tan ortodoxa en sus condiciones de dislexia. 

Una última reflexión. Uno en Bellona se puede tomar ciertas libertades. Puede acercarse al supermercado de la esquina y servirse, de forma gratuita. Alguien repondrá las baldas. O puede coger el autobús. Ese vehículo que a la manera de un fantasma sigue recogiendo pasajeros. Ir al Teddy's, y tomarse una cerveza a la salud de Bellona. Uno de los personajes más esquivos (aún para Kid) y que peor rollo da de la novela es un tipo que quiere seguir pagando por sus cervezas, aunque sean gratis. Pero la moneda de cambio en Bellona no es el dinero; apenas quedan billetes de la etapa anterior. Kid lo invita con un billete de dólar. [El lector se entera más tarde de cómo Kid consigue el billete. El final de la novela no es del todo lineal temporalmente]. Se sugiere que este tipo que quiere seguir manteniendo las costumbres de toda la vida, y pagar por sus cervezas, es un francotirador. Por cierto, los dos lugares en los que se produce más violencia en Bellona son un centro comercial y la sede de un banco. 

En general, uno puede hacer lo que le de la gana (lo que suele acabar normalmente en sexo - siempre consentido-). [A excepción de la violación de George sobre June, que se convierte en uno de los hilos conductores de la narración, aunque nunca se llega a explicar realmente lo que ocurrió]. 

Sin embargo, es muy interesante comprobar que cuando un grupo de desconocidos comienza a vivir en comandita, en un mismo espacio cerrado, se crea costumbre, y se crea cultura, a un ritmo muchísimo más rápido de lo que podría parecer en un principio. Parece como que si alguien lava la primera noche de comuna los platos, se adjudica la tarea... Veamos lo que escribe Delany:

... it is often just when we are most aware of the freedom of the field in which we move that our actions become most culture-bound? 

A continuación, el fin literal de la novela: 




Dejo de revisar el cuerpo de la novela, y voy a incluir una serie de fotos editadas, sacadas de noticias reales, que me sugieren cómo podría ser Bellona... en algún momento...






Finalmente, apuntar que si me he tomado tanto trabajo en intentar describir, aunque sea mínimamente esta novela, es por algo. Vale la pena. Luego la echamos de menos. Como se echa de menos ese lugar al que vamos de vacaciones, en el que nos podíamos tomar algunas libertades respecto a nuestra vida cotidiana. 


Thank you Samuel


viernes, 2 de agosto de 2019

Dhalgren Uno - Delany Tries It


 ¿Cómo comenzar esta entrada y tratar de envolver (¿en papel de horno?) en unas palabras lo que ocurre en la ciudad de Bellona y a sus escasos habitantes?




La versión original que estoy leyendo, en inglés, alcanza las 800 páginas, y acabo de superar la mitad de ellas.
 
En castellano, en 1988, "Dhalgren" se editó en 3 volúmenes. Colección de Grandes Éxitos de Ciencia Ficción de Ultramar. Traducidos por, quién si no, Domingo Santos. Los 3 volúmenes se titulan:  

I. Prisma, espejo, lentes / II. En tiempo de plaga / III. Palimpsesto.



Que yo sepa, no se ha vuelto a reeditar...

Antes de nada, una pequeña presentación de su autor. Samuel R. Delany. Nació el 1 de Abril de 1942, y sigue, afortunadamente, vivo. Lo que quiere decir que es una de las leyendas todavía presentes en este mundo de la moderna ciencia ficción. 

Tres características que le convierten en un artista especial. Negro. Homosexual (o al menos bisexual). Escritor de Ciencia Ficción. Nacido en una familia bien de Nueva York. 
¡Con veinte años!, ya publica su primera novela, y unas cuantes más, siempre de ciencia ficción. 
Con 24 y 25 años (1966 y 1967) gana dos años seguidos un Premio Nébula (a la mejor novela de sf publicada en EEUU): "Babel 17" y "The Einstein Intersection", respectivamente. En 1968 le nominan al Hugo (un premio digamos más universal) por "Nova", y prácticamente no escribe otra cosa que "Dhalgren" hasta 1974. Estas circunstancias nos indican que un escritor tan joven (32 años en 1974) y con esta progresión tan relevante en tan poco tiempo no puede dejar de lograr una gran obra a la que dedicó tantos años (1968-74). 

Me parecen terriblemente atractivos las tochos que antes de leerlos me dan buenas sensaciones. Es decir, no me atraen los libros tochos porque son tochos, si no que, una vez pasado el tamiz personal, una vez leídas y releídas ciertas críticas y opiniones sobre una obra, si ésta me atrae, si me guiña el ojo (y no me dejo guiñar tan fácilmente, os lo puedo asegurar), y si además es una obra voluminosa, ¿qué más se puede pedir? 

Tiempo. Sí. Está muy bien lucir "Dhalgren" en la balda, pero como no tengas tiempo para leerlo, apaga y vámanos. 

Un par de consejos antes. Para alguien que se lo quiera pensar. Primero, un preliminar. Veo que a día de hoy, cuesta la friolera de 85 euros la "trilogía" traducida de Domingo Santos enviada desde Argentina. No tiene sentido hacerse con una de las partes sueltas, a no ser que se visite con frecuencia librerías de viejo un poco decentes. Desde Inglaterra, la cosa puede salir por unos 12 euros, en un solo volumen completo. 

Primer consejo. La novela se puede considerar claramente como una bildungsroman, es decir, una novela de aprendizaje, al estilo de "Tom Jones" (Henry Fielding), "Wilhelm Meister" (Goethe), "Enrique el Verde" (Keller), "El veranillo de San Martín" (Stifter) o "Grandes Esperanzas" (Dickens). Novelas todas ellas fundamentales para mí, leídas, eso sí, hace muchos años. Y sí, nombrar a todos estos escritores tan importantes es de recibo, viene a cuento. Porque Delany nos cuenta el aprendizaje de su principal protagonista (que al menos en la primera mitad no puede recordar su propio nombre), Kidd, el chaval, como es conocido en la ciudad de Bellona, como si fuera el mismísimo Pip de Dickens. Y Delany está a la altura de aquellos escritores.

