jueves, 28 de julio de 2022

The Machine in Shaft Ten (1975) - M. John Harrison

Decía allá por Febrero que la próxima entrada iba a representar un cambio radical... Sí, tenía pensado leer la trilogía de Titus Groan y Gormenghast, de Mervyn Peake. No se dieron las condiciones finalmente; puede que en una buena temporada. Sin embargo he ido a caer con un escritor que admira mucho a Peake. Algo es algo.

M. [Michael] John Harrison (1945-).

Hace un par de días, cumplió 77 años.

Uno de esos chicos que afortunadamente fue al sitio adecuado en el momento adecuado. Londres, 1966, proveniente del interior de Inglaterra.

Más interesado por lo bizarro que por cualquier otra cosa, acabó por sentirse acogido en el mundo de la ciencia ficción, que él a su vez criticaba por no ser capaz de ofrecer lo que debía ofrecer.

La revista “New Worlds” y Michael Moorcock fueron los ejes principales de aquellos tiempos. Y el maestro Ballard flotaba sobre ellos como el nuevo Profeta.

Y antes de ser escritor fue más crítico literario, editor, guionista…

Lo que he leído yo es su primera antología de relatos, “The Machine in Shaft Ten and Other Stories”, una edición Panther de 1975, primera y ¿única? edición.

[Suerte que la compré como hace tres años, antes del Brexit, pues no es un libro que se haya vuelto a editar, y ahora conseguirlo puede costar “in poor condition” mínimamente treinta euros + tasas sorpresa en destino (léase impuestos aplicados a la importación de bienes de super-lujo como son gastadillos paperbacks de segunda mano, -de ciencia ficción para más inri-). Intolerable, Mr. Johnson and Co.].

 



 

¿Ciencia ficción en “The Machine in Shaft Ten and Other Stories”? No mucha. Son los primeros relatos de un escritor bastante heterogéneo, con lecturas propias también heterogéneas.

Es como un ramo de flores, y cada flor, de una especie. El listado es: "The Machine in Shaft Ten"; "The Lamia and Lord Cromis"; "The Bait Principle"; "Running Down"; "The Orgasm Band"; "Visions of Monad"; "Events Witnessed from a City"; "London Melancholy"; "Ring of Pain"; "The Causeway'; "The Bringer with the Window"; "Coming from Behind".

"The Machine in Shaft Ten". El relato que da nombre a la antología es verdaderamente ciencia ficción. Una catástrofe se desata. Existen una serie de mastodónticos ejes que recorren el interior de nuestro planeta. Y una raza que parece que los controla… Muy Quatermass, muy British, muy potente.

El segundo relato, “The Lamia and Lord Cromis”, junto con "Events Witnessed from a City" y “The Causeway” forman parte del mundo Viriconium, mucho más cerca de la fantasía, en los que un escenario post-industrial y arrasado es casi el verdadero protagonista. Ruinas que hay que saber describir. Y Harrison lo hace muy bien, con dos detalles a continuación de “The Lamia and Lord Cromis”. 

 



 

Hay una serie de relatos que se pueden calificar como inclasificables. "The Bait Principle"; "The Orgasm Band"; "Visions of Monad"; "Ring of Pain" y “The Bringer with the Window". Tendría que leer relatos posteriores de Harrison y comprobar su posterior estilo, pero éstos son bastante crípticos, y bastante influenciados por la época en la que fueron escritos, especialmente “The Orgasm Band” y “Visions of Monad”.

“London Melancholy” es una fantasía muy potente, que a cualquier adolescente le debería de atraer.

El libro se cierra con “Coming from Behind”, una narración enclavada en una fuerte distopía, y sus protagonistas tratan de sobrevivir como pueden en base a una serie de ideas fijas que quizás es mejor que varíen algo en algún momento, por el bien de su  propia superviviencia.

Y dejo para el final “Running Down”, el relato más largo de todos, el que quizás más se aleja de la fantasía y de la ciencia ficción, pues parece una narración totalmente realista, hasta que en su segunda parte nos vemos metidos en una aventura imposible, tremendamente bien resuelta. Un relato muy notable, que se rescató para una posterior antología de Harrison.

 

Vivimos una época en la que priman las trilogías, los tochos tranquilizadores, lecturas que nos permiten pensar lo justo para arrancar una novela, y después dejarnos llevar por tres o cuatro personajes durante los miles de páginas que sean. Son inercias peligrosas. El arte de leer relatos cortos se pierde, y yo mismo consciente de ello, me atreví con Harrison, saliendo de esta aventura más convencido todavía de que el lector también tiene que poner de su parte.