Lo que ocurre es que los tiempos han cambiado. Y por otro lado, Delany no hace más que intentar enseñar y explicar el mundo que le rodea a su personaje aprendiz, y de paso, al lector. Una novela clásica, en este sentido. La única diferencia es que es un mundo trastocado a su vez. No especificamente uno futuro. Es uno presente. Surgen multitud de espacios en común. El primero, el sexo. A finales de los sesenta y primeros de los setenta del siglo pasado, escribir sobre sexo era algo casi obligatorio. El segundo, la sociedad capitalista. Los centros comerciales y demás comercios visitados en Bellona (abandonados) como paradigma de las nuevas necesidades creadas tras las Guerras Mundiales. Añadidas las drogas, el alcohol. La amistad es tremendamente importante también. La propia literatura. La poesía. 

Y algo muy importante. A la chavalería de Goethe, Dickens, Stifter, Keller, etc... se le supone racional y mentalmente estable. Kidd no lo es. Es un tipo que sufre de amnesia. Y pasó de más joven por un hospital psiquiátrico (como el mismo Delany). Kidd bebía. Oía voces. Y bebe, y se droga, y a veces duda de su propia condición mental.

Esto no quiere decir que la historia se condicione por el estado mental de Kidd. No es un caso único. Lo que hay que entender es que es lo bastante frecuente, o al menos, algo que entra dentro de la lógica de los tiempos en los que se escribe la historia. Después resulta que el personaje más cuerdo, más racional, más entero de la novela es el propio Kidd (¿a excepción de su novia Lanya?), como no puede ser de otra manera.

Por lo tanto, se puede decir que "Dhalgren" es una novela que vendría muy bien leerla como un clásico, a eso de los 18-20 años de edad, y si no es el caso, leerla más tarde como una novela que describe su tiempo como quizá ninguna otra. ¿Antes? Adelante. A veces, "Dhalgren" parece una YA novel, una novela juvenil. Está impreganda de adolescencia.

Segundo consejo. Leer antes "334" de Thomas M. Disch. Aquí, una reseña. ¿Por qué? Porque es una novela mucho más corta, de 1972, casi contemporánea, y tremendamente parecida. En el tono, más triste, más pesimista quizá. Se convierte en la hermana pequeña de "Dhalgren". George & June. Se tratan los mismo temas, y además comparte interés por la gente de raza negra, la homosexualidad y las presuntas minorías con problemas sociales y/o mentales. Leída en su época, supongo que surgirían en el lector estadounidense multitud de ecos provenientes de la realidad del momento. Pero esto es algo que no me interesa demasiado, el aspecto histórico de la novela. Porque estamos en 2019, y sobre todo, porque no soy de allí.

Bellona, la ciudad en la que transcurre "Dhalgren" está mucho más desarrollada, evidentemente, que los planos abiertos que nos ofrece Disch en "334" de su Nueva York. Hay páginas y páginas en las que apenas se cuentan más que vivencias muy concretas de Kidd. Por ejemplo, en un apartamento medio abandonado, intentando ayudar a una familia a trasladarse de piso. Son páginas bellas, tristes, humanas. 

Es como si fuera un diario de las aventuras del chico. Sus devaneos sexuales (y algo más que devaneos según transcurre el tiempo) con hombres. Su relación son su novia Lanya. Es como si fuera construyendo grupos de amigos y conocidos según va asimilando la ciudad. 

Aparte, sus manías. La de andar siempre descalzo con un pie. Pasarse la lengua por los dientes (algo que hacen muchos de los personajes). El intrigante cuaderno de notas que encuentra por ahí y que no soltará hasta que se lo cede, temporalmente, al poeta que está de visita en la ciudad, el australiano Newboy. Su obsesión con la observación. Siempre observa. Piensa. Le da vueltas a las cosas. Medita. Se pregunta a sí mismo qué es lo que ocurre en Bellona. Tiene una conversación fundamental con Tak (uno de sus amigos) en la que Delany se introduce él mismo en la novela, poniendo en boca de Tak la idea de que todo eso que ocurre no puede ser otra cosa que ciencia ficción (ver foto):




Podemos comprobar que las naves espaciales, las pistolas de rayos, los viajes a la velocidad de la luz no le interesan demasiado a Delany. "Bet you don't read the new, good stuff."

Y es que Delany añade a la historia todo un conjunto de pistas, medio pistas y pequeñas señales aclaratorias, por decir algo, que no son si no mensajes más metaliterarios que otra cosa. ¿Nos intenta aclarar algo?(*)

Kidd llega a una ciudad, llamada Bellona, en auto-stop, habiendo sido recogido por una camión que transporta... alcachofas. Artichokes. Palabra que de vez en cuando se repite a lo largo de la novela. Se supone que ha llegado porque quiere hacer algo allí. Luego, no lo recuerda. Una ciudad que constantemente está rodeada de humo y oscuridad, de extraños fuegos que aparecen y desaparecen. Nunca se ve el cielo azul. Y hay como tormentas. Y una noche, en la que el grupo sale del bar, aparecen dos lunas en el cielo. Y aparentemente el resto del país sigue siendo como siempre. Una ciudad hongo abandonada en la que apenas quedan mil habitantes. ¿Qué hacen allí? No se sabe. 

El estilismo de Delany es impecable, y hace notar al lector que cada coma es importante, como en el poema que escribe Kidd. Están sus metáforas, sus simbolismos, sus propias manías como escritor. (*)

Y después de todo esto, aún hay más. Flota sobre toda la novela (sobre la primera parte, al menos) la idea de que el espacio-tiempo discurre de manera distinta. Al menos, por momentos, éste se altera. Un día la sombra surge por el Este. Otro, por el Oeste. O al menos Tak así lo recuerda. No hay que olvidar el hecho de que Delany fuera muy disléxico; la principal razón seguramente de que a veces la percepción del lector sea la misma que la que pueda sentir por momentos una persona con esta afección. 

Las drogas y las propias visiones de los personajes también pueden alterar su conciencia. Es decir, a veces parece que es algo seguro que un fenómeno general y extraño afecta a la ciudad. Otras, se diría que es el personaje el que tiene ciertas percepciones de la realidad. Si a esto le añadimos la amnesia, la poco conocida dismetría, la neurosis y el miedo a tener que vivir en un lugar apocalíptico, Delany poco a poco va construyendo un auténtico mundo paralelo en Bellona.  

Y por momentos, y aquí lo que sugiere Delany es extraordinario, se intenta describir cómo la propia Bellona influye en sus habitantes:  







Es la misma ciudad la que anima a desactivar, o al menos, minimizar la imaginación de su población. Y ningún individuo parece que vaya a triunfar socialmente con un botín conseguido para sí mismo en cualquier tienda de la ciudad, si no acaso, aumentar su soledad.  

Sería una locura intentar encontrar una razón de ser a todo lo que ocurre en la historia, y creo que es mejor quedarse con la idea de que cada vez que hay que agarrar el tocho (y sucede muchas veces, pues no es una novela que permita leerse por mucho tiempo por su cierta dificultad y saltos narrativos), nos vamos a introducir en el mundo de Kidd (Kid a partir de cierto momento), y esperar a que podamos enterarnos mejor de qué es lo que realmente ocurre allí. 

(*) Estos temas y alguno más se desarrollan en Dhalgren Dos, siguiente entrada en este blog. 

jueves, 25 de julio de 2019

La Luna Que Quiso Ser Astuta (a.k.a. Rogue Moon)

Estamos de Aniversario (50th) a lo largo de este mes. Creo que ya casi nadie lo duda: el hombre llegó a la Luna.

Y exceptuando el excepcional relato "The Sentinel" de C. Clarke (1951) -gérmen de la Odisea Espacial por excelencia-, la novela que me ocupa hoy, Rogue Moon, de Algis Budrys, es uno de los  más tempranos papeles protagonistas que interpretó la Luna en la moderna ciencia ficción.

1960.

Antes del comienzo del programa Apolo de Kennedy.




Novela que en España se tradujo como "El Laberinto de la Luna"... ¿? ¿? ¿? Desilusionante título.

No voy a pedir que se tradujera como "Luna Cabrona", título nada comercial, pero me parecería el más preciso, dando al insulto cierta informalidad y ambivalencia que usamos muchos de nosotros en el día a día de la lengua castellana. "Luna Sinvergüenza" quizá. "Astuta Luna" no hubiera quedado tan mal.

Algo pasa allí. Y realmente, en esta novela bastante corta, lo que ocurre en la Luna es casi lo de menos.

El estilo y referencias de Budrys son de novela negra, o mejor dicho, de cine negro. Los tres protagonistas de la novela, más un par de secundarios de lujo, bien hubieran podido ser Bogart, Lauren Bacall, Edward G. Robinson, más Sylvia Sydney y Ray Milland. La única que se salvaría sería la Sydney, en cuanto a su empatía con respecto hacia el resto del mundo. Los demás serían los verdaderos cabrones de la historia.

Pero no siempre las cosas salen tan bien.

Edward Hawks (G. Robinson) es el tipo duro, científico, con la sangre casi en el punto de congelación. Él solito, con la ayuda de una serie de fieles técnicos (fieles hasta que lo decide él), consigue construir una entramado de maquinaria (bastante verosimil dentro de lo que cabe) que hacen que un hombre viaje hasta la luna, a través de una copia exacta de su cuerpo y mente. La copia viaja. El original se queda en tierra, tumbado, recordando posteriormente lo que le ocurre a su amiga la copia.

Y las copias no consiguen sobrevivir. La Luna las liquida. No se sabe por qué. Una tras otra. El original, en la Tierra, se despierta, loco, demente, porque acaba de morir, y de hecho, sabía que iba a morir un segundo antes de morir. En estas condiciones, se convierte en alguien inservible para seguir trabajando en el proyecto de Hawks.

Debe viajar alguien que no tenga miedo a la muerte, no se vuelva loco por la tensión previa al morir, esto es, esté dispuesto a morir las veces que sean necesarias, para poder permanecer más tiempo. Y ayudar a que el Programa Lunar siga existiendo. Se trata de aguantar el máximo tiempo allí, para poder investigar qué ocurre y contarlo a la vuelta de la muerte.

Es una situación parecida a la que visualizo en una escena de "2001: Odisea en el espacio", en la que los astronautas visitan Tycho, y empiezan a posar como turistas delante del TMA-1, y éste suelta un pitido tal que parece que les va a saltar la tapa de los sesos. [...18 meses más tarde David Bowman visualiza en un monitor aquel mensaje tan desconcertante tras desconectar a HAL; que aquel pitido era una señal de radio dirigida a Jupiter...].


Todavía faltaban 8 años para que Kubrick rodara esta escena.


Surgen los personajes de Al Barker (Bogart) y Claire Pack (Bacall). Un tipo chulesco hasta más no poder. Su chica, de esas rubias que flirtean con todos para en realidad demostrar al resto de hombres lo mucho que admira a su chico. Al Barker se presta al experimento porque lo primero que piensa es que no será para tanto. Y cuando se da cuenta de que es algo realmente especial, su relación con Hawks y Claire ciertamente se tambalea. Aparece Elizabeth Cummings, el rollito romántico que se busca Hawks, quien impertubable ante el disparatado gasto del proyecto y el número de víctimas que provoca, se permite filosofar sobre el amor y la muerte...