Literatura de calidad es lo que me he encontrado. 1975. Han pasado 47 años. ¿Será posible que este tipo de escritos se pudieran considerar ya como una especie de poesía medieval? ¿Un ejercicio devoto de lectura placentera con lo justo como para engañar al Mundo de que todavía somos capaces de huir de Él con dos o tres frases bien escritas?

Afortunadamente, hace muy poco se ha editado la siguiente antología, cortesía de unos argentinos que saben lo que se hacen. Traducción de los relatos contenidos en “Travel Arrangements” (2000), “Preparativos de Viaje” (2020) editados por Interzona. 

 


 

Sí, M. John Harrison es uno de esos escritores que toda persona cuya lengua materna sea el inglés debería de leer… porque lo iba a disfrutar… o no… en fin… porque también hay gente que huye de este perfil de escritor, que parece que no es capaz de respetar las estructuras clásicas. Y luego está el sexo, claro.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Why? and Who?... Science Fiction

Now... today I am going to rescue two old entries, but translated into English, for the benefit of some people, I hope, and especially for J.

The first one, 'Why I read Science Fiction' is from December 2017. Here the original in Spanish.

The second one, 'Who is Science Fiction?', from May 2018. Here the original in Spanish.

 

So let's go!

 

viernes, 25 de febrero de 2022

The Three Stigmata of Palmer Eldritch (1965) - Philip K. Dick

 

“Los tres estigmas de Palmer Eldritch”...

Solamente el título daría para muchísimas conversaciones. No es fácil definir lo que es un estigma. Supuestamente, ya sea en las manos, en los pies, o en el costado derecho, de repente se manifiestan unas heridas parecidas a las que tuvo que sufrir el mismísimo Jesucristo en la Cruz.

Y Palmer Eldritch es un tipo cuyos ojos, manos y dientes poseen estigmas. Estas partes de su cuerpo se han metamorfoseado en algo metálico, inhóspito, lejano.

En la siguiente cubierta, la de la primera edición, aparecen la mano, el ojo y la dentadura.

 

La cubierta de SF Masterworks tampoco tiene desperdicio.

 


 

Novela de 1965. Tuvo que competir nada menos que con “Dune” en los Premios Nebula, siendo finalista. Ganó “Dune”, of course.

Y han coincidido casualmente en mi horizonte lector primero “Dune”, para posteriormente retomar mi lectura cronológica de las obras de Dick... ¿Una señal?

 

Circula por Internet la mítica cubierta que en 1975 la editora Manor usó para esta novela. Y que antes y después, 1972 y 1978 se utilizó también para editar “Dune”.

 

  


Y añado las notas al respecto que se indican en el maravilloso sitio web www.isfdb.org

·  A Manor Book ... 1975

·  Cover artist is not credited. No visible signature. Bruce Pennington is confirmed by Jane Frank in Science Fiction and Fantasy Artists of the Twentieth Century

·  Illustration was also used for the 1972 and 1978 NEL editions of Dune.

 

 

Esta ha sido mi edición.

La Red está llena de resúmenes de la intrincada historia que se cuenta en la novela.

Básicamente, una vez más, un tipo normal se ve metido en una aventura cósmica, inimaginable al principio de la novela. Y en la parte final, es tal el cacao que se forma, que por momentos uno piensa que si aparta la vista del libro que está leyendo, el mismísimo Palmer Eldritch se va a presentar delante nuestro, con su sonrisa metálica.

Pero ya que tengo tan reciente la lectura de “Dune” voy a hacer un poco de literatura comparada.

 Ambas comparten tres puntos de unión muy concretos: droga, religión y un clima tórrido (tanto en el Arrakis  de Herbert como en la Tierra de Dick). De hecho, en la Tierra ya hace mucho más calor que en las diurnas arenas donde habitan los Fremen. ¿Fueron los veranos de mediados de los sesenta del siglo pasado especialmente calientes? Si Herbert o Dick sufrieran los de ahora...

 

1)  El planetólogo Kynes les dijo a los Fremen que en unos 500 años, Arrakis podría ser realmente habitable. Dick describe la ciudad como un creciente infierno, en el que ya existen viviendas subterráneas, en la calle hay gigantescos sistemas de aire acondicionado, y los taxis son como pequeños refugios temporales hasta que uno llega a destino. En este sentido, Dick siempre fue mucho más práctico, directo e imaginativo. La tarea de Herbert era mucho más descomunal: atenerse a las leyes de la realidad para construir un mundo totalmente nuevo, algo que puede irritar al lector que le pide más marcha a sus lecturas; las cosas no son tan rápidas ni sencillas. El caso de Dick es el opuesto. Le va la marcha. Con dos o tres párrafos, de una prosa increíblemente sencilla, te pone al día de lo que hay. Y comienza el viaje. Ambos escritores en este caso se complementan. Diferentes. No comparables.