Queda como mínimo Vincent Connington (Milland), el borrachuzo jefe de RRHH que se encarga de localizar a Barker, flirtear con Pack, para finalmente lavarse las manos.


Entre capítulos que a veces se hacen más pseudo-surrealistas que pesados (describiendo la vida cotidiana de estos personajes), y partes dedicadas al avance temporal que consigue poco a poco Barker en la Luna, yo leo entre líneas ideas como la fidelidad a la empresa, al trabajo duro, al de conseguir lo que sea y como sea si se trata de un objetivo que ha superado el tamiz de toda esa ideología tan conservadora que trata del sueño americano, el tú puedes, yo más, etc... aunque te vayas cargando todo lo que tengas por delante.

Lo curioso no es tanto que se describan una serie de tensiones laborales (básicas en esta novela), es que se justifiquen por parte de su autor. Es decir, ¿Hawks debiera parecer al lector una especie de héroe?

Se habla tanto de la muerte en esta novela... y sin embargo, hoy en día están superados, en mi opinión, sus pequeños discursos sobre el significado de la vida y la muerte... En el cine negro, esto sobra, y en "Rogue Moon" también.Bogart no lo haría, y G. Robinson tampoco.

Aunque es una buena lectura, qué duda cabe, teniendo en cuenta sobre todo su año de origen. De la Luna... poco más que decir, si es que se ha dicho algo... Podría haber sido la planta 30 del rascacielos de enfrente...

***

Me consta que Algis Budrys no se llevaba nada bien con Thomas M. Disch. O al revés. Lo mismo me da el orden. ¡Con Disch no se mete nadie!

La cosa es que los dos murieron casi a la par. El 9 de Junio del año 2008, Budrys. El 4 de Julio, Disch.

Dejo aquí un link bastante divertido a una noticia. Al parecer Disch poco antes de morir Budrys ya le dió por muerto...

Y aquí una entrevista con Disch, donde lo dice.


lunes, 22 de julio de 2019

The Shape Of Further Things (To Come)


Hace prácticamente un año que recibí este libro desde Inglaterra. A partir de Enero de este año, lo dejé sobre mi mesilla de noche. En principio, la idea era que si mi hijo se ponía muy pesado con sus cuentos, yo podría avanzar con los de Aldiss. Al fin y al cabo, se trata de un libro de pequeños ensayos.

Escritos a lo largo de los primero meses de 1969. Termina el libro hablando sobre hechos de lo más actuales. La llegada del hombre a la Luna, que hoy en día, 50 años después, está siendo tan revisitada. Al menos, parece que ya nos lo creemos todos. Parece que sí llegaron. El propio Aldiss, Bradbury y cómo no, Clarke, muy a favor de la inversión estatal en la NASA. En la más que recomendable película "First Man" (2018), se ve que el que estaba en contra era Kurt Vonnegut Jr.. ¿Pero es que alguna vez fue Vonnegut un escritor de ciencia ficción? Lo dejo para otro día. Aunque reconozco que la pregunta tiene su mala leche.

Personalmente, se me han ido pasando los meses (cosa que indica que mi hijo se porta bien) y ahora en verano le he dado un empujón a esta lectura.

Diría que contiene a un Aldiss portentoso en cuanto a algunas ideas sobre el futuro que es nuestro presente y acierta como si hubiera vivido realmente lo que prevee.
Los dos primeros tercios del libro son valiosos. El primero, porque hace de buen pitoniso. El segundo, cuenta anécdotas y chascarrillos sobre congresos de ciencia ficción, y cosas así. El nacimiento de revistas, sus amistades, su remarcable inmodestia sobre su propio presente como una fuerza mayor en el mundo de la ciencia ficción inglesa. Es el último tercio del libro el que me ha sabido a poco, demasiado abstracto, empeñado Aldiss en describir su idea de una educación basada en el concepto de "fact-free" (libre de hechos).

Voy a intentar copiar algunas ideas. O al menos, esta, que me parece la más conglomeradora:

'Although there is no doubt that the human psyche could explosively improve its condition, the improvement has to come soon, before the ever-self-renewing battalions of technology overwhelm us; sardines in the tin take no pride in canning industries or marketing research.'

... "soon"...

Me temo que nuestra mente todavía está en 1969 (y eso con suerte) en este año corriente de 2019. Eso sí, la tecnología es la de 2019. Con lo cual, nuestra situación mental es la que se resiente. Y mucho.

Aldiss prefigura también la existencia de Internet tal y como lo conocemos, de manera muy primitiva. Habla del CCDC (Computer Centre Dial Control). Aunque es probable que en cuanto a la futura tecnología humana él jugase con ventaja, al estar en contacto con todo tipo de investigaciones que se llevaban a cabo en las universidades inglesas de aquella época.

La idea del libro surge en una noche de copas en casa, con su amigo Chris Evans, doctor dedicado a la investigación del sueño. A partir de las conversaciones que mantienen ellos, las respectivas esposas (los hijos durmiendo, al parecer sin problema) trata de dar hilo al libro. Como digo, según avanza, flojea un poco.

'Science fiction is its own justification'.

Declaración de intenciones muy importante.

Escribe sobre sus inicios como lector de ciencia ficción. La evolución del género. H.G. Wells.

Siente que los DHLawrences, Hemingways y demás grandes escritores siempre hubieran estado tan interesados en el pasado, y no en el futuro.

¿Acaso no es lo mismo plantear una ficción cien años antes o después de nuestro presente? Sí. Pero no. Tampoco es lo mismo leer a Wells ("La guerra de los mundos" me pareció en su día de pésima calidad literaria) que a Lawrence.

Nombra a Moorcock, Ballard, Harry Harrison, Wyndham, Eric Frank Russell, Kingsley Amis... Y lo bien que se lo pasaba en las convenciones de ciencia ficción.

Aldiss me parece un tipo demasiado equilibrado, demasiado confiado en lo que hace, en lo que escribe, en lo que piensa. En esto me recuerda a Clarke.

Lo bonito de esto de la ciencia ficción es que siempre hay donde escoger.

Pasarán los años, y quizás gracias a esa confianza que me puede llegar a molestar, logrará escribir en los primeros años ochenta la inconmensurable Trilogía de Helliconia.



domingo, 21 de julio de 2019

Musical Time Slip

Casi dieciséis semanas después, me propongo hoy a escribir sobre música.

Por un lado, he empezado a leer hace poco la tesis que cito en la entrada anterior. "Teutonic Time Slip", o cierta historia de aquella Alemania influida por su propia música desde finales de los años sesenta hasta el estallido de los grandes festivales de música electrónica de principios del siglo XXI.

El autor, Sean Nye, es californiano, y sabiamente, lleva el tema a su terreno. Claro, allí estaban todos los alemanes (escritores, directores de cine, músicos, pensadores, etc...) que emigraron a California, y dejaron una clara impronta. Por ejemplo, Thomas Mann. O Arnold Schönberg.

Algo que influyó sin duda a Philip K. Dick y su pasión por la cultura alemana. Buen caldo de cultivo los primeros años cincuenta para lo que surgiría después desde su pluma.

En "Martian Time Slip" lo deja claro. El malo de la película (Arnie Kott), esa especie de Trump sesentero, abjura de la chirriante nueva música.

Los tonos oscuros, los diferentes espacios entre las notas, la despedida de la melodía, el triunfo del tribalismo como nuevo ritmo al que ajustarse mentalmente. Esa "Sinfonía del No-Mundo" [excelente novela del autor catalán A.G. Porta] donde cada pulsación de teclado adquiere la misma importancia, el dodecafonismo, esta vez mental. La conexión Schönberg (1923 Viena) - Stockhausen (Colonia 1955) - Can (Colonia 1965) - Wolfgang Voigt (Colonia 1995) - and beyond...

Alejándome un poco de la propuesta de Sean Nye, haciéndola más general, es intentar plasmar la idea de que con el advenimiento de la música electrónica, ya en fase más desarrollada, hablando por ejemplo de los dos primeros trabajos de Kraftwerk (1974-75), algo ha cambiado en nuestro cerebro.

Lo grandioso de la música electrónica alemana (y con las correspondientes excelencias surgidas en otros lugares) es que supo dotar a sus creaciones de una densidad y una fortaleza incomparables.

Sobre todo, por el tempo de la música, y por la duración de las piezas. Desde casi el principio (1967) se abandonó la idea del concepto de "ítem" de tres o cuatro minutos como mucho. Ya en su segundo disco (1971) Tangerine Dream explora sus límites con una composición de 22 minutos -Alphacentauri-. Aún más radical, Klaus Schulze, en Irrlicht (1972) nos hace, queramos o no, viajar con alguna de sus dos largas suites.

No se sabe hacia dónde, o quizás, sabiéndolo demasiado bien. Hacia nuestro subconsciente.

Quizás hacia esas mentes con tintes problemáticos, como la del autista Manfred Steiner, el niño protagonista de "Martian Time Slip". Para ayudarlas. Hay que recordar que Manfred sufre más que nada de una distorsión temporal. Intentan construir una habitación en la que se proyecta la vida a una velocidad mucho menor. Aflora en mí la idea de que una suite electrónica de 25 minutos, escuchada una serie de veces, facilmente se podría convertir según nuestra propia concepción espacio-temporal (y si no vivimos en una constante persecución contra nuestro propio tiempo) en algo similar a escuchar un single de 3 minutos de duración.

No parece descabellado pensar que Philip K. Dick prefiguró a principios de los 60 la música electrónica del futuro. Y en este caso, lo de "electrónica", no es más que una palabra que nos ayuda a pensar en un tipo de música que se ha compuesto por y para diferentes instrumentos electrónicos/grabaciones de campo/distorsiones/efectos de sonido, etc... Es decir, sonidos (naturales o no) que de alguna manera han sido monitorizados por un ser humano, sin ninguna intención pop.

Este concepto abarca tanto, es tan extenso, que es mejor quedarse con la idea global. Y sea como sea, son sonidos que nos afectan.

En principio, la música de Kraftwerk y Klaus Schulze no tienen mucho que ver. Sobre todo si nos quedamos con algún "single" de los primeros, y con algún tema etéreo del segundo. Pero ambos, y muchos más, incluyendo toda la escuela de Berlín, los planeadores, Can como estrella propia, radiante y exuberante, y toda la retahíla de grupos que grabaron sus trabajos sobre todo entre 1970 y 1975, contribuyeron a rellenar (cada uno con su trocito de algodón) nuestra moderna psicología. No solo musical, si no también espiritual, vital.

O por lo menos, es lo que me ocurre a mí. En "Martian Time Slip" se describe un mundo en el que un buen porcentaje de la población necesita de cuidados psiquiátricos. La tonalidad, la densidad, la significación de cierta música nos puede ayudar a superar las invisibles tenazas que nos aprietan las neuronas en nuestros días; unos más que otros. Y no hay que ser tan ingenuo como en aquella clínica en la que al James Stewart de "Vértigo" le ponían a escuchar a Mozart y todos tan contentos.

No digo que la música de Mozart no sea válida para la recuperación mental, pero sí pienso que es una idea desfasada con las posibilidades sónicas que tenemos hoy en día.

Tampoco hace falta hoy en día poner sobre el giradiscos un vinilo de Ash Ra Tempel, y escucharlo durante 25 minutos para que nos haga efecto su poder de curación. No.