  

2)      2) En “Dune”, el melange o especia que provoca visiones del futuro a los elegidos, además de muchos otros efectos físicos o psíquicos a todo el personal, es el catalizador de toda la historia que se cuenta.  También está el nemuta, una muy sugerente combinación de música y droga que llega a las capas más escondidas del subconsciente. Aunque es apenas mencionada en toda la novela.

En la novela de Dick, son dos las sustancias que invaden la vida cotidiana de los humanos. El Can-D, candy (caramelo), es una droga digamos que blanda. La usan los colonos que dejan (obligatoriamente, llamados a filas) la Tierra, y se dirigen a diversas colonias humanas del Sistema Solar. Es en Marte donde Dick emplaza la colonia protagonista de la novela. Allí, la vida es tan gris y aburrida que a alguien se le ocurrió desarrollar todo un mundo de miniaturas que representan escenas de la vida terrestre. Y con estos layouts (especie de maquetas a escala), la gente se reúne, toma Can-D, y a través de éste, puede experimentar escenas en las que uno es protagonista, coge un cochecito, se va a la playa con su novia, y habla de sus cosas con ella.

 


 

 


 

Esto de la miniaturización es ya de por sí impresionante. Solamente por esto, vale la pena leer la novela. Y Dick apenas da detalles. Una de las parejas se gastó sus skins  (dinero) en la escena de un psicoanalista, incluyendo el sofá, la mesa, la moqueta y unos libros tremendamente realistas... (ver foto más abajo). 

 

 
 
Hasta que llega de vuelta de más allá del Sistema Solar un tal Palmer Eldritch. Y con él, una nueva droga, el Chew-Z (“¿mascazeta?”, -me recuerda el nombre a los carbonatados petazetas-).

Los efectos de éste son mucho más radicales. Lo que en nuestra realidad pueden ser dos minutos, la sensación de estar allá donde te lleve el Chez-Z puede ser de horas, días, semanas... atrapado en un mundo que no suele ser muy agradable, pues termina por aparecer la desagradable figura del mismo Eldritch.

 


 

3) Y llegamos a la religión. En “Dune” Herbert se encarga de racionalizar como ya expuse en la anterior entrada de este blog todo concepto religioso que aparece en la novela. Aquella ingeniería. En el mundo de Barney Mayerson, el tipo normal (aunque pre-cog) que tendrá que vérselas con Eldritch, no es que quede mucha religión. Acaso el Neo Cristianismo, o una vuelta a los esquemas de la vieja religión cristiana. Pero resulta que el Chew-Z también tiene su lado de misticismo. ¿De dónde proviene esa droga? ¿Por qué quien la toma acaba por ver a Eldritch? ¿Cómo es que Eldritch se puede meter en la experiencia de todo aquel que ha probado el Chew-Z? ¿Incluye esta droga una sustancia por la que se acerca al Sistema Solar una nueva deidad? ¿O es una manifestación más de Dios?

 

Curiosamente, por muy poco probable que suene esto, realmente cuando se está dentro de la novela, Dick consigue, ¡¡no sé cómo!!, que el lector experimente una especie de visión mística, que por momentos crea que Dios existe y se manifieste a través del Chew-Z. Creo comprenderlo todo.

 Al menos, me tomo en serio lo que escribió Dick, aunque ya tengo mis años. Para un lector adolescente, toda la novela puede sonar a trama genial que lleva al extremo los giros de guión, y se puede divertir. Como siempre, hay humor en Dick, pero no creo que sea un libro para tomárselo a broma. Hay un intento de explicación. Muy, muy nebulosa. Supongo que de alguna manera ya me estoy acercando al 2-3-74.

 

 
 



Y para terminar, ¿qué tal un libro para los místicos que alude a la física cuántica? Lo digo porque Dick incluye en la novela un chiste sobre un gato y una chuleta, y la chuleta desaparece, y lo lógico es pensar que se la ha comido el gato, que pesa lo mismo que la chuleta, una vez ha desaparecido esta... ¿Y dónde está el gato?, pregunta alguien.

 

Hmm... recomiendo la lectura de “Dios y la Ciencia. Hacia el metarrealismo, de Jean Guitton”. Libro teórico donde también se describen experimentos como el del gato, solo que se supone que hay que observar, y cómo el observador condiciona lo que va a suceder, etc, etc... y a mí todo esto se me mezcla un poco en la cabeza, porque es muy complicado atrapar un concepto sin que se nos escape inmediatamente...


Y... la próxima... va a ser un cambio radical... me alejo de los planeadores años 60 durante una temporada...