Lo que recomiendo (y es por esto por lo que básicamente me he liado a escribir todo esto), es conseguir un editor de archivos musicales. Por ejemplo, Audacity.

Cortar y pegar. Cualquier single nos vale. ¡Cuántas veces una maravillosa introducción, pongamos que de treinta segundos, a un tema de cinco minutos, se ve echada a perder a medida de que se van añadiendo voces y más instrumentos! No hay que preocuparse. Se corta y se pega las veces que hagan falta; la introducción.

Son esas pequeñas pastillitas autofabricadas que nos ayudan a superar un mal día. A veces no hace falta más que repetir hasta el infinito una secuencia de cuatro o cinco segundos. ¿Quién dijo que el espíritu punk estaba acabado? Seamos nosotros mismos quienes construyamos, y rellenemos nuestras mentes con los acordes, los ritmos y los ambientes que nos apetezcan, huyendo del esquema cuatro-minutos-de-canción-intro-melodía-coro-bis-melodía-coro-bis-final que tanto daño nos hace en nuestra vida cotidiana.

Phil K. Dick lo intuyó. Los alemanes pusieron el cerebro a trabajar para que nosotros podamos descansar. La tecnología de hoy en día nos permite ser mucho más escogidos, y disfrutar de la música como si fuera un set de piezas de sushi. No hay excusas.

Ahora bien, es probable que desde hace unos diez o quince años, en mi opinión, hayan sido los compositores rusos, para nada los Occidentales, los que hayan dotado a sus trabajos de las texturas electrónicas más interesantes y curativas, huyendo de lo más obvio, para construir todo tipo de oscuras pero a la vez pacíficas secuencias de sonido, que no sólo pueden ayudar al sueño, si no a disfrutar de la vigilia de manera más plena y menos neurótica.
















martes, 2 de abril de 2019

Martian Time Slip (1964) - Philip K. Dick





Me temo que dadas mis circunstancias, no puedo dedicar todo el tiempo que me gustaría a esta entrada. Además, he leído la novela en pequeños lapsos de quince a veinte minutos cada día (descansos en el trabajo), por lo que por muy interesado que estuviera en seguir leyendo, no podía hacerlo. Es la primera vez que leo una novela con semejante ritmo.


En "We Can Build You" el tema central de la novela (o al menos, lo que la impulsa) es el nacimiento, y el próximo sufrimiento ante la vida de un bebé. En "Martian Time Slip", es la familia. Es necesario superar un puro y duro viaje de emigración a Marte. Tan sencillo como eso. Las razones por las que la gente se va a Marte son las históricas de siempre. Una huida hacia delante, bien sea por un exceso de optimismo, ingenuidad, o por defecto de felicidad, o tranquilidad económica. En Marte nos encontraremos con los mismos problemas de siempre: especulación inmobiliaria, establecimientos de primera, de segunda, de tercera… añadiendo la existencia de un pueblo marciano que es tratado como si fuera una jeringuilla usada y ya inútil (aunque no tanto para los protagonistas que finalmente deberán afrontar el hecho de que la verdadera y antigua civilización de Marte conoce su planeta mejor de lo que se podría pensar).

En la primera parte de la novela Dick va narrando, con buen tino, a su ritmo, la situación.

Problemas de abastecimiento de agua, el mercado negro de productos alimenticios de lujo, situaciones de depresión, adulterio, fármacos… Llegamos a la escuela especial para niños con problemas mentales. El autismo. Que es mezclado con la esquizofrenia. Aquí reconozco que me pierdo, no sé si hoy en día es verosímil la propuesta de Dick. Incluso antes de que se meta a mezclar todo ello con los viajes en el tiempo. Pero una cosa está clara: hay un momento en la novela en que el lector realmente lo pasa mal. El proceso de alienación que vive su protagonista, rememorando un antiguo episodio esquizofrénico, y pareciendo que en su presente su estado mental se va a deteriorar muchísimo, hace que, como digo, el lector se empape de este proceso. O al menos, así me ha ocurrido a mí. Especialmente en los capítulos 10 y 11, como indico más abajo. Uno se aliena por momentos. Y no es de extrañar. Porque en el año 2019 solo hace falta pensar unos pocos segundos en el desprendimiento social en el que vivimos, agarrados al teléfono móvil, ignorando a los seres que pasan a nuestro lado, para darnos cuenta de lo mucho que nos hemos acercado a lo que Dick intenta describir como experiencia extrema en Marte.

Como digo, la presentación es impecable. El desarrollo último de todo lo que se pone sobre la mesa es quizás lo de menos, y donde más falla "Martian Time Slip". Por algún lado tiene que tirar Dick para "quitarse de encima" la novela y pasar a otra.




 Edición española de Edhasa Nebulae. 


Una mejor traducción en mi opinión hubiera sido "Desliz Temporal en Marte".

Voy leyendo su obra en orden cronológico de creación (no de edición, ¡ojo!), y está claro que esta etapa es muy disfrutable. Imaginemos que a uno le regalan un bono de visitas a un restaurante de gran calidad, con la condición de que cada vez que lo visita, sólo puede probar un plato. Todo está riquísimo, todos los platos comparten una misma forma de entender la cocina, y a la vez son diferentes. Y es difícil decidir cuál nos gusta más. Así es como veo la obra de Dick. Cada "bono" es una novela. Evidentemente, se puede repetir, pero uno se va quedando con la impresión de que cada vez quedan menos… "Martian Time Slip" no me ha parecido superior a "We Can Build You", aunque en el aspecto de escenarios y "localizaciones" creo que la mejora.

Atención a esta novela para los seguidores de "El Resplandor", tanto de la novela como de la película. La primigenia raza negra de los Bleekman tiene ciertos poderes parecidos a los que muestra el negro que trabaja en el Overlook. Y el hijo de Jack Torrance mama bastante del niño autista de la novela de Dick.

En los capítulos 10 y 11, Dick repite la misma escena una serie de veces. Son momentos muy tensos. El lector no sabe qué ocurre con los personajes. En cada repetición, la secuencia de hechos es la misma, pero ocurren cambios que indican la insana percepción del personaje desde el cual se fija el punto de vista de la narración. Un continuum de diferentes percepciones para unos hechos que deberían ser totalmente normales. El malabarismo literario que alcanza Dick en esta parte de la novela es muy potente. Lo recomendable sería volver a leerla e intentar analizar el éxito de su golpe sobre la mesa.


¿Queréis saber lo que se siente cuando la realidad se resquebraja?



Un poco antes, en el capítulo 7, Arnie Kott, el todopoderoso dueño del influyente sindicato en Marte, una especie de trasunto del futuro Mr. Trump, intenta enviar un mensaje personal a sus corresponsales en la Tierra del mercado negro, a la vez que se ríe de la música que en aquel momento gustaba más en la Tierra: la canción del Espíritu del Viento, una cantata del inventado autor Karl William Dittershand. Otro nombre alemán en su particular interés por la música electrónica, y por lo que parece, alemana. En esto, hay una clara correlación con esos personajes de descendencia alemana, fabricantes de proto-sintetizadores en "We Can Build You".

Buscando en la red el nombre de Dittershand, doy con una tesis doctoral llamada "Teutonic Time Slip", de Sean Ulhane Nye, 2013. Concretamente se titula:

TEUTONIC TIME-SLIP:
TRAVELS IN ELECTRONIC MUSIC, TECHNOLOGY, 
AND GERMAN IDENTITY
1968-2009

Un interesantísimo trabajo que intenta aunar ideas, y entre ellas, por qué surge en Alemania lo que en ningún otro país surgió de manera tan fuerte y diferente. Una música que salió casi de la nada, sin muchas de las influencias que en el resto del mundo imperaban. Pero debo leerlo con más atención.

A continuación, link al respecto, como Open Data del repositorio de la Universidad de Minnesota.

(salta una ventana para guardar el pdf)

https://conservancy.umn.edu/bitstream/handle/11299/151315/Nye_umn_0130E_13618.pdf?sequence=1&isAllowed=y

A Sean Nye le apasiona el tema, y ha dado conferencias sobre el tema. Por ejemplo:

https://datacide-magazine.com/tag/sean-nye/


donde se lee:

Sean Nye – Sonic Fiction: The Musical Case of Philip K. Dick’s Martian Time Slip


Music and sound recording play central roles in the science fiction of Philip K. Dick. Dick’s experiences as a radio and music store clerk during his youth, as well as his lifelong practices as an LP-collector and audiophile, are reflected throughout his major novels. This paper traces the ways in which Dick engages music and sound by analyzing his classic novel from 1964, “Martian Time-Slip.” My talk will explore how Dick’s references to composers, musical instruments, and audio technology in “Martian Time-Slip” demonstrates a careful consideration of the social and political role of music and sound during the Cold War. It will also show how Dick’s science fiction literary technique was able to offer narratives that address music and audio technology in striking ways. Thus, we will see that Dick’s role in modern music is not limited to the extraordinary influences he has had on musical subcultures and popular culture since the 1960s. His own writings are influenced by, and indeed saturated with, music – and noise.


Un tipo de lo más interesante. Siempre mezclado en proyectos de música electrónica y ciencia ficción.

Y aquí van otras ediciones de la novela:



 


La alemana llama más la atención por su traducción, "Mozart para marcianos", y las dos japonesas por sus ilustraciones, que se acercan mucho a la idea núcleo de la novela. 


sábado, 29 de diciembre de 2018

Helliconia Trilogy Proyect (1982-1985) - Brian Aldiss



Este ha sido mi principal proyecto literario de este año que ya termina.


En primavera leí “Helliconia Spring”. En verano, "Helliconia Summer”. Y ahora, me faltan cien páginas para terminar “Helliconia Winter”. Una pena que no haya más estaciones.

El otoño se lo saltó Aldiss. Con sentido, pues la tercera parte es casi más otoño que invierno, y narrar el auténtico invierno Helliconiano no daría para mucho, pues el hombre prácticamente desaparece del planeta en muchas capas de su existencia.

¿Que es imposible que los personajes principales de cada parte puedan sufrir, digamos en el periodo de cuarenta o cincuenta años (suponiendo que su esperanza de vida es menor en invierno) cambios climáticos tan drásticos, y poder ser conscientes de ello? ¿Empezar la novela en mangas de camisa y terminarla con varias capas de piel de asokin encima? Es imposible, claro. Es una licencia que Aldiss debe tomarse para dar cuerpo a la obra.

Dejo aquí un link a la entrada de un blog (ya tiene sus añitos) en el que se describe perfectamente el esqueleto de la novela. Y hay un precioso gráfico que nos enseña cómo el planeta Helliconia rota alrededor de su sol, y éste alrededor de otro mayor. Imagen que nos ayuda a comprender de un vistazo cómo es que en el verano de Helliconia hace tanto calor, y en su invierno, tanto frío. Muchas gracias a su autor por el tiempo dedicado a difundir Helliconia por nuestro propio planeta.





Además, como curiosidad, yo he leído la misma edición en inglés que aparece en esa entrada. Los tres ejemplares editados por Granada Books, que parecen ser la edición canónica de esta obra. Cuando los compré, y me llegaron desde Inglaterra, pensé: “Puff, a ver si tengo tiempo para leer algún día esto”. Y sí, lo he tenido. Eso sí, sacrificando otros muchos libros.



Pero ha valido la pena. Vaya que sí. Con el pedigrí con el que ya llegó la trilogía a mis baldas, después de leer varias recomendaciones muy buenas, uno se da cuenta enseguida que está ante una obra magna. ¡Sí! Hoy en día es casi imprescindible acudir a las  recomendaciones antes de ponerse a leer nada. Si queremos leer buena ciencia ficción en concreto, y no perder el tiempo, o al menos, aprovecharlo mejor, no basta con ir a la librería y preguntarle al librero qué nos recomienda. Incluso el bibliotecario, a no ser que sea un experto, tampoco nos va a saber ayudar realmente. Hay que hacerse con una obra de referencia. Y que sea crítica. Por favor, evitar guías al uso, libracos que nos hablan de novelas, de películas, de muchísimas cosas de ciencia ficción, en los que no se profundiza nada y se acaba por leer siempre lo mismo sobre los mismos.

Así, yo recomendaría, sobre todo para el lector que tiene cierto nivel de inglés (no hace falta saber mucho inglés para manejar obras de referencia que están para orientar, no para leer sus contenidos palabra por palabra) dos títulos. Uno, imprescindible. La Enciclopedia de Ciencia Ficción de Peter Nicholls. 



Existe su versión en línea, http://www.sf-encyclopedia.com/, que no es muy útil para el que anda buscando (mucho más útil es cuando uno quiere encontrar lo que ya sabe). Recomiendo hacerse con una versión antigua, edición de 1979, editada también por Granada. Se puede conseguir por una libra comprándolo online en el Reino Unido más gastos de envío (al menos, antes del Brexit, que pudiera ser catastrófico para este tipo de compras desde la Europa Continental).
Pero todavía recomiendo más un libro que critica brevemente muchísimos trabajos de ciencia ficción, y los califica con cierto número de estrellas (de * a ****). Está muy bien para empezar a vislumbrar obras que van un poco más allá de los clásicos y nos ayuda a evitar a los superficiales contemporáneos. Su autor es David Pringle. 



No digo yo que todo sea lanzarse a leer las que tengan ****. A veces, una de ** nos puede satisfacer mucho, porque se adapta a nuestro gusto. Pero lo importante es esto: ¿alguien se ha leído todas las **** y ***? Quizás sí, pero para empezar, no está mal. 
Aquí, el detalle de las obras que poseen cuatro estrellas, en la cubierta posterior. Para el poco iniciado en la sf, yo comenzaría por alguna de ellas. Si ve que no la puede conseguir a un precio justo en la lengua castellana, que se lance a comprarla en inglés. Va a ahorrar dinero, y se lo agradecerá a sí mismo en el futuro.


Vuelvo a Helliconia. Insisto en que la fuente principal por la que compré la trilogía fue fundamentalmente la opinión de David Pringle (foto inferior). Ballard, el Grande como se puede ver no sale tan bien parado. Y estoy de acuerdo con Pringle en este caso.



La primavera comienza con mucha descripción concreta. Dos personajes, padre e hijo, vagan por las heladas tierras del continente Campannlac en busca de comida. Son cazadores. Se encuentran con problemas. Al padre lo detienen. Pasará a ser esclavo de otra extraña raza, los phagors…
Así visto, y durante unas buenas cien páginas o más, parece que estamos ante una novela de fantasía bastante conservadora. Muy bien escrita, por cierto. Pero de repente, Aldiss comienza a enriquecer la novela con todo tipo de ideas y novedades para el lector. Y no me voy a extender más. Solo decir que en el campo de la literatura experimenté algo así como lo que ocurre cuando ves por primera vez “2001, Odisea en el Espacio”, y en menos de un segundo, te das cuenta de que ya no estás en la Tierra, entre primates, si no viajando por el espacio exterior…
  
Probablemente, el nivel más alto de enriquecimiento de ideas lo consiguió Aldiss en su “Primavera”. El ser humano abandona las pieles poco a poco, deja de vivir en cuevas o moradas muy primitivas. Vienen épocas más prósperas. Lo que quiere decir que el cerebro humano también comienza a despertarse. Como no puede ser de otra manera, cada pueblo de Helliconia comparte una serie de objetivos comunes con el resto. Conseguir más territorios de caza, establecer la filosofía y la religión imperantes y proteger por encima de todo a los suyos y a sus vías más beneficiosas de comercio.
En su “Verano” se da mucho más espacio a lo que se llamarían luchas de posición. Los humanos de Helliconia digamos que habiendo alcanzado un mínimo de comodidades físicas, se dan a una especie de expansión, que para algunos es material, y para otros más espiritual. El verano permite ciertos lujos, a costa de andar sudando todo el día.

Ya en “Invierno”, el hombre, sabedor de lo que le espera, con el frío azotando ya, se vuelve terriblemente conservador, y una criatura traicionera para sí misma. De repente, no tiene reparo en dejar de proteger a los suyos, o en dejar de seguir antiguas tradiciones, nacidas en la primavera anterior, si con ello cree que va a llegar mejor preparado para el frío. Individualmente, o en comunidad. La época de un cierto relajamiento se ha terminado. Se vuelve a la ortodoxia pura y dura.

Es este un resumen muy esquemático, y que intenta aportar al más científico que se menciona en el citado blog un cariz más sociológico.

Lo maravilloso de esta trilogía consiste en amalgamar muchísimas de las facetas que nos son comunes a todas las criaturas humanas, que nacemos con cierto nivel de inteligencia y de recursos, con nuestra posterior formación, en un lugar y en un momento dados. Darle sentido, en otro planeta que hay saber explicar. Y añadir aún un montón de vivencias para el lector, que pueden ser de tipo astronómico, animal, cultural, religioso, o de la aventura por la simple aventura. 

El mérito supremo en este caso es haber logrado una verosimilitud inaudita. Me apunto para el futuro "Dragon's Egg", que se recomienda vivamente en el blog mencionado. Evidentemente la fama se la ha llevado George R. Martin. Cualquiera se la quita a estas alturas. La gloria, sin embargo, es para Mr. Aldiss. Thank you so much.